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Jul
04

"América: una ontologia del mestizaje"

Autor // Administrator

América: Una ontología del Mestizaje
Licenciado en Ciencias Antropológicas
Daniel Armando López
Fundación Saltamérica
Salta-Argentina
Abstract
América: Una ontología del Mestizaje
Los americanos somos hijos de un intenso cruzamiento biológico, cultural y social con una particular relación con el medio ambiente.
Estamos hablando de un fenomenal mestizaje que caracterizó singularmente lo americano desde los orígenes de la conquista y colonización ibérica, lo que define y fortalece una “ontología” propia: “Lo mestizo”.
Es necesario pensar a América desde este lugar, donde su sentido reconozca este “nosotros americano”,  ya que no somos ni una centralidad europea ni una otredad “americana”.
Debemos tener en cuenta esta “vivencia situada mestiza”, de lo contrario nuestros análisis van dando resultados escasos y reducidos cuando hablamos de la America actual, por ejemplo.
A este fenómeno debemos escucharlo, ya que nos habla con sus propias palabras.
De esta manera  abriremos una nueva hermenéutica sustancial para el estudio de lo americano.
Ponencia
América: Una ontología del Mestizaje
« Nosotros ni aun conservamos los vestigios de lo que fue en otro tiempo; no somos europeos, no somos indios, sino una especie media entre los aborígenes y los españoles. Americanos por nacimiento y europeos por derechos, nos hallamos en el conflicto de disputar a los naturales los títulos de posesión y de mantenernos en el país que nos vio nacer, contra la oposición de los invasores; así nuestro caso es el más extraordinario y complicado.»
BOLÍVAR Simón, 1819, Discurso de la Angostura
Los americanos somos hijos de un mestizaje, ya sea biológico, ya sea socio-cultural,  ya sea por una relación singular por lo condicionante que fue y es  el medio ambiente.  Queremos dejar aclarado que decimos “mestizaje” en el más amplio sentido de la palabra: horizontal y verticalmente, atravesando todo el universo de la americanidad.
Estamos hablando de un mestizaje integral, marcado ostensiblemente por el mestizaje biológico pero que penetra radicalmente lo socio-cultural en el sentido más amplio, más allá de las consecuencias de la ineludible globalización contemporánea, este fenómeno se da desde los orígenes colonizadores en la América Latina y en la América Anglosajona hasta nuestros días, lo que redefine, amplía y fortalece una entidad cultural singular para América: “lo mestizo”. Y aquí se hace necesario precisar “lo mestizo” y esto lo vamos hacer desde la definición de mestizaje:
«Mestizaje es el encuentro biológico y cultural de etnias diferentes, en el que éstas se mezclan, dando origen a nuevas razas. Se utiliza con frecuencia este término para describir el proceso histórico sucedido en Iberoamérica que la llevó a su estado racial y cultural actual. En la historia de las naciones modernas, el mestizaje fue atravesado por numerosos factores, como el clima, las particularidades culturales de cada comunidad, u otros aspectos que provocaron que en diferentes regiones dentro de un mismo país, el mestizaje haya sucedido en diferentes ritmos y grados de profundidad. El ejemplo Latinoamericano es notable, puesto que ejemplifica una mezcla étnica expandida por gran parte del territorio . (1)»
Enfatizamos la idea de  una mestización integral, porque llega a todos los lugares de la existencia identitaria americana: en lo cultural, en lo social, en lo económico, en lo político, en lo estético, en lo científico y en lo  filosófico, lo que implica  que  debe ser la fuente desde donde partamos para nuestras analíticas propositivas.
Ahí comienza un camino esencial para pensar a América desde otro lugar, y este lugar es desde “lo mestizo”, más aun cuando necesitamos prever, diagnosticar y proponer con cierto margen de acierto y pensando el futuro,  reconociendo “un nosotros”, una categoría que contextualiza esta “ontología del mestizaje”, ya que este fenómeno de fusión es colectivo y generalizado en el continente y de esta manera no somos ni una centralidad europea ni una “otredad americana”, más allá del tratamiento de algunos especialistas que en el intento de singularizar lo americano  caen en un indigenismo peligroso, que nos deja sin categorías analíticas muchas veces; aislando la universalidad que  tiene América con esta participación desde “lo mestizo”.
Debemos explicar lo que genera y generó este amalgamiento -de una fenomenal envergadura en nuestro continente-, entre culturas, sentidos, confluencias, fusiones y mezclas que serán saludables asumir  por los interrogantes a develar y a resolver a partir de este metafenómeno.
Este “locus”, este “pensamiento situado mestizo”, donde nos hallamos y construimos, es necesario hacerlo consciente para proponer otras variables a nuestras propuestas analíticas ya que generalmente están dando  resultados escasos y empobrecidos, sobre todo de los que hacen en la academia, cayendo más en expresiones de deseo que en diagnósticos factibles y consolidados, resultantes de una actitud parcializada, propia de un contexto ideológico cultural de origen europeo que potencia más la necesidad de “un deber ser” que de una realidad dada, ya que  no integran la otra parte: ese propio pensar y actuar que podemos señalar como “ lo americano”; tal vez por el déficit hermenéutico o epistemológico  se explique esta complejidad o esta alteridad.
Al fenómeno social latinoamericano debemos escucharlo para que nos hable con sus propias palabras, someternos a sus discursos, elaborar y reflexionar sus causas y sus consecuencias.
Si leemos históricamente a América Latina, vamos a encontrarnos con procesos y episodios que muchas veces no encuentran una lógica epistemológica social clásica para describirlo, y menos aun para compararlos.
Hablamos al comienzo de categorías de mestización integral, que surgen de claves históricas, las cuales contienen  el siguiente contexto socio-histórico que generó este mestizaje:
–Despoblamiento  intenso de los pueblos originarios o indígenas en forma vertiginosa a partir del Siglo XV
–Redefinición de la relación con el medio ambiente por parte de los conquistadores y colonizadores, dadas las características de América en vinculación a los procesos económicos  de explotación y producción.
–Incorporación de masas migratorias aluvionales, masivas, forzosas y voluntarias, en forma frecuente y permanente.
Es indudable que desde el punto de vista ideológico, el conquistador y el colono europeo sustentaban lo siguiente: «… la visión del sistema mundo intentaba demostrar que, desde fines del siglo XV, Europa, por el descubrimiento de América, comenzó a desplegar dicho sistema mundo como imperio mundo (2)». Por lo cual este proceso de fusión fue negado y fue el punto de partida para el nacimiento, fortalecimiento y construcción de la centralidad moderna europea,  anclada en una relación dialéctica de dominación-explotación con nuestra América, desconociéndola como sociedad emergente con valor propio, estandarizando una respuesta ideológica excluyente, negadora y euro-céntrica donde el mestizaje que se producía no fue considerado ni práctica ni teóricamente, sin embargo permanentemente los testimonios se expresaban sobre este fenómeno de mezcla y fusión.
Este fenómeno colonizador que duró más de  tres siglos y que es absolutamente singular en lo que hace al proceso de mestización, y que no encuentra parangón en ningún proceso similar colonizador de otro lugar del mundo -léase África, Asia u Oceanía-, porque las condiciones, los intereses y las expectativas de los colonizadores en América fueron distintas, con otras intenciones y con otros objetivos coloniales, y que en nuestro caso generó este fenomenal proceso de mestizaje.
Luego, en los procesos independentistas del siglo XIX, la ideología liberal y romántica de la época europea constituyó síntesis mestizas en lo ideológico-político muy particulares en la concepción de nuestras idiosincrasias criollas protagonistas, como por ejemplo en Bolívar o en San Martín que concebían una monarquía para conducir los destinos políticos de América Latina reconociendo las “monarquías indígenas” al momento del descubrimiento de América, y como consecuencia las formas de organización política de los pueblos originarios, con la intención de potenciar el proceso independentista generando un equilibrio indígena-criollo y proyectar con más éxito los objetivos de emancipación e independencia, una novedad de la época y una emergencia procedimental socio-política singular en relación al proceso emancipador que nacía, donde se sintetizaba la recuperación de lo originario con las ideas europeas que generaban las propuestas y proyectos libertarios en nuestros hombres de las independencias americanas. Un testimonio de esta singularidad mestiza en la concepción -en este caso-, de la política en América desde esos tiempos, dada por las situaciones particulares que se daban y que no ocurrían en otra parte del mundo.
Debemos señalar vehementemente el aluvión migratorio forzoso que significó la llegada de esclavos de origen africano, de raza negra, a América, que se calculan en un número por lo menos de 15.000.000 almas, por razones de necesidad de mano de obra para explotar los recursos que daba este continente y que indudablemente participó intensamente de este mestizaje.
Luego, desde el siglo XIX, podríamos señalar la llegada masiva en algunas regiones de inmigrantes italianos,  españoles, germanos, anglosajones o asiáticos, que se fueron integrando, que redefinieron lo social, lo económico y por consecuencia “lo político” -en su relaciones dinámicas  de poder-,  en estos dos últimos siglos debido a su aluvional presencia sobre todo en Argentina, Uruguay, Sureste del Brasil, Chile, y Costa Rica, con su particular proceso de poblamiento dentro de Centro América.
Si hablamos de América del Norte (EE.UU. y Canadá) el mestizaje tiene que ver con las migraciones inglesas, irlandesas y francesas de la época de la colonización, o de la presencia muy intensa de esclavos africanos en algunas regiones de este subcontinente, o en los dos últimos siglos, los españoles, italianos y de otras nacionalidades que llegaron también  a ese continente en forma aluvional. Es de destacar que en la época de la colonización, los pueblos originarios quedaron prácticamente reducido a mínimas expresiones en relación a lo que eran cuantitativamente y luego arrinconados en lo que se conoce como “reservas” y casi sin participación en el conformación de lo nacional en América del Norte, por lo tanto lo biológico quedó de lado, dándose por parte de los que llegaban una particular relación con el medio ambiente que determinó un mestizaje que tiene que ver con esta relación y su condicionamiento en la conducta cultural en sentido lato.
Otra de las razones fundantes, fue que en América del Norte, la migración  anglosajona naciente  trajo un espíritu religioso que produjo una relación de distanciamiento con los pueblos originarios, y al mismo tiempo una relación de rechazo con la Europa que se abandonaba. Esto generó un proceso de mestizaje con sus singularidades, pero mestizaje al fin, que aporta a nuestra hipótesis del nacimiento de  una verdadera ontología propia para este continente.
En “nuestra América”, asumiendo a José Martí  y su sentido de pertenencia americana, reconocemos esta singular situación donde cada uno de los americanos se siente dueño y partícipe del destino de este continente, sea cual sea la latitud. Es una categoría del mestizaje el hecho de identificarnos masivamente con la tierra donde uno nace más que por nuestra ascendencia -cabe destacar esta particularidad en la vivencia de los americanos-.
Es ineludible que América es una tierra de un “nosotros mestizo”, donde la mezcla, la hibridación, la amalgama, la fusión, la síntesis, es “lo dado”, lo que emerge, lo que resulta; donde el concepto mestizo se abre en el más amplio sentido de la palabra, constituyéndose en un verdadero “universo significador” que nos abarca y nos reencuentra y que también nos coloca en situación contradictoria en función de preguntarnos ¿qué somos los americanos?, y por ello la vigencia dinámica de este universo fusional, singular, propio, que nos hace percibir las diferencias y que nos sitúa frente al mundo desde un lugar propio.
Los americanos pensamos desde “el encuentro” y ahí percibimos la diferencia: desde el contacto, no desde los preconceptos o esquemas ideológicos previos, esta es una categoría singular, ya que “si no nos encontramos no nos reconocemos”, proceso que hoy se trasunta en una versión potente, donde se reinventa el sentido del encuentro y también se potencia el trabajo en común de los objetivos y  estrategias emancipadoras e igualitarias.
¿Qué significa entonces esta situación , -en sentido amplio-,para un pensador social?, significa la necesidad de indagar, de preguntarle a nuestra realidad acerca de los fenómenos que ocurren, qué tienen de propio, de original; cuánto de historia y memoria en lo que hace a nuestras tradiciones originarias y qué tienen de mezcla o mestizaje con los valores universales producto de esta dinámica  migración-integración y los desplazamientos permanentes que impregnan toda la realidad, y en nuestro caso -como científicos sociales-, señalan el destino ineludible de la ciencia social  Latinoamericana, receptora natural de estos fenómenos.
En principio debemos recoger lo expresado o producido por las culturas locales y sustanciarlas con lo que se manifiesta de la cultura universal; qué ocurrió y ocurre con sus encuentros, lo que se da y lo que dejó y deja todo este proceso de mestizaje  desde la conquista hasta nuestros días en relación a nuestras identidades y a nuestra comprensión del mundo.
Somos y hemos sido una experiencia novedosa en lo que hace a crear estructuras socio-políticas e institucionales, resultado también del más intenso proceso de mestizaje ideológico que conoce la historia de nuestro mundo.
Es evidente que interrogar a América desde este horizonte científico-político tiene su desafío. Por ejemplo, las tradiciones ideológicas-estructurales originarias y las occidentales en el campo de las construcciones políticas, son redefinidas  en casi todos los países de América, sobre todo a partir de los Siglos XIX y XX.
En  Argentina, Brasil,  Chile,  Uruguay,  Paraguay,  Costa Rica,  Cuba,  el Caribe insular,  Venezuela, entre otros países, la  génesis indígena no tiene gravitación en la construcción de lo nacional, sobre todo cuando nos referimos a instituciones socio-políticas, porque sus pueblos originarios desaparecieron rápidamente en el proceso de la conquista y la colonización, o quedaron en su mínima expresión -más allá de que sea necesario visibilizarlo actualmente, lo que está aun vivo y pervive de esas etnias o culturas- y por consecuencia perdieron su peso especifico en la conformación socio-política de estas naciones. No vamos a entrar en el porqué, ya que hay mucha historiografía que lo explica, aunque la ecuación histórica fue muy simple: epidemias más explotación; sin embargo debemos recuperar sus sistemas de ideas, porque muchos son patrimonio de nuestra “cultura mestiza”.
En otros países hermanos el sustento indígena cuantitativa y cualitativamente se mantuvo y hoy sobresale con una fuerza inusitada, como por ejemplo Bolivia, Ecuador, Perú, México y Guatemala.
Sin embargo es notable la sustancia común que nos convoca a la unidad y la alianza, sustancia que debemos rastrear en esta idea de “reconocernos” por historias comunes, producto de historias comunes en la ecuación dominador-dominado o viceversa, que nos unen por esa misma vivencia del mestizaje; notoria singularidad en América.
Acordamos con Darcy Ribeiro que ya en la década de 1960 señalaba que en América Latina existía una necesaria clasificación operativa en lo que hacía al origen de las sociedades nacionales, y entonces nos hablaba de los “pueblos testimonios”, “los pueblos trasplantados” y “los pueblos nuevos”, producto de sus génesis como sociedades nacionales con vertientes comunes en la intención económica productiva del colonizador que confluyen en la conformación de la América actual (3).
Más allá de discutir matices de esta teoría, Ribeiro, inaugura categorías de análisis y contextos históricos-sociales de donde deducimos que la realidad Latinoamericana significó diferencias con otros procesos similares, si lo vemos desde nuestra perspectiva y no desde la de una ideología que estandariza, y lo percibimos también desde ese intenso mestizaje, que implicó e implica pluralidad, hibridación, mezcla y fusión en el espectro de lo testimonial, lo trasplantado, de lo nuevo en nuestro continente.
Es uno de los intentos teóricos pioneros para explicar el desarrollo socio-cultural en el amplio sentido de la palabra “América”: múltiples significantes emergen, se proyectan y sintetizan en distintos significados; debemos recuperar su lectura y profundizar su propuesta.
Por ejemplo podríamos entonces intentar un cruzamiento a fin de realizar el ejercicio que nos ocupa, entre lo originario, lo trasplantado y lo nuevo -en la caracterización que realiza Ribeiro sobre los orígenes de las naciones americanas-, y por otro lado, entre las categorías políticas de neoliberalismo, izquierda y populismo en referencia a la realidad americana actual, pero no es este el objetivo de estas reflexiones. En otro trabajo lo intentaremos.
De cualquier modo podemos señalar que estas seis categorías abundan en los diseños analíticos por parte de los cientistas políticos con múltiples ejemplos en toda América, tomando en muchos casos las categorías y vinculándolas parcialmente; en otros casos tratando de integrarlas en forma total. Esto tiene que ver con la ansiedad teórico-fusional -si se nos permite la idea-, que responde a esta conciencia mestiza desde donde pensamos y que también  nos obliga  el acontecer cotidiano en nuestro continente.
Nuestras hipótesis confrontan con la del relativismo cultural, ya que el relativismo cultural se torna inasible para una epistemología americana, es un condicionamiento axiológico-político fuera de contexto, el desafío epistemológico: es buscar un camino común para comprender el proceso Latinoamericano en general, a través de los procesos históricos políticos de los países de América, que debe ser pensado desde una análisis,  en este caso “mestizo”, que universaliza este desafío, sintetizando lo universal con lo local ya que el fenómeno fusional señalado abarca todo el continente.
La fusión de diferentes ámbitos científicos en los análisis sobre “lo americano”, es producto de un déficit en el método o la epistemología occidental para entender nuestros fenómenos socioculturales. Esta fusión va hacia un develamiento de la ontología política Latinoamericana que tiene mucho que ver con la ontología del significado “mestizo”, esa síntesis que se generó y se genera en forma permanente; por ejemplo: no importa de dónde provengan o cómo se expresan, nuestra calidad de mestizos lo hace posible, somos necesariamente sintetizadores, es otra de nuestras cualidades.
Esta perspectiva le da originalidad a la teoría cultural Latinoamericana como aporte a las ciencias sociales en general y demuestra la singularidad de América para lograr el considerado y creativo trato epistemológico que debemos visibilizar para  acercar diagnósticos veraces que colaboren con estos nuevos aportes al análisis integral de nuestra realidad continental.
Es absolutamente indispensable que los teóricos sociales en un continente como el nuestro -donde los modelos analíticos adoptados son de diferente origen pero casi siempre de inspiración europea-incorporen los novedosos argumentos que emergen de la realidad y que deberían reconocerse,  atados a una gnoseología que es necesario también proponer y diseñar. Un ejemplo de algunos de estos aportes  teóricos son los de Sousa do Santos y que en su artículo Reinventando la Emancipación Social son absolutamente esclarecedores cuando señala: «…voy a referirme al estado y la democracia: primer punto, vivimos un período de actos fundacionales. Es decir, pienso que sobre muchos procesos que estamos viviendo en el continente existe la sensación de que son actos fundacionales, una nueva democracia, un nuevo estado. Todo acto fundacional tiene las siguientes características: es originario, es incompleto y es confuso. Es confuso porque es semiciego para los que lo conducen y es confuso para los que se oponen a él. Esta combinación de semiceguera y semiinvisiblidad crea confusiones propias de los procesos de transición. Claro que un proceso de este tipo exige una atención analítica, pero aquí está la dificultad: cuanto mas necesaria es la reflexión analítica, más difícil es hacerla, y eso es también típico de los procesos transicionales y fundacionales (4) ».
Hay dos conceptos que se pueden asociar a la idea de lo mestizo y su percepción como sustancia reflexiva: Confusión y transición.
Advertimos que también en América -por sus orígenes, por sus circunstancias, por dónde y cómo vivimos- la mestización de lo político es tan novedosa que  muchas veces escapa a las categorías definitivas y determinantes de una Europa académica tradicional  y decadente, u otra Europa o EE.UU. actual, donde las categorías epistemológicas no alcanzan a contener o proponer diseños o por lo menos aproximaciones que den respuestas efectivas o eficaces. Podríamos indicar que la idea de “mestizo” no se asume en estos contextos por el apartamiento a esta idea por parte de una conciencia exterior que pertenece a quien propone el análisis social, muchas veces y otras a pensadores que transpolan modelos extramericanos ajenos y absolutamente disociados con el colectivo americano.
Merecen también la consideración crítica las categorías indigenistas, etnicistas u originarias, que tienen como resultado un análisis con propuestas -por ejemplo en lo político- estériles y sin proyección o factibilidad en la mayoría de los casos. Esto es producto de que nuestro origen mestizo e híbrido no es asumido o puesto en conciencia. Es un purismo muchas veces inconducente ya que la mayoría de los pueblos originarios o indígenas exigen otras respuestas que tienen que ver con más integración y participación.
Estamos indicando entonces que es imposible un abordaje epistemológico  desde categorías que nos son ajenas o insuficientes, porque no resuelven “el dato” que es “el hecho americano”. Este es el respeto por el fenómeno que señalamos permanentemente  incluyendo a toda la América en el más amplio sentido de la palabra.  Porque se aborda desde afuera o desde lo originario testimonial y no desde nuestra pertenencia mestiza, que es lo realmente originario en América actual, como lo entendemos aquí, desde el siglo XV y sus múltiples procesos posteriores hasta nuestra contemporaneidad.
En “nuestra Ciencia Social” debemos integrar este contexto fusional. Una de las metodologías a aplicar, por ejemplo,  es la de la inducción crítica para crear otras variables (estamos manejado una herramienta de las ciencias físico- matemáticas, pero que de algún modo es imprescindible utilizar, ya que algunas herramientas de la ciencia moderna explicitan y cierran mejor nuestras conclusiones) sin caer en  modelos físicos matemáticos cuantitativos, como bien lo indica  Giovanni Sartori, en relación a las ciencias sociales y su concepción cuantitativa: «… mis estantes están inundados de libros cuyos títulos son “metodología de las ciencias Sociales”, pero esas obras simplemente tratan sobre técnicas de investigación y procesamientos estadísticos. No tienen casi nada que ver con el “método de Logos”, con el método del pensamiento. Por lo que tenemos una ciencia deprimente que carece de método lógico y, de hecho, ignora la lógica pura y simple…. Sostengo que nuestra disciplina ha buscado su identidad en ser:
i) antiinstitucional y, en el mismo sentido, conductista
ii) progresivamente tan cuantitativa y estadística como fuera posible; y
iii) dada a privilegiar la vía de la investigación teórica a expensas del nexo entre la teoría y la práctica (5)».
Se tiene tendencia a la medición y luego al uso interesado y parcial, más allá de los objetivos de una ciencia pura que aquí adherimos operativamente y debe ser la utopía permanente, acercándonos a la potente propuesta de Husserl de ir hacia una ciencia sin compromisos, que se  inspira  en la necesidad de un conocimiento por el conocimiento mismo.
La realidad fenoménica, que es necesario comprender y que, señala Husserl, debemos aprehender como punto de partida para lograr el conocimiento, recomendado para quienes gustan abordar la investigación desde categorías ajenas a nuestra propuesta, ya que este filosofo propuso desde la centralidad, es decir desde Europa, una teoría cognoscitiva que escape a una parcialidad o condicionamiento ideológico o al interés parcializado, como por ejemplo, ese positivismo determinista , clasificador y evolucionista  que  existía en épocas de este pensador dentro de la ciencia europea.
Este método denominado fenomenología, sostiene la necesidad de apelar y dejar hablar al fenómeno, a “lo dado”. Nada más adecuado para abordar la singularidad americana y su “ontología mestiza”.
Los datos estadísticos, siempre son penumbrosos por sus grises y oscuridades,  como por ejemplo: los datos que se obtienen del “ingreso per cápita” por país, sin determinar si estos ingresos están distribuidos equitativamente o en manos de unos pocos (lo que generalmente así sucede), como ocurre con la información mediática interesada que estamos viviendo, negando el valor social de la interpretación, muy caro al sentir americano colectivo y que se sintetiza en la equidad y la justicia social para todos.
Esta es una urgencia y un paradigma que estamos persuadidos no debemos abandonar ni ignorar. Las variables analíticas deben atenderse, y aquí no hablamos de modelo a los efectos de no generar una inducción forzada, a los efectos de justificarlo, como ha ocurrido con el modelo neoliberal que como bien lo destaca Pierre Bourdieu: «Esta teoría es pura ficción matemática. Se fundó desde el comienzo sobre una abstracción formidable. Pues, en nombre de la concepción estrecha y estricta de la racionalidad como racionalidad individual, enmarca las condiciones económicas y sociales de las orientaciones racionales y la estructuras económicas y sociales que condicionan su aplicación… las más de las veces abstracta, libresca y teórica, están particularmente inclinados a confundir las cosas de la lógica con la lógica de las cosas (6)».
Muchos  fenómenos que se expresan y se hacen visibles, incluso recurrentemente, se los ignora o peor aún, se los desecha, o se los aborda con  categorías a priori. Esta es una herencia del deber ser, “del encontrar lo que se busca”, fijada en la médula del euro-centrismo, del pensamiento occidental, donde encontramos una racionalidad asfixiante que debemos advertir permanentemente y que en América no es conducente a un tratamiento analítico eficaz dado que activa equívocamente el a priori o “el deber ser”, cerrando los ojos a “lo que ocurre”.
Ante esto, deberíamos analizar si la tarea propuesta es probable o imposible. La tarea de realizar un “diseño científico” que nos señale los caminos por donde se desempeña y expresa lo americano.
Creemos que desde los diferentes países y los diferentes cruzamientos de estas dimensiones existen planteos novedosos acerca de la conformación o la formación del campo analítico en América; por ejemplo desde Laclau, Boaventura de Sousa Santos, Aníbal Quijano, Grosfoguel, Wallerstein, Mignolo,  Rawls en EE.UU. y otros tantos; siempre hablando desde América, ya sea desde el propio continente o desde los países que tienen que ver con nuestra historia estrechamente, como por ejemplo Portugal, España o Italia para América Latina, para señalar los países que participaron más intensamente desde el punto de vista ideológico y migratorio en los procesos de construcción de lo americano; como así también  pensadores de otras latitudes que vienen reconociendo procesos similares al nuestro que tienen que ver con el colonialismo, el racismo, la exclusión, la pobreza, etc.
El paradigma era generar metarrelatos y omnicomprensiones que explicaran todo, que encasillaran todo. Pero sabemos que no tuvieron los resultados esperados desde la perspectiva liberal-capitalista, pasando por el positivismo y llegando al marxismo clásico con sus mesiánicas y sus prejuiciosas ideas de progreso y evolución, sobre todo para los pueblos que quedaron afuera del desarrollo capitalista o en “la periferia”, como por ejemplo los países de América Latina que jugaron otro rol dialéctico donde el papel asignado era el espacio del dominado.
También encontramos un gran esfuerzo en los cientistas políticos europeos de la modernidad, más allá de que prácticamente no consideraban a América como proceso histórico emergente singular y propio; sin embargo son fuente para aprehender, comprender y  teorizar:  Rousseau y Locke o Hobbes y Voltaire, o Kant y Hume, también otros como Marx y Engels y sus seguidores más actuales y vigentes como los marxistas de la Escuela de Fráncfort y la presencia actual de Jürguen Habermas como pensador sustancial de la filosofía política, los posestructuralistas o Antonio Gramsci como faros conceptuales con aportes concretos pero insuficientes -desde nuestra perspectiva-, para entender y explicar la realidad americana y sus ricos fenómenos políticos que han ocurrido y que ocurren a diario en nuestras tierras, y proponen una comprensión y explicación desde otros tipos de racionalidades o lógicas, algunas racionalistas clásicas con sus omnicompresiones o metarrelatos y algunas otras  racionalistas críticas o racionalistas posmodernas, pero sin tener presente la necesidad o la conciencia de apelar a la mentada mestización, que  debe reconocerse y que proviene de nuestra historia, somos “un nosotros” europeo- americano básicamente; ni de un lado ni del otro.
Podemos también horadar la historia de la reflexión Latinoamericana relativamente contemporánea, y podemos incursionar por otras propuestas que plantean categorías -algunas novedosas-, pero de raigambre criolla, como por ejemplo Mariátegui, Hernández Arregui,  Jauretche, Tehotonio Dos Santos o Fals Borda, Martí, Haya de la Torre, Vasconcelos, y muchos más en una larga y extensa lista de pensadores que produjeron y producen perspectivas analíticas en nuestro continente, que implican una celebración en relación a la novedad que significa América a través de todos los significantes teóricos que generó y genera permanentemente, producto, en gran medida, de esta realidad mestiza que siempre se ha presentado.
Por último no podemos dejar de mencionar en estos últimos tiempos la “contrapartida” del posmodernismo  -con sus rescates de las singularidades de lo histórico- donde tampoco estos “mini relatos” consiguen los resultados esperados para Latinoamérica. Se confunden peligrosamente la pluriculturalidad con el relativismo cultural, siendo de esta manera -en muchas reflexiones-, funcional a una idea de individualismo cultural, desconociendo en nuestro caso, la ontología de lo mestizo que potencia la idea de unidad y síntesis, ya que es un camino claro para concebirnos con una identidad propia por lo colectivo vivencial que significó y significa el mestizaje en toda América. Este desconocimiento trae como consecuencia lo que denominamos el peligro de generar una teoría sobre la realidad Latinoamericana de tipo insular y atomizada, que en nada sirve a lo que se está llevando adelante pragmáticamente, y que señala otra voluntad histórica, la necesidad de dignificarnos social, económica y culturalmente para convivir con la globalización y eliminar el sedimento colonial que se expresa en América  en esa ideología del poder denominada colonialidad, como señala Aníbal Quijano: «…mantener, acentuar y exasperar entre los explotados/dominados la percepción de las diferentes situaciones en relación al trabajo, a la “raza” y al “género”, ha sido y es el medio extremadamente eficaz de los capitalistas para mantener el control del poder. La colonialidad del poder ha tenido en esta historia el papel central (7)».
A propósito, podríamos indicar que desde esta óptica del poder el mestizaje es considerado un tema intrascendente, negando su esencialidad, su realidad y las posibilidades de este fenómeno, ya que el objetivo devastador es continuar dividiéndonos y dispersándonos para someternos y subordinarnos, o peor aún, diluirnos y disgregarnos, porque sustenta una ontología racista y discriminatoria en contradicción con la ontología del mestizaje que contiene la esperanza de una historia común.
En términos de racionalidad americana-mestiza, a la razón práctica la definimos en este caso como la lógica de lo cotidiano. No podemos pensar en el diagnóstico y menos en la acción, si no nos ponemos a indagar la razón práctica, este devenir de la cotidianeidad y la existencia inmersa en ella, con los discursos y relatos que genera y donde la mezcla, el cruzamiento, es un punto de partida  para una racionalidad teórica no tradicional.
Esta es la clave de nuestro análisis o de nuestras preguntas acerca de cómo es la realidad socio-cultural en nuestro continente. Pensarla también desde “lo público” y no solo lo producido  por lo institucional, muchas veces a contramano del sentir y el sentimiento de la construcción de lo colectivo, porque están pautados desde otro poder que no es el de la sociedad en su conjunto sino de una elite que representa  el privilegio y la exclusión.
Desde siempre la razón práctica debería haberse tenido como paradigma de análisis de la realidad integralmente. América ha dado muestras históricas permanentes de participar en las decisiones más allá  de sus diversas suertes, donde el compromiso y la participación de los diferentes sectores populares se hacen evidentes. Desde ahí deben nacer las preguntas y las reflexiones que queremos lograr analíticamente, como lo señala Kant, por ejemplo, al entender que existe una realidad concreta y cotidiana que es necesario racionalizar. En nuestro análisis es necesario encontrar esas lógicas de conducta y comportamiento socio-cultural en nuestra cotidianeidad.
La mayoría de las veces nos acercamos a esa realidad práctica con metarrelatos y omnicomprensiones que contienen categorías absolutamente extrañas a nuestro pensar y hacer;  sobre todo porque excluye el protagonismo de los pueblos en el desarrollo político por ejemplo, y lo que nuestros pueblos van significando, ignorando sus hechos, vivencias, representaciones, necesidades, expectativas y esperanzas.
Una mención a la realidad política
De esta manera vamos a referirnos a nuestro actual tiempo americano, y estos emergentes de gobiernos que llamamos progresistas, para quedar menos ajustados a la concepción de “giro a la izquierda”, y no correr el riesgo de caer en una conceptualización encorsetada, rígida, reduccionista, que deja diferentes variables importantes afuera, como es el caso del peronismo en Argentina, o el lulismo en Brasil, fenómenos de mestizaje político de relevancia, dado que no existe un marco adecuado teórico para definirlos desde las categorías epistemológicas tradicionales o clásicas euro- céntricas.
La idea de “gobiernos progresistas” camina mejor, es más adecuado, generando un sistema de valores que prioriza la justicia social, la independencia económica, y la soberanía política en América Latina, como bien indica García Linera: «…Cualquier alternativa post-capitalista es imposible a nivel local, es imposible a nivel estatal, una alternativa socialista o pongamos el nombre que queramos, post capitalista que supere las contradicciones de la sociedad moderna, de la injusta distribución de la riqueza, de la destrucción de la naturaleza, de la destrucción del ser humano, tiene que ser una obra común, universal, continental y planetaria (8)».
Son formas ad-hoc, propias de esta lógica americana,  que se construyen para dar proyección a estas reivindicaciones estratégicas, de acuerdo a cada realidad nacional sin perder de vista la necesaria complementariedad continental y la incuestionable presencia de “la omnipresencia” de la globalización.
Guillermo Hoyos nos señala: «… lo grave es que los países de América Latina ya parecen estar metidos en los dilemas de modelos incompatibles: aliarse con los partidarios de la política del más fuerte, es decir de la amigo/enemigo, o dejarse seducir por concepciones moralistas y populistas a ultranza. La ventaja de la propuesta kantiana es la fortaleza del derecho como marco de tolerancia y dispositivo procedimental que permite desarrollar en toda su riqueza intercultural la cooperación entre los pueblos, antes de que primen la desconfianza y el temor. Precisamente en esta línea deberíamos en Latinoamérica animar la participación ciudadana y el compromiso de los medios de comunicación de suerte que se fuera creando una opinión pública que exigiera a la clase política ponderar el tema de la Unión Latinoamericana a la vez que miran los problemas internos de sus respectivas naciones… (9)».
Y esto nos lo da la razón práctica que, en términos kantianos, podemos entender: «… La política no es solo asunto de razones sino también de voluntades, así que Kant propone conformarse con el “mal menor”, es decir, con lo posible, lo propio de la política, en este caso con el sustituto, una federación de estados… (10)».
Y así emerge el tiempo Latinoamericano actual o contemporáneo, el de la cotidianeidad, del cada día de nuestro andar, como así también de sus instituciones y de la relación con el espacio público, lleno de significantes generados por los diferentes sectores sociales en sus reclamos y sus reivindicaciones, llenando significados, proponiendo otros modelos y otras posibilidades.
Un ejemplo  de los que estamos señalando, es el hecho que el desafío hoy es construir una política social colectiva, donde se sintetiza una base mestiza que une, mezcla y liga dentro de un contexto de democracia liberal, electoralista y parlamentaria. Donde el sistema representativo o la representación política muestra serios déficits en lo que hace a su eficacia, lo cual debemos desentrañar y aquí podemos pensar en Habermas y su propuesta política de la necesaria motivación, participación y deliberación del todo social para lograr verdaderas expresiones de democracia y respuestas políticas acordes en el único lugar posible: “El espacio público”.
Es indudable que estamos en una situación donde debemos exigir a nuestro pensamiento crítico, y cuando lo decimos, señalamos la necesidad de un “pensamiento crítico Latinoamericano”. Un pensamiento propio, con una fuerte impronta de nuestra “ontología mestiza” que oriente, señale y perciba caminos, como ya se lo está haciendo desde diferentes ámbitos sociales y políticos, y también- enfáticamente lo señalamos-, académicos y científicos.
Hoy, ayer y antes de ayer, no hay nuevos puntos de partida, América es una continuidad que se retroalimenta a partir de sus hechos, episodios y acontecimientos novedosos.
América  hoy es redefinida como un continente que necesita establecer cuál es el eje histórico en donde se encuentra, con sus particularidades. Por ello lo de “ontología mestiza”, como una categoría que le es auténticamente propia,  teniendo muy en cuenta que es un articulador clave para lograr la unidad, integración y la participación, valores políticos que hoy son la necesidad reclamada, exigida y donde podemos encontrar también una universalidad en la relación América-Europa y reconocer una síntesis mestiza cualitativamente hablando.
De esta manera también podremos observar y emitir luego juicios científicos que respeten el sentir y el sentimiento de la sociedad Latinoamericana, desde donde ocupemos nuestro “locus”.
Cuando hablamos de neoliberalismo, o giro a la izquierda, o populismo en América, nos encontramos con los múltiples abordajes que realizan los especialistas, y que están disparados por una intuición preconceptual heredada de algún modo de la pista fenomenológica, que despierta un sentimiento contrario a los modelos preestablecidos, sobre todo de aquellos pensadores  nativos de nuestro continente. Debemos  anclarnos en “lo propio” que comienza por “lo dado”, para luego buscar las adecuaciones teóricas, utilizando muchas herramientas de la ciencia occidental, dada la naturaleza de la síntesis que significa América y en donde predomina un auténtico sentido de fusión, de mezcla, de hibridación propia de esta ontología. Este ser mestizo que nos da nuestra singularidad en el mundo.
Esto muestra la inquietud y la urgencia de las definiciones que nos invitan a hacer la realidad americana y más aún hoy, donde existen luces de esperanzas y reivindicaciones concretas que estaban postergadas desde hace décadas o centurias.
Buscamos realizaciones concretas y propuestas de profundización de estos procesos colectivos emancipatorios; hay naciones hermanas que están a la vanguardia de lograr estos resultados para nuestros pueblos. Debemos seguirlos atentamente, nos están orientando en muchas cosas.
Aquí está el desafío, pero también el compromiso de pensar desde otro lugar: desde el nuestro, desde el lugar como americanos, desde “un nosotros” donde la síntesis cultural, social y política se manifiesta, se expresa, y ¿porqué no? se explica a sí misma. Pensar desde nuestro lugar de científicos sociales en la búsqueda de caminos para participar y colaborar en la transformación y profundización del cambio hacia un continente más justo y equitativo que nos reclamamos como americanos.
Notas
(1) Obtenido de Wikipedia http://es.wikipedia.org/wiki/Mestizaje
(2) DUSSEL Enrique, 2004, Sistema mundo y transmodernidad, Filosofía de la Liberación En: Saurabh Dube, Ishita Banerjee y Walter Mignolo (eds.). Modernidades Coloniales. México. Colegio de México. Pp. 210-226
(3) RIBEIRO Darcy, 1969, Las Américas y La civilización, Tomo 1, La civilización Occidental y nosotros, Cuadernos Latinoamericanos, Cap. 2, Tipología étnica nacional, y Cap. 3, Fusión y expansión de las matrices raciales, Centro Editor de América Latina, Buenos Aires, pp. 112- 137.
(4) DE SOUSA SANTOS Boaventura, 2009, Reinventando la emancipación social, Cuadernos de Pensamiento Crítico Latinoamericano, Nº 18 Año 2-CLACSO  (Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales). Pp.45
(5) SARTORI Giovanni, II Semestre de 2004, Hacia dónde va la ciencia política, “Revista Política y Gobierno”, Vol. XI, Núm.2, CIDE, México,  pp. 351.
(6) BOURDIEU Pierre,  Diciembre de 1998, La esencia del neoliberalismo, “Le Monde Diplomatique”, Francia. pp. 1
(7) QUIJANO Aníbal,  Verano/Invierno 2000, Colonialidad del poder y clasificación social, “Journal of World-System Research”, Vol. VI, N° 2, pp. 372
(8) GARCÍA LINERA Álvaro, 9 de Abril de 2010, Conferencia Magistral: “La construcción del Estado”, Facultad de Derecho UBA, Buenos Aires.
(9) HOYOS Guillermo, 2010, La unión Latinoamericana en el marco de la constitucionalización del derecho de gentes, Aula Virtual Nº 1010: "Filosofía Política de la modernidad", CLACSO. (Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales). Clase 9. pp. 8
(10) HOYOS Guillermo, 2010, La unión Latinoamericana en enmarco de la constitucionalización del derecho de gentes, Aula Virtual Nº 1010; Filosofía Política de la modernidad”  CLACSO. (Consejo Latinoamericanos de Ciencias Sociales). Clase 9. pp. 8
Bibliografía
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DE SOUSA SANTOS Boaventura, 2009, Reinventando la emancipación social, Cuadernos de Pensamiento Crítico Latinoamericano, Nº 18, CLACSO. Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales, Buenos Aires
SOUSA SANTOS Boaventura, 2006, Reinventar la Democracia. Reinventar el Estado, Colección Biblioteca de Ciencias Sociales, Clacso Libros, CLACSO, Consejo Latinoamericanos de Ciencias Sociales, Buenos Aires.
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GARCÍA LINERA Álvaro, 9 de Abril de 2010, Conferencia Magistral: “La construcción del Estado”, Facultad de Derecho UBA, Buenos Aires.
HOYOS Guillermo, 2010, La unión Latinoamericana en el marco de la constitucionalización del derecho de gentes, Aula Virtual Nº 1010: "Filosofía Política de la modernidad", CLACSO,  Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales. Buenos Aires.
América: Una ontología del Mestizaje
Daniel Armando López
Licenciado en Ciencias Antropológicas 
Presidente Fundación SaltaméricaSalta-Argentina
Abstract
América: Una ontología del Mestizaje  Los americanos somos hijos de un intenso cruzamiento biológico, cultural y social con una particular relación con el medio ambiente.Estamos hablando de un fenomenal mestizaje que caracterizó singularmente lo americano desde los orígenes de la conquista y colonización ibérica, lo que define y fortalece una “ontología” propia: “Lo mestizo”.Es necesario pensar a América desde este lugar, donde su sentido reconozca este “nosotros americano”,  ya que no somos ni una centralidad europea ni una otredad “americana”.Debemos tener en cuenta esta “vivencia situada mestiza”, de lo contrario nuestros análisis van dando resultados escasos y reducidos cuando hablamos de la America actual, por ejemplo.A este fenómeno debemos escucharlo, ya que nos habla con sus propias palabras.De esta manera  abriremos una nueva hermenéutica sustancial para el estudio de lo americano.
Ponencia
América: Una ontología del Mestizaje
« Nosotros ni aun conservamos los vestigios de lo que fue en otro tiempo; no somos europeos, no somos indios, sino una especie media entre los aborígenes y los españoles. Americanos por nacimiento y europeos por derechos, nos hallamos en el conflicto de disputar a los naturales los títulos de posesión y de mantenernos en el país que nos vio nacer, contra la oposición de los invasores; así nuestro caso es el más extraordinario y complicado.»
BOLÍVAR Simón, 1819, Discurso de la Angostura
Los americanos somos hijos de un mestizaje, ya sea biológico, ya sea socio-cultural,  ya sea por una relación singular por lo condicionante que fue y es  el medio ambiente.  Queremos dejar aclarado que decimos “mestizaje” en el más amplio sentido de la palabra: horizontal y verticalmente, atravesando todo el universo de la americanidad. Estamos hablando de un mestizaje integral, marcado ostensiblemente por el mestizaje biológico pero que penetra radicalmente lo socio-cultural en el sentido más amplio, más allá de las consecuencias de la ineludible globalización contemporánea, este fenómeno se da desde los orígenes colonizadores en la América Latina y en la América Anglosajona hasta nuestros días, lo que redefine, amplía y fortalece una entidad cultural singular para América: “lo mestizo”. Y aquí se hace necesario precisar “lo mestizo” y esto lo vamos hacer desde la definición de mestizaje: «Mestizaje es el encuentro biológico y cultural de etnias diferentes, en el que éstas se mezclan, dando origen a nuevas razas. Se utiliza con frecuencia este término para describir el proceso histórico sucedido en Iberoamérica que la llevó a su estado racial y cultural actual. En la historia de las naciones modernas, el mestizaje fue atravesado por numerosos factores, como el clima, las particularidades culturales de cada comunidad, u otros aspectos que provocaron que en diferentes regiones dentro de un mismo país, el mestizaje haya sucedido en diferentes ritmos y grados de profundidad. El ejemplo Latinoamericano es notable, puesto que ejemplifica una mezcla étnica expandida por gran parte del territorio . (1)»
Enfatizamos la idea de  una mestización integral, porque llega a todos los lugares de la existencia identitaria americana: en lo cultural, en lo social, en lo económico, en lo político, en lo estético, en lo científico y en lo  filosófico, lo que implica  que  debe ser la fuente desde donde partamos para nuestras analíticas propositivas.Ahí comienza un camino esencial para pensar a América desde otro lugar, y este lugar es desde “lo mestizo”, más aun cuando necesitamos prever, diagnosticar y proponer con cierto margen de acierto y pensando el futuro,  reconociendo “un nosotros”, una categoría que contextualiza esta “ontología del mestizaje”, ya que este fenómeno de fusión es colectivo y generalizado en el continente y de esta manera no somos ni una centralidad europea ni una “otredad americana”, más allá del tratamiento de algunos especialistas que en el intento de singularizar lo americano  caen en un indigenismo peligroso, que nos deja sin categorías analíticas muchas veces; aislando la universalidad que  tiene América con esta participación desde “lo mestizo”.Debemos explicar lo que genera y generó este amalgamiento -de una fenomenal envergadura en nuestro continente-, entre culturas, sentidos, confluencias, fusiones y mezclas que serán saludables asumir  por los interrogantes a develar y a resolver a partir de este metafenómeno.Este “locus”, este “pensamiento situado mestizo”, donde nos hallamos y construimos, es necesario hacerlo consciente para proponer otras variables a nuestras propuestas analíticas ya que generalmente están dando  resultados escasos y empobrecidos, sobre todo de los que hacen en la academia, cayendo más en expresiones de deseo que en diagnósticos factibles y consolidados, resultantes de una actitud parcializada, propia de un contexto ideológico cultural de origen europeo que potencia más la necesidad de “un deber ser” que de una realidad dada, ya que  no integran la otra parte: ese propio pensar y actuar que podemos señalar como “ lo americano”; tal vez por el déficit hermenéutico o epistemológico  se explique esta complejidad o esta alteridad.Al fenómeno social latinoamericano debemos escucharlo para que nos hable con sus propias palabras, someternos a sus discursos, elaborar y reflexionar sus causas y sus consecuencias.Si leemos históricamente a América Latina, vamos a encontrarnos con procesos y episodios que muchas veces no encuentran una lógica epistemológica social clásica para describirlo, y menos aun para compararlos. 
Hablamos al comienzo de categorías de mestización integral, que surgen de claves históricas, las cuales contienen  el siguiente contexto socio-histórico que generó este mestizaje: –Despoblamiento  intenso de los pueblos originarios o indígenas en forma vertiginosa a partir del Siglo XV –Redefinición de la relación con el medio ambiente por parte de los conquistadores y colonizadores, dadas las características de América en vinculación a los procesos económicos  de explotación y producción. –Incorporación de masas migratorias aluvionales, masivas, forzosas y voluntarias, en forma frecuente y permanente. 
Es indudable que desde el punto de vista ideológico, el conquistador y el colono europeo sustentaban lo siguiente: «… la visión del sistema mundo intentaba demostrar que, desde fines del siglo XV, Europa, por el descubrimiento de América, comenzó a desplegar dicho sistema mundo como imperio mundo (2)». Por lo cual este proceso de fusión fue negado y fue el punto de partida para el nacimiento, fortalecimiento y construcción de la centralidad moderna europea,  anclada en una relación dialéctica de dominación-explotación con nuestra América, desconociéndola como sociedad emergente con valor propio, estandarizando una respuesta ideológica excluyente, negadora y euro-céntrica donde el mestizaje que se producía no fue considerado ni práctica ni teóricamente, sin embargo permanentemente los testimonios se expresaban sobre este fenómeno de mezcla y fusión.Este fenómeno colonizador que duró más de  tres siglos y que es absolutamente singular en lo que hace al proceso de mestización, y que no encuentra parangón en ningún proceso similar colonizador de otro lugar del mundo -léase África, Asia u Oceanía-, porque las condiciones, los intereses y las expectativas de los colonizadores en América fueron distintas, con otras intenciones y con otros objetivos coloniales, y que en nuestro caso generó este fenomenal proceso de mestizaje.Luego, en los procesos independentistas del siglo XIX, la ideología liberal y romántica de la época europea constituyó síntesis mestizas en lo ideológico-político muy particulares en la concepción de nuestras idiosincrasias criollas protagonistas, como por ejemplo en Bolívar o en San Martín que concebían una monarquía para conducir los destinos políticos de América Latina reconociendo las “monarquías indígenas” al momento del descubrimiento de América, y como consecuencia las formas de organización política de los pueblos originarios, con la intención de potenciar el proceso independentista generando un equilibrio indígena-criollo y proyectar con más éxito los objetivos de emancipación e independencia, una novedad de la época y una emergencia procedimental socio-política singular en relación al proceso emancipador que nacía, donde se sintetizaba la recuperación de lo originario con las ideas europeas que generaban las propuestas y proyectos libertarios en nuestros hombres de las independencias americanas. Un testimonio de esta singularidad mestiza en la concepción -en este caso-, de la política en América desde esos tiempos, dada por las situaciones particulares que se daban y que no ocurrían en otra parte del mundo.
Debemos señalar vehementemente el aluvión migratorio forzoso que significó la llegada de esclavos de origen africano, de raza negra, a América, que se calculan en un número por lo menos de 15.000.000 almas, por razones de necesidad de mano de obra para explotar los recursos que daba este continente y que indudablemente participó intensamente de este mestizaje.
Luego, desde el siglo XIX, podríamos señalar la llegada masiva en algunas regiones de inmigrantes italianos,  españoles, germanos, anglosajones o asiáticos, que se fueron integrando, que redefinieron lo social, lo económico y por consecuencia “lo político” -en su relaciones dinámicas  de poder-,  en estos dos últimos siglos debido a su aluvional presencia sobre todo en Argentina, Uruguay, Sureste del Brasil, Chile, y Costa Rica, con su particular proceso de poblamiento dentro de Centro América.
Si hablamos de América del Norte (EE.UU. y Canadá) el mestizaje tiene que ver con las migraciones inglesas, irlandesas y francesas de la época de la colonización, o de la presencia muy intensa de esclavos africanos en algunas regiones de este subcontinente, o en los dos últimos siglos, los españoles, italianos y de otras nacionalidades que llegaron también  a ese continente en forma aluvional. Es de destacar que en la época de la colonización, los pueblos originarios quedaron prácticamente reducido a mínimas expresiones en relación a lo que eran cuantitativamente y luego arrinconados en lo que se conoce como “reservas” y casi sin participación en el conformación de lo nacional en América del Norte, por lo tanto lo biológico quedó de lado, dándose por parte de los que llegaban una particular relación con el medio ambiente que determinó un mestizaje que tiene que ver con esta relación y su condicionamiento en la conducta cultural en sentido lato.Otra de las razones fundantes, fue que en América del Norte, la migración  anglosajona naciente  trajo un espíritu religioso que produjo una relación de distanciamiento con los pueblos originarios, y al mismo tiempo una relación de rechazo con la Europa que se abandonaba. Esto generó un proceso de mestizaje con sus singularidades, pero mestizaje al fin, que aporta a nuestra hipótesis del nacimiento de  una verdadera ontología propia para este continente.
En “nuestra América”, asumiendo a José Martí  y su sentido de pertenencia americana, reconocemos esta singular situación donde cada uno de los americanos se siente dueño y partícipe del destino de este continente, sea cual sea la latitud. Es una categoría del mestizaje el hecho de identificarnos masivamente con la tierra donde uno nace más que por nuestra ascendencia -cabe destacar esta particularidad en la vivencia de los americanos-.Es ineludible que América es una tierra de un “nosotros mestizo”, donde la mezcla, la hibridación, la amalgama, la fusión, la síntesis, es “lo dado”, lo que emerge, lo que resulta; donde el concepto mestizo se abre en el más amplio sentido de la palabra, constituyéndose en un verdadero “universo significador” que nos abarca y nos reencuentra y que también nos coloca en situación contradictoria en función de preguntarnos ¿qué somos los americanos?, y por ello la vigencia dinámica de este universo fusional, singular, propio, que nos hace percibir las diferencias y que nos sitúa frente al mundo desde un lugar propio.Los americanos pensamos desde “el encuentro” y ahí percibimos la diferencia: desde el contacto, no desde los preconceptos o esquemas ideológicos previos, esta es una categoría singular, ya que “si no nos encontramos no nos reconocemos”, proceso que hoy se trasunta en una versión potente, donde se reinventa el sentido del encuentro y también se potencia el trabajo en común de los objetivos y  estrategias emancipadoras e igualitarias.¿Qué significa entonces esta situación , -en sentido amplio-,para un pensador social?, significa la necesidad de indagar, de preguntarle a nuestra realidad acerca de los fenómenos que ocurren, qué tienen de propio, de original; cuánto de historia y memoria en lo que hace a nuestras tradiciones originarias y qué tienen de mezcla o mestizaje con los valores universales producto de esta dinámica  migración-integración y los desplazamientos permanentes que impregnan toda la realidad, y en nuestro caso -como científicos sociales-, señalan el destino ineludible de la ciencia social  Latinoamericana, receptora natural de estos fenómenos.En principio debemos recoger lo expresado o producido por las culturas locales y sustanciarlas con lo que se manifiesta de la cultura universal; qué ocurrió y ocurre con sus encuentros, lo que se da y lo que dejó y deja todo este proceso de mestizaje  desde la conquista hasta nuestros días en relación a nuestras identidades y a nuestra comprensión del mundo. Somos y hemos sido una experiencia novedosa en lo que hace a crear estructuras socio-políticas e institucionales, resultado también del más intenso proceso de mestizaje ideológico que conoce la historia de nuestro mundo.
Es evidente que interrogar a América desde este horizonte científico-político tiene su desafío. Por ejemplo, las tradiciones ideológicas-estructurales originarias y las occidentales en el campo de las construcciones políticas, son redefinidas  en casi todos los países de América, sobre todo a partir de los Siglos XIX y XX. En  Argentina, Brasil,  Chile,  Uruguay,  Paraguay,  Costa Rica,  Cuba,  el Caribe insular,  Venezuela, entre otros países, la  génesis indígena no tiene gravitación en la construcción de lo nacional, sobre todo cuando nos referimos a instituciones socio-políticas, porque sus pueblos originarios desaparecieron rápidamente en el proceso de la conquista y la colonización, o quedaron en su mínima expresión -más allá de que sea necesario visibilizarlo actualmente, lo que está aun vivo y pervive de esas etnias o culturas- y por consecuencia perdieron su peso especifico en la conformación socio-política de estas naciones. No vamos a entrar en el porqué, ya que hay mucha historiografía que lo explica, aunque la ecuación histórica fue muy simple: epidemias más explotación; sin embargo debemos recuperar sus sistemas de ideas, porque muchos son patrimonio de nuestra “cultura mestiza”.En otros países hermanos el sustento indígena cuantitativa y cualitativamente se mantuvo y hoy sobresale con una fuerza inusitada, como por ejemplo Bolivia, Ecuador, Perú, México y Guatemala. 
Sin embargo es notable la sustancia común que nos convoca a la unidad y la alianza, sustancia que debemos rastrear en esta idea de “reconocernos” por historias comunes, producto de historias comunes en la ecuación dominador-dominado o viceversa, que nos unen por esa misma vivencia del mestizaje; notoria singularidad en América.Acordamos con Darcy Ribeiro que ya en la década de 1960 señalaba que en América Latina existía una necesaria clasificación operativa en lo que hacía al origen de las sociedades nacionales, y entonces nos hablaba de los “pueblos testimonios”, “los pueblos trasplantados” y “los pueblos nuevos”, producto de sus génesis como sociedades nacionales con vertientes comunes en la intención económica productiva del colonizador que confluyen en la conformación de la América actual (3). Más allá de discutir matices de esta teoría, Ribeiro, inaugura categorías de análisis y contextos históricos-sociales de donde deducimos que la realidad Latinoamericana significó diferencias con otros procesos similares, si lo vemos desde nuestra perspectiva y no desde la de una ideología que estandariza, y lo percibimos también desde ese intenso mestizaje, que implicó e implica pluralidad, hibridación, mezcla y fusión en el espectro de lo testimonial, lo trasplantado, de lo nuevo en nuestro continente.Es uno de los intentos teóricos pioneros para explicar el desarrollo socio-cultural en el amplio sentido de la palabra “América”: múltiples significantes emergen, se proyectan y sintetizan en distintos significados; debemos recuperar su lectura y profundizar su propuesta. 
Por ejemplo podríamos entonces intentar un cruzamiento a fin de realizar el ejercicio que nos ocupa, entre lo originario, lo trasplantado y lo nuevo -en la caracterización que realiza Ribeiro sobre los orígenes de las naciones americanas-, y por otro lado, entre las categorías políticas de neoliberalismo, izquierda y populismo en referencia a la realidad americana actual, pero no es este el objetivo de estas reflexiones. En otro trabajo lo intentaremos. 
De cualquier modo podemos señalar que estas seis categorías abundan en los diseños analíticos por parte de los cientistas políticos con múltiples ejemplos en toda América, tomando en muchos casos las categorías y vinculándolas parcialmente; en otros casos tratando de integrarlas en forma total. Esto tiene que ver con la ansiedad teórico-fusional -si se nos permite la idea-, que responde a esta conciencia mestiza desde donde pensamos y que también  nos obliga  el acontecer cotidiano en nuestro continente.Nuestras hipótesis confrontan con la del relativismo cultural, ya que el relativismo cultural se torna inasible para una epistemología americana, es un condicionamiento axiológico-político fuera de contexto, el desafío epistemológico: es buscar un camino común para comprender el proceso Latinoamericano en general, a través de los procesos históricos políticos de los países de América, que debe ser pensado desde una análisis,  en este caso “mestizo”, que universaliza este desafío, sintetizando lo universal con lo local ya que el fenómeno fusional señalado abarca todo el continente.
La fusión de diferentes ámbitos científicos en los análisis sobre “lo americano”, es producto de un déficit en el método o la epistemología occidental para entender nuestros fenómenos socioculturales. Esta fusión va hacia un develamiento de la ontología política Latinoamericana que tiene mucho que ver con la ontología del significado “mestizo”, esa síntesis que se generó y se genera en forma permanente; por ejemplo: no importa de dónde provengan o cómo se expresan, nuestra calidad de mestizos lo hace posible, somos necesariamente sintetizadores, es otra de nuestras cualidades.Esta perspectiva le da originalidad a la teoría cultural Latinoamericana como aporte a las ciencias sociales en general y demuestra la singularidad de América para lograr el considerado y creativo trato epistemológico que debemos visibilizar para  acercar diagnósticos veraces que colaboren con estos nuevos aportes al análisis integral de nuestra realidad continental. 
Es absolutamente indispensable que los teóricos sociales en un continente como el nuestro -donde los modelos analíticos adoptados son de diferente origen pero casi siempre de inspiración europea-incorporen los novedosos argumentos que emergen de la realidad y que deberían reconocerse,  atados a una gnoseología que es necesario también proponer y diseñar. Un ejemplo de algunos de estos aportes  teóricos son los de Sousa do Santos y que en su artículo Reinventando la Emancipación Social son absolutamente esclarecedores cuando señala: «…voy a referirme al estado y la democracia: primer punto, vivimos un período de actos fundacionales. Es decir, pienso que sobre muchos procesos que estamos viviendo en el continente existe la sensación de que son actos fundacionales, una nueva democracia, un nuevo estado. Todo acto fundacional tiene las siguientes características: es originario, es incompleto y es confuso. Es confuso porque es semiciego para los que lo conducen y es confuso para los que se oponen a él. Esta combinación de semiceguera y semiinvisiblidad crea confusiones propias de los procesos de transición. Claro que un proceso de este tipo exige una atención analítica, pero aquí está la dificultad: cuanto mas necesaria es la reflexión analítica, más difícil es hacerla, y eso es también típico de los procesos transicionales y fundacionales (4) ». 
Hay dos conceptos que se pueden asociar a la idea de lo mestizo y su percepción como sustancia reflexiva: Confusión y transición.Advertimos que también en América -por sus orígenes, por sus circunstancias, por dónde y cómo vivimos- la mestización de lo político es tan novedosa que  muchas veces escapa a las categorías definitivas y determinantes de una Europa académica tradicional  y decadente, u otra Europa o EE.UU. actual, donde las categorías epistemológicas no alcanzan a contener o proponer diseños o por lo menos aproximaciones que den respuestas efectivas o eficaces. Podríamos indicar que la idea de “mestizo” no se asume en estos contextos por el apartamiento a esta idea por parte de una conciencia exterior que pertenece a quien propone el análisis social, muchas veces y otras a pensadores que transpolan modelos extramericanos ajenos y absolutamente disociados con el colectivo americano. Merecen también la consideración crítica las categorías indigenistas, etnicistas u originarias, que tienen como resultado un análisis con propuestas -por ejemplo en lo político- estériles y sin proyección o factibilidad en la mayoría de los casos. Esto es producto de que nuestro origen mestizo e híbrido no es asumido o puesto en conciencia. Es un purismo muchas veces inconducente ya que la mayoría de los pueblos originarios o indígenas exigen otras respuestas que tienen que ver con más integración y participación.
Estamos indicando entonces que es imposible un abordaje epistemológico  desde categorías que nos son ajenas o insuficientes, porque no resuelven “el dato” que es “el hecho americano”. Este es el respeto por el fenómeno que señalamos permanentemente  incluyendo a toda la América en el más amplio sentido de la palabra.  Porque se aborda desde afuera o desde lo originario testimonial y no desde nuestra pertenencia mestiza, que es lo realmente originario en América actual, como lo entendemos aquí, desde el siglo XV y sus múltiples procesos posteriores hasta nuestra contemporaneidad. 
En “nuestra Ciencia Social” debemos integrar este contexto fusional. Una de las metodologías a aplicar, por ejemplo,  es la de la inducción crítica para crear otras variables (estamos manejado una herramienta de las ciencias físico- matemáticas, pero que de algún modo es imprescindible utilizar, ya que algunas herramientas de la ciencia moderna explicitan y cierran mejor nuestras conclusiones) sin caer en  modelos físicos matemáticos cuantitativos, como bien lo indica  Giovanni Sartori, en relación a las ciencias sociales y su concepción cuantitativa: «… mis estantes están inundados de libros cuyos títulos son “metodología de las ciencias Sociales”, pero esas obras simplemente tratan sobre técnicas de investigación y procesamientos estadísticos. No tienen casi nada que ver con el “método de Logos”, con el método del pensamiento. Por lo que tenemos una ciencia deprimente que carece de método lógico y, de hecho, ignora la lógica pura y simple…. Sostengo que nuestra disciplina ha buscado su identidad en ser:i) antiinstitucional y, en el mismo sentido, conductistaii) progresivamente tan cuantitativa y estadística como fuera posible; yiii) dada a privilegiar la vía de la investigación teórica a expensas del nexo entre la teoría y la práctica (5)».
Se tiene tendencia a la medición y luego al uso interesado y parcial, más allá de los objetivos de una ciencia pura que aquí adherimos operativamente y debe ser la utopía permanente, acercándonos a la potente propuesta de Husserl de ir hacia una ciencia sin compromisos, que se  inspira  en la necesidad de un conocimiento por el conocimiento mismo.
La realidad fenoménica, que es necesario comprender y que, señala Husserl, debemos aprehender como punto de partida para lograr el conocimiento, recomendado para quienes gustan abordar la investigación desde categorías ajenas a nuestra propuesta, ya que este filosofo propuso desde la centralidad, es decir desde Europa, una teoría cognoscitiva que escape a una parcialidad o condicionamiento ideológico o al interés parcializado, como por ejemplo, ese positivismo determinista , clasificador y evolucionista  que  existía en épocas de este pensador dentro de la ciencia europea.Este método denominado fenomenología, sostiene la necesidad de apelar y dejar hablar al fenómeno, a “lo dado”. Nada más adecuado para abordar la singularidad americana y su “ontología mestiza”.Los datos estadísticos, siempre son penumbrosos por sus grises y oscuridades,  como por ejemplo: los datos que se obtienen del “ingreso per cápita” por país, sin determinar si estos ingresos están distribuidos equitativamente o en manos de unos pocos (lo que generalmente así sucede), como ocurre con la información mediática interesada que estamos viviendo, negando el valor social de la interpretación, muy caro al sentir americano colectivo y que se sintetiza en la equidad y la justicia social para todos.Esta es una urgencia y un paradigma que estamos persuadidos no debemos abandonar ni ignorar. Las variables analíticas deben atenderse, y aquí no hablamos de modelo a los efectos de no generar una inducción forzada, a los efectos de justificarlo, como ha ocurrido con el modelo neoliberal que como bien lo destaca Pierre Bourdieu: «Esta teoría es pura ficción matemática. Se fundó desde el comienzo sobre una abstracción formidable. Pues, en nombre de la concepción estrecha y estricta de la racionalidad como racionalidad individual, enmarca las condiciones económicas y sociales de las orientaciones racionales y la estructuras económicas y sociales que condicionan su aplicación… las más de las veces abstracta, libresca y teórica, están particularmente inclinados a confundir las cosas de la lógica con la lógica de las cosas (6)».Muchos  fenómenos que se expresan y se hacen visibles, incluso recurrentemente, se los ignora o peor aún, se los desecha, o se los aborda con  categorías a priori. Esta es una herencia del deber ser, “del encontrar lo que se busca”, fijada en la médula del euro-centrismo, del pensamiento occidental, donde encontramos una racionalidad asfixiante que debemos advertir permanentemente y que en América no es conducente a un tratamiento analítico eficaz dado que activa equívocamente el a priori o “el deber ser”, cerrando los ojos a “lo que ocurre”. Ante esto, deberíamos analizar si la tarea propuesta es probable o imposible. La tarea de realizar un “diseño científico” que nos señale los caminos por donde se desempeña y expresa lo americano. Creemos que desde los diferentes países y los diferentes cruzamientos de estas dimensiones existen planteos novedosos acerca de la conformación o la formación del campo analítico en América; por ejemplo desde Laclau, Boaventura de Sousa Santos, Aníbal Quijano, Grosfoguel, Wallerstein, Mignolo,  Rawls en EE.UU. y otros tantos; siempre hablando desde América, ya sea desde el propio continente o desde los países que tienen que ver con nuestra historia estrechamente, como por ejemplo Portugal, España o Italia para América Latina, para señalar los países que participaron más intensamente desde el punto de vista ideológico y migratorio en los procesos de construcción de lo americano; como así también  pensadores de otras latitudes que vienen reconociendo procesos similares al nuestro que tienen que ver con el colonialismo, el racismo, la exclusión, la pobreza, etc.El paradigma era generar metarrelatos y omnicomprensiones que explicaran todo, que encasillaran todo. Pero sabemos que no tuvieron los resultados esperados desde la perspectiva liberal-capitalista, pasando por el positivismo y llegando al marxismo clásico con sus mesiánicas y sus prejuiciosas ideas de progreso y evolución, sobre todo para los pueblos que quedaron afuera del desarrollo capitalista o en “la periferia”, como por ejemplo los países de América Latina que jugaron otro rol dialéctico donde el papel asignado era el espacio del dominado.
También encontramos un gran esfuerzo en los cientistas políticos europeos de la modernidad, más allá de que prácticamente no consideraban a América como proceso histórico emergente singular y propio; sin embargo son fuente para aprehender, comprender y  teorizar:  Rousseau y Locke o Hobbes y Voltaire, o Kant y Hume, también otros como Marx y Engels y sus seguidores más actuales y vigentes como los marxistas de la Escuela de Fráncfort y la presencia actual de Jürguen Habermas como pensador sustancial de la filosofía política, los posestructuralistas o Antonio Gramsci como faros conceptuales con aportes concretos pero insuficientes -desde nuestra perspectiva-, para entender y explicar la realidad americana y sus ricos fenómenos políticos que han ocurrido y que ocurren a diario en nuestras tierras, y proponen una comprensión y explicación desde otros tipos de racionalidades o lógicas, algunas racionalistas clásicas con sus omnicompresiones o metarrelatos y algunas otras  racionalistas críticas o racionalistas posmodernas, pero sin tener presente la necesidad o la conciencia de apelar a la mentada mestización, que  debe reconocerse y que proviene de nuestra historia, somos “un nosotros” europeo- americano básicamente; ni de un lado ni del otro.   
Podemos también horadar la historia de la reflexión Latinoamericana relativamente contemporánea, y podemos incursionar por otras propuestas que plantean categorías -algunas novedosas-, pero de raigambre criolla, como por ejemplo Mariátegui, Hernández Arregui,  Jauretche, Tehotonio Dos Santos o Fals Borda, Martí, Haya de la Torre, Vasconcelos, y muchos más en una larga y extensa lista de pensadores que produjeron y producen perspectivas analíticas en nuestro continente, que implican una celebración en relación a la novedad que significa América a través de todos los significantes teóricos que generó y genera permanentemente, producto, en gran medida, de esta realidad mestiza que siempre se ha presentado.  Por último no podemos dejar de mencionar en estos últimos tiempos la “contrapartida” del posmodernismo  -con sus rescates de las singularidades de lo histórico- donde tampoco estos “mini relatos” consiguen los resultados esperados para Latinoamérica. Se confunden peligrosamente la pluriculturalidad con el relativismo cultural, siendo de esta manera -en muchas reflexiones-, funcional a una idea de individualismo cultural, desconociendo en nuestro caso, la ontología de lo mestizo que potencia la idea de unidad y síntesis, ya que es un camino claro para concebirnos con una identidad propia por lo colectivo vivencial que significó y significa el mestizaje en toda América. Este desconocimiento trae como consecuencia lo que denominamos el peligro de generar una teoría sobre la realidad Latinoamericana de tipo insular y atomizada, que en nada sirve a lo que se está llevando adelante pragmáticamente, y que señala otra voluntad histórica, la necesidad de dignificarnos social, económica y culturalmente para convivir con la globalización y eliminar el sedimento colonial que se expresa en América  en esa ideología del poder denominada colonialidad, como señala Aníbal Quijano: «…mantener, acentuar y exasperar entre los explotados/dominados la percepción de las diferentes situaciones en relación al trabajo, a la “raza” y al “género”, ha sido y es el medio extremadamente eficaz de los capitalistas para mantener el control del poder. La colonialidad del poder ha tenido en esta historia el papel central (7)».A propósito, podríamos indicar que desde esta óptica del poder el mestizaje es considerado un tema intrascendente, negando su esencialidad, su realidad y las posibilidades de este fenómeno, ya que el objetivo devastador es continuar dividiéndonos y dispersándonos para someternos y subordinarnos, o peor aún, diluirnos y disgregarnos, porque sustenta una ontología racista y discriminatoria en contradicción con la ontología del mestizaje que contiene la esperanza de una historia común.En términos de racionalidad americana-mestiza, a la razón práctica la definimos en este caso como la lógica de lo cotidiano. No podemos pensar en el diagnóstico y menos en la acción, si no nos ponemos a indagar la razón práctica, este devenir de la cotidianeidad y la existencia inmersa en ella, con los discursos y relatos que genera y donde la mezcla, el cruzamiento, es un punto de partida  para una racionalidad teórica no tradicional. 
Esta es la clave de nuestro análisis o de nuestras preguntas acerca de cómo es la realidad socio-cultural en nuestro continente. Pensarla también desde “lo público” y no solo lo producido  por lo institucional, muchas veces a contramano del sentir y el sentimiento de la construcción de lo colectivo, porque están pautados desde otro poder que no es el de la sociedad en su conjunto sino de una elite que representa  el privilegio y la exclusión. Desde siempre la razón práctica debería haberse tenido como paradigma de análisis de la realidad integralmente. América ha dado muestras históricas permanentes de participar en las decisiones más allá  de sus diversas suertes, donde el compromiso y la participación de los diferentes sectores populares se hacen evidentes. Desde ahí deben nacer las preguntas y las reflexiones que queremos lograr analíticamente, como lo señala Kant, por ejemplo, al entender que existe una realidad concreta y cotidiana que es necesario racionalizar. En nuestro análisis es necesario encontrar esas lógicas de conducta y comportamiento socio-cultural en nuestra cotidianeidad.
La mayoría de las veces nos acercamos a esa realidad práctica con metarrelatos y omnicomprensiones que contienen categorías absolutamente extrañas a nuestro pensar y hacer;  sobre todo porque excluye el protagonismo de los pueblos en el desarrollo político por ejemplo, y lo que nuestros pueblos van significando, ignorando sus hechos, vivencias, representaciones, necesidades, expectativas y esperanzas. 
Una mención a la realidad política
De esta manera vamos a referirnos a nuestro actual tiempo americano, y estos emergentes de gobiernos que llamamos progresistas, para quedar menos ajustados a la concepción de “giro a la izquierda”, y no correr el riesgo de caer en una conceptualización encorsetada, rígida, reduccionista, que deja diferentes variables importantes afuera, como es el caso del peronismo en Argentina, o el lulismo en Brasil, fenómenos de mestizaje político de relevancia, dado que no existe un marco adecuado teórico para definirlos desde las categorías epistemológicas tradicionales o clásicas euro- céntricas.La idea de “gobiernos progresistas” camina mejor, es más adecuado, generando un sistema de valores que prioriza la justicia social, la independencia económica, y la soberanía política en América Latina, como bien indica García Linera: «…Cualquier alternativa post-capitalista es imposible a nivel local, es imposible a nivel estatal, una alternativa socialista o pongamos el nombre que queramos, post capitalista que supere las contradicciones de la sociedad moderna, de la injusta distribución de la riqueza, de la destrucción de la naturaleza, de la destrucción del ser humano, tiene que ser una obra común, universal, continental y planetaria (8)». Son formas ad-hoc, propias de esta lógica americana,  que se construyen para dar proyección a estas reivindicaciones estratégicas, de acuerdo a cada realidad nacional sin perder de vista la necesaria complementariedad continental y la incuestionable presencia de “la omnipresencia” de la globalización.Guillermo Hoyos nos señala: «… lo grave es que los países de América Latina ya parecen estar metidos en los dilemas de modelos incompatibles: aliarse con los partidarios de la política del más fuerte, es decir de la amigo/enemigo, o dejarse seducir por concepciones moralistas y populistas a ultranza. La ventaja de la propuesta kantiana es la fortaleza del derecho como marco de tolerancia y dispositivo procedimental que permite desarrollar en toda su riqueza intercultural la cooperación entre los pueblos, antes de que primen la desconfianza y el temor. Precisamente en esta línea deberíamos en Latinoamérica animar la participación ciudadana y el compromiso de los medios de comunicación de suerte que se fuera creando una opinión pública que exigiera a la clase política ponderar el tema de la Unión Latinoamericana a la vez que miran los problemas internos de sus respectivas naciones… (9)».Y esto nos lo da la razón práctica que, en términos kantianos, podemos entender: «… La política no es solo asunto de razones sino también de voluntades, así que Kant propone conformarse con el “mal menor”, es decir, con lo posible, lo propio de la política, en este caso con el sustituto, una federación de estados… (10)».
Y así emerge el tiempo Latinoamericano actual o contemporáneo, el de la cotidianeidad, del cada día de nuestro andar, como así también de sus instituciones y de la relación con el espacio público, lleno de significantes generados por los diferentes sectores sociales en sus reclamos y sus reivindicaciones, llenando significados, proponiendo otros modelos y otras posibilidades. Un ejemplo  de los que estamos señalando, es el hecho que el desafío hoy es construir una política social colectiva, donde se sintetiza una base mestiza que une, mezcla y liga dentro de un contexto de democracia liberal, electoralista y parlamentaria. Donde el sistema representativo o la representación política muestra serios déficits en lo que hace a su eficacia, lo cual debemos desentrañar y aquí podemos pensar en Habermas y su propuesta política de la necesaria motivación, participación y deliberación del todo social para lograr verdaderas expresiones de democracia y respuestas políticas acordes en el único lugar posible: “El espacio público”.Es indudable que estamos en una situación donde debemos exigir a nuestro pensamiento crítico, y cuando lo decimos, señalamos la necesidad de un “pensamiento crítico Latinoamericano”. Un pensamiento propio, con una fuerte impronta de nuestra “ontología mestiza” que oriente, señale y perciba caminos, como ya se lo está haciendo desde diferentes ámbitos sociales y políticos, y también- enfáticamente lo señalamos-, académicos y científicos.Hoy, ayer y antes de ayer, no hay nuevos puntos de partida, América es una continuidad que se retroalimenta a partir de sus hechos, episodios y acontecimientos novedosos.América  hoy es redefinida como un continente que necesita establecer cuál es el eje histórico en donde se encuentra, con sus particularidades. Por ello lo de “ontología mestiza”, como una categoría que le es auténticamente propia,  teniendo muy en cuenta que es un articulador clave para lograr la unidad, integración y la participación, valores políticos que hoy son la necesidad reclamada, exigida y donde podemos encontrar también una universalidad en la relación América-Europa y reconocer una síntesis mestiza cualitativamente hablando.De esta manera también podremos observar y emitir luego juicios científicos que respeten el sentir y el sentimiento de la sociedad Latinoamericana, desde donde ocupemos nuestro “locus”.Cuando hablamos de neoliberalismo, o giro a la izquierda, o populismo en América, nos encontramos con los múltiples abordajes que realizan los especialistas, y que están disparados por una intuición preconceptual heredada de algún modo de la pista fenomenológica, que despierta un sentimiento contrario a los modelos preestablecidos, sobre todo de aquellos pensadores  nativos de nuestro continente. Debemos  anclarnos en “lo propio” que comienza por “lo dado”, para luego buscar las adecuaciones teóricas, utilizando muchas herramientas de la ciencia occidental, dada la naturaleza de la síntesis que significa América y en donde predomina un auténtico sentido de fusión, de mezcla, de hibridación propia de esta ontología. Este ser mestizo que nos da nuestra singularidad en el mundo.Esto muestra la inquietud y la urgencia de las definiciones que nos invitan a hacer la realidad americana y más aún hoy, donde existen luces de esperanzas y reivindicaciones concretas que estaban postergadas desde hace décadas o centurias.Buscamos realizaciones concretas y propuestas de profundización de estos procesos colectivos emancipatorios; hay naciones hermanas que están a la vanguardia de lograr estos resultados para nuestros pueblos. Debemos seguirlos atentamente, nos están orientando en muchas cosas.Aquí está el desafío, pero también el compromiso de pensar desde otro lugar: desde el nuestro, desde el lugar como americanos, desde “un nosotros” donde la síntesis cultural, social y política se manifiesta, se expresa, y ¿porqué no? se explica a sí misma. Pensar desde nuestro lugar de científicos sociales en la búsqueda de caminos para participar y colaborar en la transformación y profundización del cambio hacia un continente más justo y equitativo que nos reclamamos como americanos.
Notas
(1) Obtenido de Wikipedia http://es.wikipedia.org/wiki/Mestizaje(2) DUSSEL Enrique, 2004, Sistema mundo y transmodernidad, Filosofía de la Liberación En: Saurabh Dube, Ishita Banerjee y Walter Mignolo (eds.). Modernidades Coloniales. México. Colegio de México. Pp. 210-226  (3) RIBEIRO Darcy, 1969, Las Américas y La civilización, Tomo 1, La civilización Occidental y nosotros, Cuadernos Latinoamericanos, Cap. 2, Tipología étnica nacional, y Cap. 3, Fusión y expansión de las matrices raciales, Centro Editor de América Latina, Buenos Aires, pp. 112- 137.(4) DE SOUSA SANTOS Boaventura, 2009, Reinventando la emancipación social, Cuadernos de Pensamiento Crítico Latinoamericano, Nº 18 Año 2-CLACSO  (Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales). Pp.45  (5) SARTORI Giovanni, II Semestre de 2004, Hacia dónde va la ciencia política, “Revista Política y Gobierno”, Vol. XI, Núm.2, CIDE, México,  pp. 351.(6) BOURDIEU Pierre,  Diciembre de 1998, La esencia del neoliberalismo, “Le Monde Diplomatique”, Francia. pp. 1(7) QUIJANO Aníbal,  Verano/Invierno 2000, Colonialidad del poder y clasificación social, “Journal of World-System Research”, Vol. VI, N° 2, pp. 372(8) GARCÍA LINERA Álvaro, 9 de Abril de 2010, Conferencia Magistral: “La construcción del Estado”, Facultad de Derecho UBA, Buenos Aires.(9) HOYOS Guillermo, 2010, La unión Latinoamericana en el marco de la constitucionalización del derecho de gentes, Aula Virtual Nº 1010: "Filosofía Política de la modernidad", CLACSO. (Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales). Clase 9. pp. 8  (10) HOYOS Guillermo, 2010, La unión Latinoamericana en enmarco de la constitucionalización del derecho de gentes, Aula Virtual Nº 1010; Filosofía Política de la modernidad”  CLACSO. (Consejo Latinoamericanos de Ciencias Sociales). Clase 9. pp. 8
Bibliografía
DUSSEL Enrique, 2004, Sistema mundo y transmodernidad, Filosofía de la Liberación, En: Saurabh Dube, Ishita Banerjee y Walter Mignolo (eds.). Modernidades Coloniales. México: El Colegio de México.
RIBEIRO Darcy, 1969, Las Américas y La civilización, Tomo 1, La civilización Occidental y nosotros, Centro Editor de América Latina, Buenos Aires. 
DE SOUSA SANTOS Boaventura, 2009, Reinventando la emancipación social, Cuadernos de Pensamiento Crítico Latinoamericano, Nº 18, CLACSO. Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales, Buenos Aires
SOUSA SANTOS Boaventura, 2006, Reinventar la Democracia. Reinventar el Estado, Colección Biblioteca de Ciencias Sociales, Clacso Libros, CLACSO, Consejo Latinoamericanos de Ciencias Sociales, Buenos Aires. 
SARTORI Giovanni, II Semestre de 2004, Hacia dónde va la ciencia política, “Revista Política y Gobierno”, Vol. XI, Núm.2, CIDE, México.BOURDIEU Pierre, Diciembre de 1998, La esencia del neoliberalismo, “Le Monde Diplomatique”, Francia.
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GARCÍA LINERA Álvaro, 9 de Abril de 2010, Conferencia Magistral: “La construcción del Estado”, Facultad de Derecho UBA, Buenos Aires.
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