Imprimir
PDF
Ago
15

Ponencia: "Teoría Social y mestizaje en América".

Autor // Administrator

ALAS (Asociación Latinoamericana de Sociología)
XXVIII Congreso Internacional da Associaçâo Latinoamericana de Sociologia
RECIFE 2011
Grupo de Trabajo 17
Pensamiento latinoamericano y teoría social
Titulo de la Ponencia:
“Teoría Social y mestizaje en América”
Autor: Lic. Daniel Armando López
Fundación Saltamérica ( FUNSAM)
Salta- Argentina
“Mi país es toda la América”
José de San Martín -1822
Si leemos históricamente a América Latina, vamos a encontrarnos con procesos y episodios centrales que muchas veces no encuentran una lógica epistemológica social clásica heredada de la modernidad y sus categorías para describirlos, y menos aun para compararlos.
¿Qué significa entonces esta situación para un pensador social? En América Latina, significa la necesidad de indagar, de preguntarle a nuestra realidad acerca de los fenómenos que ocurren; qué tienen de propio, de original; cuánto de historia y memoria en lo que hace a las tradiciones originarias;  qué tienen de mezcla o fusión con los valores epistemológicos occidentales producto de la  dinámica negativa del colonialismo y la positiva de los fenómenos de emancipación, o de los movimientos de  migración-expulsión a que nos tiene acostumbrados la historia de América y los criterios analíticos  permanentes que impregnan toda esa realidad, y en nuestro caso - como científicos sociales -, señalan y condicionan el destino ineludible de la ciencia socio-política latinoamericana, receptora teórica  de estos fenómenos.
Al fenómeno social latinoamericano debemos escucharlo, que nos hable con sus propias palabras, someternos a sus discursos.
Es evidente que interrogar a América desde este horizonte científico-político tiene su desafío.
Por ejemplo, las tradiciones teóricas-estructurales de la modernidad en el campo de las explicaciones de las  construcciones sociales, son resignificadas  en casi todos los países de América, sobre todo a partir de los siglos XIX y XX.
Es ineludible que América es una tierra de un “nosotros mestizo”, donde la mezcla, la hibridación, la amalgama, la fusión, la síntesis, es “lo dado”, lo que emerge, lo que resulta; el concepto mestizo que utilizamos se abre en el más amplio sentido de la palabra, constituyéndose en un verdadero “universo significador” que nos abarca y nos reencuentra y que también nos coloca en situación de debate en función de preguntarnos “¿qué somos los americanos?”, y por ello la vigencia dinámica de este universo fusional, singular, propio, que nos hace percibir las diferencias y que nos sitúa frente al mundo desde un lugar propio y singular.
Este proceso de fusión fue negado y fue también uno de los puntos de partida para el nacimiento, fortalecimiento y construcción de la centralidad moderna europea,  anclada en una relación  de dominación-explotación con  América, a quien desconoció en primer lugar como sociedad emergente con valor propio, estandarizando una respuesta ideológica excluyente, negadora y euro-céntrica donde la fusión  que se producía no fue considerada ni práctica ni teóricamente.
Es indudable este punto de vista ideológico conquistador y colonizante europeo, como bien indica Enrique Dussel  cuando sostiene: “se entiende que la “modernidad” de Europa será despliegue de posibilidades que se abren desde su “centralidad” en la Historia Mundial, y la constitución de todas las otras culturas como su “ periferia”, podrá comprenderse el que, aunque toda cultura es etnocéntrica, el etnocentrismo europeo moderno es el único que puede pretender identificarse con la “Universalidad-mundialidad”. El “eurocentrismo” de la Modernidad es exactamente el haber confundido la universalidad abstracta con la mundialidad concreta hegemonizada por Europa como “centro”.
Afirmamos que los americanos somos hijos de un mestizaje que en muchos casos se niega y en otros se manipula, ya sea biológico, ya sea  socio-cultural,  y con una relación singular, condicionante y resignificadora  con el medio ambiente. Y decimos mestizaje en el más amplio sentido de la palabra: horizontal y verticalmente, atravesando todo el universo de la americanidad, marcado ostensiblemente por el mestizaje biológico pero que penetra radicalmente lo socio-cultural en sentido más amplio, más allá de las consecuencias de la ineludible globalización contemporánea; este fenómeno se da desde los orígenes colonizadores conjuntamente en la América Latina como  en la América Anglosajona, llega  hasta nuestros días, lo que redefine, amplía y fortalece una entidad cultural singular para América, que señalamos como  “el universo mestizo americano”.
Aquí se hace necesario precisar lo mestizo y esto lo vamos comprender claramente desde  la definición clásica de mestizaje: “Mestizaje es el encuentro biológico y cultural de etnias diferentes, en el que éstas se mezclan, dando origen a nuevas razas. Se utiliza con frecuencia este término para describir el proceso histórico sucedido en Iberoamérica que la llevó a su estado racial y cultural actual. En la historia de las naciones modernas, el mestizaje fue atravesado por numerosos factores, como el clima, las particularidades culturales de cada comunidad, u otros aspectos que provocaron que en diferentes regiones dentro de un mismo país, el mestizaje haya sucedido en diferentes ritmos y grados de profundidad. El ejemplo latinoamericano es notable, puesto que ejemplifica una mezcla étnica expandida por gran parte del territorio ”.
Enfatizamos la idea de  esta mestización integral, que llega a todos los lugares de la existencia identitaria americana: en lo cultural, en lo social, en lo económico, en lo político, en lo estético, en lo científico y en lo  filosófico, y que en nuestro caso  debe ser la fuente desde donde partamos para nuestra analítica propositiva.
Queremos dejar aclarado que hablamos del proceso histórico de fusión y no del concepto de mestizaje manipulado como categoría política, que algunas elites americanas se apropiaron y se apropian para justificar poder o subalternizar, como bien lo destaca Rita Segato cuando habla sobre todo de Brasil (por nuestra parte agregaríamos a México y otros países de Centroamérica y sus elites como apropiadoras de esta categoría): “ el control territorial consolidado de elites criollas regionales o nacionales, blanqueadas y eurocéntricas, auto declaradas “ mestizas” cuando desean defender sus posesiones nacionales frente al otro metropolitano o inscribir en su heráldica los iconos “ folklóricos” de las tradiciones que florecen en sus dominios, y pretendidamente “blancas” cuando quieren diferenciarse de aquellos a quienes despojan en esos territorios” .
Con esta perspectiva comienza un camino esencial para pensar a América desde otro lugar, aun más cuando necesitamos preveer, diagnosticar con cierto margen de acierto, pensando el futuro y donde su sentido reconozca el “nosotros”, una categoría que contextualiza esta “ontología del mestizaje”, porque no somos ni una centralidad europea ni una otredad “americana” originaria, más allá del tratamiento de algunos especialistas que en el intento de singularizar lo americano caen en un exceso peligroso, que nos deja sin categorías analíticas muchas veces; reduciendo en el análisis la participación  de la mayoría de los americanos  que afecta también  al universalidad que tiene América.
Tratamos de recuperar un colectivo americano donde la mayoría de los cientistas sociales o políticos, sobre todo americanos, queden involucrados por su origen de pertenencia a ese otro, del cual tanto se señala y analiza.
Debemos explicar lo que genera y generó este amalgamiento -de esta tamaña envergadura en nuestro continente-, entre culturas, sentidos, confluencias, fusiones y mezclas que será saludable reconocer, por los interrogantes a develar y a resolver a partir de este metafenómeno.
Este “locus”, este “pensamiento situado mestizo” donde nos hallamos, es necesario hacerlo conciente buscando otras maneras y categorías para nuestras propuestas analíticas, de lo contrario se corre el riesgo de  resultados escasos y empobrecidos, cayendo más en expresiones de deseo que en diagnósticos factibles y consolidados, resultantes de una actitud contradictoria y parcializada, propia de un contexto ideológico cultural de origen europeo que potencia más la necesidad de “un deber ser” que de una realidad dada: “lo americano”, nuestro propio pensar y actuar.
En el comienzo de este trabajo señalamos líneas de mestización integral, porque es aquí donde surgen claves históricas desde la perspectiva acuñada, la cual contiene el siguiente contexto histórico que generó este mestizaje:
1) Despoblamiento vertiginoso de América a partir del Siglo XV.
2) Redefinición de la relación con el medio ambiente dadas las características de América en vinculación a los procesos económicos  de explotación y producción.
3) Incorporación de masas migratorias aluvionales, masivas, forzosas y voluntarias, en forma frecuente y permanente.
Se trata de un fenómeno colonizador que duró más de  tres siglos, absolutamente singular en lo que hace al proceso de mestización y no encuentra parangón en ningún proceso similar colonizador de otro lugar del mundo, -léase África, Asia u Oceanía-,  que muchos científicos sociales o pensadores nos hablan de africanismo ,orientalismo, o subalternismo en estos casos.
Las condiciones, los intereses y las expectativas de los colonizadores en América fueron distintas, con otras intenciones y con otros objetivos coloniales, y generaron este fenomenal proceso  de mestizaje, siempre considerado de una manera integral.
Luego, en los procesos independentistas del siglo XVIII, la ideología liberal y romántica de la época europea constituyó síntesis ideológicas mestizas muy particulares en la concepción de nuestras idiosincrasias criollas protagonistas, como por ejemplo en Bolívar y en San Martín que concebían una realeza incaica para conducir los destinos políticos de América Latina, una novedad de la época y una emergencia procedimental socio-política singular en relación al proceso emancipador que nacía, donde se sintetizaba la recuperación de lo originario con las ideas europeas que generaban las ideas libertarias en nuestros hombres de la independencia.
Luego, desde el siglo XIX, en algunas regiones, hubo una llegada masiva de inmigrantes (italianos,  españoles, germanos, anglosajones o asiáticos) que se fueron integrando, que redefinieron lo social y por consecuencia “la política” en estos dos últimos siglos, debido a su aluvional presencia, sobre todo en Argentina, Uruguay, Sureste del Brasil, Chile, y Costa Rica con su particular proceso de poblamiento en Centro América.
Si hablamos de América del Norte (EE.UU. y Canadá) el mestizaje tiene que ver con las migraciones inglesas, irlandesas y francesas de la época de la colonización o, en los dos últimos siglos, los españoles, italianos y de otras nacionalidades que arribaron también  a este continente en forma aluvional. Es de destacar que en la época de la colonización, los pueblos originarios quedaron prácticamente arrinconados y casi sin participación en el conformación de lo nacional en América del Norte, por lo tanto el mestizaje biológico quedó de lado, dándose  por parte de los que llegaban una particular relación con el medio ambiente que determinó un mestizaje que tiene que ver con esta relación, y un tratamiento particular del mismo por las elites y su condicionamiento en la conducta cultural en sentido lato.
Otra razón fundante que hay que sumar en América del Norte, es que la migración  anglo-sajona trajo un espíritu religioso que produjo una relación de distanciamiento con los pueblos originarios, y al mismo tiempo una relación de rechazo con la Europa que se abandonaba. Esto generó un proceso de mestizaje con sus singularidades, pero mestizaje al fin, que tiene mucho que ver con la ontología que estamos destacando.
En “Nuestra América”, asumiendo a José Martí y su sentido de pertenencia hablando de América Latina, reconocemos esta singular situación donde cada uno de los americanos se siente dueño y partícipe del destino de este continente, con resultados sociales y políticos de diferente resolución, sea cual sea la latitud. Es una categoría del mestizaje el hecho de identificarnos muchas veces con la tierra donde uno nace más que por nuestra ascendencia; cabe destacar esta particularidad en la vivencia de los americanos.
Los americanos pensamos desde “el encuentro” y ahí percibimos la diferencia: desde el contacto, no desde los preconceptos o esquemas ideológicos previos, esta es una categoría singular, ya que “si no nos encontramos no nos reconocemos de una manera u otra, incluyendo o excluyendo”, proceso que hoy se trasunta en una versión potente, donde se reinventa el sentido del encuentro y también se potencia el trabajo en común de los objetivos emancipadores.
En principio debemos recoger lo expresado o producido por las culturas locales, las elites coloniales y las migraciones aluvionales, y sustanciarlas con lo que emerge de la cultura occidental u otras. Qué ocurrió y ocurre con sus encuentros, lo que se da y dejó todo este proceso de fusión desde la conquista hasta nuestros días en relación a nuestras identidades y nuestra comprensión del mundo.
Somos y hemos sido una experiencia novedosa en lo que hace a crear estructuras socio-políticas e institucionales, resultado también del más intenso proceso de mestizaje ideológico que conoce la historia.
Como una consideración general podemos señalar que en Argentina, Brasil,  Chile,  Uruguay,  Paraguay,  Costa Rica,  Cuba,  el Caribe insular y Venezuela,  la  génesis indígena no tiene gravitación en la construcción de lo nacional, sobre todo cuando nos referimos a instituciones socio- políticas, porque sus pueblos originarios desaparecieron rápidamente en el proceso de la conquista y la colonización, o quedaron en su mínima expresión, y por consecuencia perdieron su peso específico en la conformación socio-política de estas naciones. No vamos a entrar en el porqué, ya que hay mucha historiografía que lo explica, aunque la ecuación histórica fue muy simple “epidemias más explotación”. Un genocidio conciente e inconciente.
En otros países hermanos el sustento indígena sobrevivió y hoy sobresale con una fuerza inusitada, como por ejemplo Bolivia, Ecuador, Perú, México y Guatemala.  , también por razones de tipo de producción y explotación.
Sin embargo es notable la sustancia común que nos convoca a la unidad y la alianza,
“El aspecto más positivo de la identidades políticas es crear soporte nominativo para la constitución de comunidades a partir -y a posteriori-, del reconocimiento de un sufrimiento compartido es que sea necesaria la base para una cultura común” .1 rita segato
Debemos rastrear en esta idea, el reconocimiento de historias comunes, que nos unen y nos identifican, producto de ese amplio abanico de formas colonialistas que se ejercieron  y que mayoritariamente nos convocan a una experiencia común y colectiva.
No desconocemos y acordamos con Darcy Ribeiro quien ya en la década de 1960 señalaba que en América Latina existía una necesaria clasificación operativa en lo que hacía al origen de las sociedades nacionales, y distinguía a los pueblos testimonios, los pueblos trasplantados y los pueblos nuevos, producto de sus génesis como sociedades nacionales con vertientes comunes en la intención económica productiva del colonizador, que confluyen en la conformación de la América actual.
Más allá de discutir matices de esta teoría, Ribeiro, inaugura categorías de análisis y contextos históricos-sociales de donde deducimos que la realidad latinoamericana significó diferencias, pero observamos también un intenso mestizaje, lo que implicó e implica: pluralidad, hibridación, mezcla y fusión.
Es uno de los intentos teóricos pioneros para explicar el desarrollo socio-cultural en el amplio sentido de la palabra América: múltiples significantes emergen, se proyectan y sintetizan en distintos significados sociales.
De cualquier modo podemos señalar que múltiples categorías abundan en los diseños analíticos por parte de los cientistas sociales con múltiples ejemplos en toda América, tomando en muchos casos las categorías y vinculándolas parcialmente, en otros casos tratando de integrarlas en forma total, esto tiene que ver con la ansiedad teórica-fusional, si se nos permite la idea, que responde a esta conciencia mestiza desde donde pensamos y  que nos obligan los acontecimientos históricos que ocurrieron y ocurren en el continente.
Esto no significa un relativismo cultural y en consecuencia un relativismo social y político inasible científicamente, y si así lo pareciese sería un condicionamiento axiológico fuera de contexto, condicionado por una “ideología de la modernidad” que debemos desafiar epistemológicamente buscar un camino común para comprender el proceso latinoamericano en general, donde lo mestizo da cuenta de las fusiones y las síntesis.
En América Latina los que hablan de ciencia social y política incursionan también por la filosofía y la teoría. Pareciera que esta es una de las singularidades de las ciencias sociales en el continente, romper los límites epistemológicos tradicionales, y las clasificaciones determinantes para trabajar con el abanico de posibilidades analíticas que nos muestra América, y que la mayoría de los que la piensan las intuyen.
La fusión de diferentes ámbitos científicos es producto también de un déficit en el método o la epistemología occidental para entender nuestros fenómenos sociales reduciendo la perspectiva, cuando separa y clasifica. Esta fusión va hacia un develamiento de la ontología social latinoamericana que tiene mucho que ver con la ontología del significante  “mestizo”, esa síntesis que se generó y se genera en forma permanente. No importa de dónde provengan o como se expresen, nuestra calidad de mestizos lo hizo posible, somos necesariamente sintetizadores.
Podemos señalar como una cualidad esta fusión de los diferentes abordajes disciplinarios que se fusionan y se acercan mas a la resolución de la multiplicidad de interrogantes  que presenta la realidad.
Esta perspectiva le da originalidad a la teoría política latinoamericana como aporte a las ciencias sociales en general, y demuestra la singularidad de América para lograr el considerado y creativo trato epistemológico que debemos visibilizar para acercar diagnósticos veraces que colaboren con estos nuevos aportes al análisis integral de nuestra realidad continental.
Es absolutamente indispensable que los teóricos  en un continente como el nuestro, donde los modelos analíticos adoptados son de diferente origen pero casi siempre de inspiración europea, incorporen los novedosos argumentos que emergen de la realidad y que deberían reconocerse cuando hablamos de “teoría social latinoamericana”,  atados a una filosofía política que es necesario también proponer y diseñar. Un ejemplo de algunos de estos aportes teóricos son los de De Sousa Santos, absolutamente esclarecedores cuando señala respecto a la institucionalidad en el sur: “…voy a referirme al estado y la democracia: primer punto, vivimos un período de actos fundacionales. Es decir, pienso que sobre muchos procesos que estamos viviendo en el continente existe la sensación de que son actos fundacionales, una nueva democracia, un nuevo estado. Todo acto fundacional tiene las siguientes características: es originario, es incompleto y es confuso. Es confuso porque es semi ciego para los que lo conducen y es confuso para los que se oponen a él. Esta combinación de semiceguera y semiinvisiblidad crea confusiones propias de los procesos de transición. Claro que un proceso de este tipo exige una atención analítica, pero aquí está la dificultad: cuanto mas necesaria es la reflexión analítica, más difícil es hacerla, y eso es también típico de los procesos transicionales y fundacionales…
Hay dos conceptos que se pueden asociar a la idea de lo mestizo: Confusión y transición;(el subrayado nos pertenece)
Esta idea de fundacional en América se puede proyectar hacia atrás desde el nacimiento de la colonización y las luchas por la liberación” .
Podríamos indicar que la idea de mestizo no se asume por algunos científicos latinoamericanos por manejar epistemológicamente una conciencia exterior o falsa conciencia de quien propone el análisis, cayendo  en una falsa objetividad.
Merecen también la consideración crítica categorías indigenistas, etnicistas u originarias, que tiene como resultado  propuestas,- por ejemplo en lo político-, estériles y sin proyección o factibilidad en la mayoría de los casos ya que pivotean sobre una caracterización de “lo propio” por parte de los científicos sociales donde se reduce o se desconoce lo exigido por las comunidades que lo expresan.
Se cae en un purismo inconducente ya que los pueblos exigen otras respuestas que tienen que ver con más inclusión y participación.
Estamos indicado entonces que es imposible un abordaje epistemológico en lo social, desde categorías que nos son ajenas o insuficientes, porque no resuelven “el dato social” latinoamericano, el fenómeno Latinoamérica, e inclusive América toda en el más amplio sentido de la palabra.  Porque se aborda desde afuera o desde lo originario testimonial y no desde nuestra pertenencia mestiza, que es lo realmente originario en América, como lo entendemos aquí, desde el siglo XV y sus múltiples procesos posteriores hasta nuestra contemporaneidad.
Ciencia Social, mestizaje y conocimiento
En nuestra  “Ciencia  Social”  debemos integrar este contexto fusional. Una de las metodologías a aplicar, es la de la inducción crítica para crear otras variables (estamos manejado una herramienta de las ciencias físico-matemáticas, pero que de algún modo es imprescindible utilizar, ya que algunas herramientas de la ciencia moderna explicitan y señalan mejor nuestras conclusiones), sin caer en  modelos físicos matemáticos cuantitativos, como bien lo indica  Giovanni Sartori, en relación a las ciencias sociales y su concepción cuantitativa:  “… mis estantes están inundados de libros cuyos títulos son “metodología de las ciencias Sociales”, pero esas obras simplemente tratan sobre técnicas de investigación y procesamientos estadísticos. No tienen casi nada que ver con el “método de Logos”, con el método del pensamiento. Por lo que tenemos una ciencia deprimente que carece de método lógico y, de hecho, ignora la lógica pura y simple…. Sostengo que nuestra disciplina ha buscado su identidad en ser:
i) antiinstitucional y, en el mismo sentido, conductista
ii) progresivamente tan cuantitativa y estadística como fuera posible; y
iii) dada a privilegiar la vía de la investigación teórica a expensas del nexo entre la teoría y la práctica… ”
Se tiene tendencia a la medición y luego al uso interesado y parcial, y no a los objetivos de la ciencia pura a la que aquí adherimos y debe ser la utopia permanente, acercándonos a la potente propuesta de Husserl de ir hacia una ciencia sin compromisos, a la que inspira el conocimiento por el conocimiento mismo, inaugurando la hermenéutica como método eficaz, o por lo menos revelador, para que nos sirva como herramienta para denunciar y visibilizar situaciones de opresión, injusticia o condicionamiento.
Estamos hablando de la realidad fenoménica que es necesario comprender y que nace con Husserl, quien desarrolla y propone una teoría cognoscitiva que escapa a una parcialidad o condicionamiento ideológico o al interés parcializado de  ese positivismo determinista y clasificador  que  existía en épocas de este filósofo dentro de la ciencia europea. Debemos “aprehender” como punto de partida para lograr el conocimiento  (recomendado para quienes gustan de abordar la investigación desde categorías ajenas a  nuestra propuesta).
Este método que se dispara desde la fenomenología, sostiene la necesidad de apelar y dejar hablar al fenómeno, a “lo dado”. Estamos persuadidos de que es uno de los  instrumentos adecuados para abordar la singularidad americana y su “ontología mestiza”.
Los datos estadísticos, siempre son penumbrosos por sus grises y oscuridades,  como ocurre con la manipulación mediática interesada que estamos viviendo, negando el valor social de la interpretación, muy caro al sentir americano colectivo y que se sintetiza en la equidad y la justicia social.
Esta es una urgencia y un paradigma que estamos convencidos no debemos abandonar ni ignorar. Las variables analíticas deben atenderse y aquí no hablamos de modelo, a los efectos de no generar una inducción forzada o a los efectos de justificarlo, como ha ocurrido con el modelo neoliberal que como bien lo destaca Pierre Bourdieu, “… Esta teoría es pura ficción matemática. Se fundó desde el comienzo sobre una abstracción formidable. Pues, en nombre de la concepción estrecha y estricta de la racionalidad como racionalidad individual, en marca las condiciones económicas y sociales de las orientaciones racionales y la estructuras económicas y sociales que condicionan su aplicación… las más de las veces abstracta, libresca y teórica, están particularmente inclinados a confundir las cosas de la lógica con la lógica de las cosas…” (El subrayado nos pertenece)  .
Muchos  fenómenos que se expresan, se ignoran o peor aún se desechan. Dichos fenómenos se los aborda con categorías a priori. Esta es una herencia del deber ser, “del encontrar lo que se busca”, fijada en la médula del euro-centrismo, del pensamiento occidental, donde encontramos una racionalidad asfixiante que debemos advertir permanentemente y que en América no es conducente a un tratamiento analítico eficaz dado que activa equívocamente el a priori o “el deber ser”, cerrando los ojos a “lo que ocurre”.
Por ejemplo, hablando de teoría política, ¿podemos hablar de derecha o izquierda en América Latina? Esto está bien señalado por Ernesto Laclau  cuando nos indica que el populismo, por ejemplo, no es privativo de la dinámica izquierdista sino es una realidad que puede ser generada por una política de derecha. La apropiación de los discursos y su transformación en América son singulares, lo  debemos tener muy en cuenta. Esto tiene que ver con nuestro espíritu mestizo en el sentido de utilizar lo político para crear realidades propias y novedosas, que tienen como génesis esta mezcla de expectativas, sentires, sentimientos e ideologías que nos habitan.
La pregunta es ¿porqué ocurren?
Ante esto, deberíamos analizar si la tarea propuesta es probable o imposible. La tarea de realizar un diseño científico que nos señale los caminos por donde se desempeña la política o mejor dicho, en palabras de Chantal Mouffe, cómo se construye “lo político”  (categoría de abordaje sumamente interesante para nuestra realidad)  tomando “la política” como las formas de resolver el sentido de “lo político” y donde tiene su peso específico “el mestizaje”.
Creemos que desde los diferentes países y los diferentes cruzamientos de estas dimensiones, existen planteos novedosos acerca de la conformación o la formación del campo social y político en América; por ejemplo desde Laclau, Boaventura De Sousa Santos, Aníbal Quijano, Grosfoguel, Wallerstein, Mignolo, Dussel,  Rawls en EE.UU. y otros tantos; siempre hablando desde América, ya sea desde el propio continente o desde los países que tienen que ver con nuestra historia estrechamente, como por ejemplo Portugal y España para América Latina para señalar los países que participaron de los procesos de construcción de lo social en América, como así también  pensadores de otras latitudes que vienen reconociendo procesos similares al nuestro, que tienen que ver con el colonialismo, el racismo, la exclusión, la pobreza, etc.
Sobre éste tema de la teoría política, podríamos señalar que desde el nacimiento de la ciencia política moderna europea, el paradigma era generar metarrelatos y omnicomprensiones que explicaran todo, que encasillaran todo. Pero sabemos que no tuvieron los resultados esperados desde la perspectiva  liberal-capitalista, pasando por el positivismo y llegando al marxismo con sus mesiánicas y sus prejuiciosas ideas de progreso y evolución, sobre todo para los pueblos que quedaron afuera del desarrollo capitalista o en “la periferia”, como por ejemplo los países de América Latina que jugaron otro rol dialéctico.
También encontramos un gran esfuerzo en los cientistas políticos europeos de la modernidad, que prácticamente no consideraban América como proceso histórico emergente singular y propio,  y sin embargo son fuente para aprehender, comprender y  teorizar,  Rousseau y Locke o Hobbes y Voltaire, o Kant y Hume. También otros como Karl Marx y Engels y sus seguidores más modernos, como los marxistas de la escuela de Fráncfort, y la presencia actual de Jürguen Habermas como pensador sustancial de la filosofía política, los posestructuralistas o Antonio Gramsci, como faros conceptuales con aportes concretos pero insuficientes para entender y explicar la realidad americana y sus ricos fenómenos políticos que han ocurrido y ocurren a diario en nuestras tierras, y que proponen una comprensión y explicación desde otros tipos de omnicomprensiones, algunas racionalistas y otras racionalistas críticas, pero sin tener presente la necesidad o la conciencia de apelar a la mentada mestización que debe reconocerse y que proviene de nuestra historia como “un nosotros” occidental-americano básicamente. Ni de un lado ni del otro.
También podemos horadar la filosofía socio-política latinoamericana relativamente contemporánea y podemos incursionar por otras propuestas, que plantean categorías, algunas novedosas, pero de raigambre criolla, por ejemplo Mariátegui, Fanon, Hernández Arregui,  Jauretche, Tehotonio Dos Santos o Fals Borda, Leopoldo Zea y muchos más, en una larga y extensa lista de pensadores que produjeron y producen perspectivas analíticas en nuestro continente, que implican una celebración en relación a la novedad que significa América a través de todos los significantes teóricos que generó y genera permanentemente, producto, en gran medida, de esta realidad mestiza que siempre se ha presentado.
Y por último no podemos dejar de mencionar en estos últimos tiempos  la “contrapartida” del posmodernismo -con sus rescates de las singularidades de lo histórico-, donde tampoco estos mini relatos consiguen los resultados esperados para Latinoamérica, donde se confunden peligrosamente la pluriculturalidad con el relativismo cultural, siendo de esta manera funcional a una idea de individualismo cultural y desconociendo en nuestro caso, la ontología de lo mestizo que potencia la idea de unión y síntesis, un camino claro para concebirnos con una identidad propia.
Esta confusión trae como consecuencia lo que denominamos el peligro de generar una teoría sobre la realidad latinoamericana de tipo insular y atomizada, que en nada sirve a lo que se está llevado adelante pragmáticamente, y que señala otra voluntad política como por ejemplo está ocurriendo con la creación de “Bloques Continentales” o regionales, de defensa, emancipación y acuerdo, ya sean políticos, económicos o sociales, léase MERCOSUR, Unasur, Alba, Comunidad andina, que incluso exigen explícita e implícitamente una necesaria redefinición de la OEA, mediante el impulso de ejes de unidad y equidad auténtica,  en el esfuerzo de lograr objetivos comunes ante la necesidad de dignificarnos social, económica y culturalmente para convivir con la globalización y enfrentar el sedimento colonial o el imperialismo globalizante que se expresa en América,  por ejemplo en una ideología del poder denominada colonialidad , como señala Aníbal Quijano:“…mantener, acentuar y exasperar entre los explotados/dominados la percepción de las diferentes situaciones en relación al trabajo, a la “raza” y al “género”, ha sido y es el medio extremadamente eficaz de los capitalistas para mantener el control del poder. La colonialidad del poder ha tenido en esta historia el papel central…”,
A propósito, podríamos indicar que en este caso el mestizaje es considerado desde esta óptica del poder un tema intrascendente, negando su esencialidad, su realidad y las posibilidades de este fenómeno ya que el objetivo devastador es de continuar dividiéndonos, para someternos y subordinarnos o peor aún diluirnos y disgregarnos, ya que sustenta una ontología racista y discriminatoria en contradicción con la ontología del mestizaje que contiene la esperanza de una historia común.
Continuando con algunos aspectos de nuestra realidad singular y en relación a nuestra esencia fusional quisiéramos destacar lo que dice Benjamín Arditi  cuando se refiere al rol de las izquierdas en América Latina y la necesaria confrontación con la realidad y los efectos de las rectificaciones necesarias en las militancias políticas: “….Para ello propongo criterios de la razón teórica y de la razón práctica…El segundo conjunto de criterios se centra en la praxis de las agrupaciones de izquierda y constituye un suplemento de razón práctica. Se refiere a la identidad de estas agrupaciones que se va modificando de acuerdo a los aciertos y fracasos de sus proyectos, los distintos adversarios con los que debe enfrentarse y las representaciones que se hacen de sí misma...”.
En términos de racionalidad política, la razón práctica la definimos en este caso como la lógica de lo cotidiano, ya que no podemos pensar en el diagnóstico y menos en la acción, si no nos ponemos a indagar la razón práctica, este devenir de la cotidianeidad y la política inmersa en ella, con los discursos y relatos que genera y donde la mezcla, el cruzamiento, es un punto de partida  para una racionalidad teórica no tradicional.
Creemos que esta es la clave de nuestro análisis o de nuestras preguntas acerca de cómo es la sociedad en nuestro continente. Pensarla también desde “lo público”, donde vamos a encontrar este sustrato fusional y mestizo, y no solo lo producido normativamente por las instituciones gubernamentales, muchas veces a contramano del sentir y la construcción de lo colectivo, ya que están pautadas desde otro poder que no es el de la sociedad sino de una elite que representa  el privilegio y la exclusión.
Desde siempre la razón práctica debería haberse tenido como paradigma de análisis de la realidad integralmente, ya que América ha dado muestras históricas permanentes de participar en las decisiones más allá de sus diversas suertes, donde el compromiso y la participación de los diferentes sectores populares se hacen evidentes. Desde ahí deben nacer las preguntas y las reflexiones que queremos lograr analíticamente, como lo hizo Kant, al entender que existe una realidad concreta y cotidiana que es necesario racionalizar, mas allá que se busquen en este pensador prejuicios de tipo eurocéntricos. En nuestro análisis es necesario encontrar esas lógicas de conducta y comportamiento socio-político en nuestra cotidianeidad.
La mayoría de las veces nos acercamos a esa realidad práctica con metarrelatos y omnicomprensiones que  contienen categorías absolutamente extrañas a nuestro pensar y hacer;  sobre todo porque olvida el protagonismo de los pueblos en el desarrollo político y lo que esos pueblos van significando, ignorando sus hechos y vivencias.
Algunos fenómenos socio- políticos singulares actuales
Es importante destacar también algunos fenómenos que debemos tratar como ejemplos en los procesos latinoamericanos actuales, que tienen que ver con respuestas novedosas donde el mestizaje político debe considerarse, y que expresan respuestas más allá de lo concebido tradicionalmente. Como ejemplo podemos considerar a los movimientos sociales modernos, expresiones políticas que surgieron ante el vaciamiento político partidocrático que sufrieron la mayoría de las naciones latinoamericanas a partir de la década del 80 cuando las dictaduras fueron finalizando, y se estableció por parte de las hegemonías dominantes una estrategia de poder sustentada en el vaciamiento de contenidos programáticos de los partidos políticos, reemplazándolos perversamente por las ONGs y las asociaciones civiles, de carácter “apolítico”. Estas instituciones tenían y tienen como objetivo primordial actuar como cuenco de las expectativas y los reclamos de los diferentes actores sociales ante la falta de respuesta por parte de las estructuras tradicionales partidarias, e intentan vaciar de sentido emancipador a “lo político”, respondiendo a modelos políticos instrumentados en otras latitudes. Vale aquí citar a Jürguen Habermas cuando nos habla de la necesidad de abrir el espacio público para construir la verdadera democracia, producto de la deliberación y la participación del conjunto de los sectores sociales que están involucradas en el conflicto social que los ocupa; espacio que en América Latina fue cerrado astutamente.
Este juego perverso de dispersión, desorganización, confusión y disgregación de los problemas sociales, atenta contra el contexto integrador que necesita América Latina y que debe ser activado por la convocatoria permanente al debate y la participación.
Este vaciamiento no fue un acto por “generación espontánea”, sino  una estrategia de  las políticas de dominación que antes de  dejar de ejercer el poder represivo directo desde el estado, sistemáticamente vaciaron de contenido a los partidos políticos, sumergiéndolos en un mar de contradicciones que los dejaron sin rumbo, proyectando la construcción política como una acción que viene desde arriba, de la decisión de la superestructura, sinónimo de la política como gerenciamiento empresario sustentado en el juego libre de la oferta política y la demanda de esa misma infraestructura. Por lo tanto el  poder del dinero, el poder del mercado, es el que predominó y predomina aún en muchos países. De esa manera los recursos políticos están manejados por los que más tienen (que son los menos), apropiándose de los partidos políticos de masas y destruyendo el organizativo horizontal colectivo que propone todo partido auténticamente demoliberal, en esta etapa que como bien lo indica  Rita Segato , es más de inclusión que de lucha de clases, como se concebía de algún modo en las décadas del sesenta y el setenta.
Por todo ello es que en América surgen los movimientos sociales modernos en sus múltiples dimensiones, cubriendo viejas y nuevas necesidades, siempre con un sentido emancipador, reclamando inclusión, equidad,  igualdad y reconocimiento como expresión de lo popular y lo colectivo.
El movimiento social es una categoría sociopolítica que en América Latina se expresa singularmente, porque en principio se presenta como reclamo social y luego va ocupando el espacio político ante la falta de una partidocracia que lo contenga, y se hace  imprescindible para toda intención de construcción de poder político desde el punto de construcción de hegemonía. Aquí citamos el punto de vista de Laclau, cuando nos habla  de la creación de significantes con sentido en la construcción de hegemonías populares , redefiniendo de esta manera otra hegemonía, que está anclada en el espacio popular y que también percibimos cómo el hoy político de lo electoral en la democracia liberal, dado que  no alcanza a cubrir la expectativas de los reclamos o reivindicaciones ya que existen otros tipos de apropiación del poder político por parte de las elites reaccionarias de las estructuras políticas tradicionales para su condicionamiento y conducción.
Otras de las variables a trabajar y a tener en cuenta en la realidad latinoamericana, es el fenómeno emergente de “la protesta pública”, que significa la expresión en las calles, en el espacio público de cualquier reclamo que exigen sectores de la sociedad involucrados en el conflicto. Los americanos hemos ganado la calle y en términos políticos podemos decir el territorio, dándole al mismo una plasticidad y una extensión que rompe las fronteras tradicionales. Desde lo popular hoy existe una integración fenomenal reflejada en la movilidad territorial que surge desde esa América profunda, diluyendo los límites e integrando culturas, los sectores y las expectativas.
Nos referimos a las protestas que realizan diferentes sectores del arco social ante hechos imprevisibles y antipolíticos en pro o en contra de los gobiernos, ante la falta de consulta y debate, y que cuando continúan pueden dar nacimiento a un movimiento social, por ejemplo, o redefinir el programa de los partidos políticos. Son muy interesantes las características que se le dan en nuestro continente a ese hecho político. Un ejemplo de ello son las constantes  marchas de reclamo de justicia y seguridad que realizan sectores de la comunidad en toda América los cuales debemos analizar desde la mestización de la información y las experiencias que trasunta el colectivo americano. Cuando vemos una protesta pública quedamos asombrados de ver cómo las reivindicaciones superan el marco de Io pensado por el dirigente político, o también por el analista o cientista político.
Por último destacamos, desde el lugar del poder neoliberal también mestizo, en el sentido fusional e híbrido, la estrategia del “mensaje antipolítico” que se intenta generar en la mayoría de la sociedad latinoamericana. El objetivo es potenciar una opinión absolutamente deslegitimadora de “la política”. Ello implica acabar con esta herramienta estratégica en la construcción de lo social, y por lo tanto, debemos denunciar este tipo de operación política.
Dicha estrategia se expresa desde posiciones dominantes; aún cuando esa herramienta se reclama y exige como uno de los modos de participación propuesto por pensadores de la talla de Jürguen Habermas -de origen alemán, proveniente del pensamiento crítico europeo-, que lo ve como sustento concreto de la verdadera democracia. Sin embargo en estos casos no se responde a este principio liberal, racional y civilizado, negándose lo que no conviene a los intereses de aquellas posiciones dominantes y emergiendo descarnadamente el tema del poder.
En la sociedad  Argentina esto ha penetrado en los sectores medios proclives a este tipo de alienación. Existe una percepción muy negativa de la política y de los políticos como sector institucional o constituido. En el conjunto de América Latina es una idea generalizada que se  expresa también y sobre todo, en esa franja social que significamos como “la clase media”: estrato social con características absolutamente mestizas, del punto de vista de cómo consideremos este fenómeno en la primera parte de este trabajo, y por consecuencia son singulares estas categorías de identificación.
Subyace una flagrante contradicción con el destino histórico, revolucionario y transformador que tenía la política para la clase media o burguesa en la Europa del siglo XVIII y en relación a América se redefine este sector social antitransformador y retrógrado, aún perjudicando sus propios intereses como clase. Esto tiene que ver con el proceso de mestización de valores, expectativas e ideologías en el seno de la sociedad americana. También lo mestizo construye categorías negativas, que en este caso son funcionales a los poderes hegemónicos, que atentan contra el proceso democrático y de equidad social, y es una obligación señalarlo.
Por último debemos referirnos a una situación muy particular que ocurre en nuestro país: la estructura de poder de las corporaciones locales o transnacionales que intentan conducir los destinos políticos detrás del poder político institucional, que se hace visible y manifiesta cada vez con mayor intensidad, pero juzgamos determinante su señalamiento y visibilidad.  Hay otros países de la región que se encuentran en las mismas condiciones, léase México, Brasil, Venezuela, Ecuador y Bolivia, en fin, la mayoría.
Al referimos a la identidad socio-económica “corporación”, sabemos que es una resultante singular del desarrollo del poder económico-capitalista que en América Latina adquiere características particulares donde su carácter institucional es funcional a los poderes transnacionales, que son el factor determinante para atrasar cualquier proceso de cambio y transformación, sobre todo cuando ello pone en riesgo su poder económico, se manifiestan en general con discursos y advertencias de ingobernabilidades apocalípticas, de injusticia institucional y… ¡Autoritarismo!; tácticas típicas de estos sectores, ya que son padres de estas metodologías, sobre todo en nuestro continente.
La corporación se hace mucho más visible y determinante en el caso de los medios de comunicación. Allí encontramos una sólida estructura hegemónica, que quiere condicionar las políticas del gobierno y fijar la agenda de prioridades que se deben discutir o alentar.
Por supuesto que esta agenda quiere estar lejos de poner sus intereses en peligro.
Sabemos que existen otras variantes, pero íntimamente relacionadas con lo expresado anteriormente, otras realidades que se deben tener en cuenta porque son también esenciales  y se deben destacar, como la cuestión de la democracia en lo que hace a la auténtica representatividad y los efectos de la globalización neoliberal en nuestro continente.
También la construcción mestiza del Estado es un aspecto central en la discusión sobre América : “… antes que una materialidad institucional y burocrática, el Estado está llamado a ser el terreno de una lucha política mucho menos codificada y reglada que la lucha política convencional…”
De esta manera estamos hablando también de nuestro actual tiempo político  americano y estos emergentes de gobiernos que llamamos progresistas, para quedar menos ajustados a la concepción de “giro a la izquierda”, y no correr el riesgo de una conceptualización encorsetada, rígida, reduccionista que deja diferentes variables importantes afuera, como es el caso del peronismo en Argentina, o el lulismo en Brasil , fenómenos de mestizaje político de relevancia, dado que no existe un marco adecuado teórico para definirlos desde las categorías epistemológicas tradicionales.
La idea de “gobiernos progresistas” camina mejor, creemos que es más adecuado, generando un sistema de valores que prioriza la justicia social, la independencia económica, y la soberanía política en América Latina, que como bien indica García Linera : “…Cualquier alternativa postcapitalista es imposible a nivel local, es imposible a nivel estatal, una alternativa socialista o pongamos el nombre que queramos, post capitalista que supere las contradicciones de la sociedad moderna, de la injusta distribución de la riqueza, de la destrucción de la naturaleza, de la destrucción del ser humano, tiene que ser una obra común, universal, continental y planetaria…”,
Son formas ad-hoc, propias de esta lógica Americana,  que se construyen para  dar proyección a estas reivindicaciones estratégicas, de acuerdo a cada realidad nacional sin perder de vista la necesaria complementariedad continental y la incuestionable presencia de “la omnipresencia” de la globalización.
Guillermo Hoyos nos señala: “… lo grave es que los países de América Latina ya parecen estar metidos en los dilemas de modelos incompatibles: aliarse con los partidarios de la política del más fuerte, es decir de la amigo/enemigo, o dejarse seducir por concepciones moralistas y populistas a ultranza. La ventaja de la propuesta kantiana es la fortaleza del derecho como marco de tolerancia y dispositivo procedimental que permite desarrollar en toda su riqueza intercultural la cooperación entre los pueblos, antes de que primen la desconfianza y el temor. Precisamente en esta línea deberíamos en Latinoamérica animar la participación ciudadana y el compromiso de los medios de comunicación de suerte que se fuera creando una opinión pública que exigiera a la clase política ponderar el tema de la Unión Latinoamericana a la vez que miran los problemas internos de sus respectivas naciones…”
Y esto nos lo da la razón práctica que, en términos kantianos  podemos entender: “… La política no es solo asunto de razones sino también de voluntades, así que Kant propone conformarse con el “mal menor”, es decir, con lo posible, lo propio de la política, en este caso con el sustituto, una federación de estados…Al señalar lo propio, debemos apropiarnos de ese concepto y colocarnos como los generadores de esa situación, tenemos los derechos y las potencialidades para realizarlo”.
Y así emerge el tiempo latinoamericano actual o contemporáneo, el de la cotidianeidad, del cada día de nuestro andar, el de su institucionalidad política y de la relación con el espacio público lleno de significantes generados por los diferentes sectores sociales en sus convivencias, sus reclamos y sus reivindicaciones, llenando significados, proponiendo otros modelos y otras posibilidades; surge una ciencia socio-política que da cuenta de la construcción de esa política social colectiva, donde se sintetiza una base mestiza que la une y la identifica incluso más allá de las fronteras nacionales, mezcla y liga dentro de un contexto de democracia liberal, electoralista y parlamentaria, donde el sistema representativo o la representación política muestra serios déficits en lo que hace a su eficacia, por lo cual debemos desentrañar el porqué y cómo ocurre.
Es indudable que estamos en una situación donde debemos exigir a nuestro pensamiento crítico, y cuando lo decimos, señalamos la necesidad de un “pensamiento crítico latinoamericano”. Un pensamiento propio, donde se hace visible esa fuerte impronta de nuestra “ontología mestiza” que también oriente, señale y perciba caminos, como lo está haciendo desde diferentes ámbitos sociales y políticos, y también -enfáticamente lo señalamos-, académicos y científicos.
Hoy, ayer y antes de ayer, no hay nuevos puntos de partida, América es una continuidad que se retroalimenta a partir de sus hechos, episodios y acontecimientos novedosos.
América  hoy es redefinida como un continente que necesita establecer cuál es el eje histórico en donde se encuentra, con sus particularidades. Por ello hacemos referencia a la ontología mestiza, como una categoría que le es auténticamente propia, pero teniendo muy en cuenta que es llave para lograr la unidad, integración e inclusión , valores socio-políticos que hoy son la necesidad reclamada, exigida, y donde podemos encontrar también una universalidad en la relación América-Europa; una síntesis mestiza cualitativamente hablando.
De esta manera también podremos observar y emitir luego juicios científicos que respeten el sentir y el sentimiento de la sociedad Latinoamérica, desde donde ocupemos nuestro “locus”.
Cuando hablamos de neoliberalismo, o giro a la izquierda, o populismo en América, nos encontramos con los múltiples abordajes que realizan los especialistas, y que están disparados por una intuición preconceptual, heredada de algún modo de la pista fenomenológica, que despierta un sentimiento contrario a los modelos preestablecidos. Debemos  anclarnos en “lo propio” que comienza por “lo dado”, para luego buscar las adecuaciones teóricas utilizando muchas herramientas de la ciencia occidental, dada la naturaleza de la síntesis que significa América, y en donde predomina un auténtico sentido de fusión, de mezcla, de hibridación propia de esta ontología. Este ser mestizo que nos da nuestra singularidad en el mundo.
Buscamos realizaciones concretas y propuestas de profundización de estos procesos colectivos emancipatorios; hay naciones hermanas que están a la vanguardia de lograr estos resultados para nuestros pueblos. Debemos seguirlos atentamente, nos están orientando en muchas cosas.
Aquí está el desafío, y también el compromiso de pensar desde otro lugar: desde el nuestro, desde el lugar como americanos, desde “un nosotros” donde la síntesis cultural, social y política se manifiesta, se expresa, y ¿porqué no? se explica a sí misma. Pensar desde nuestro lugar de científicos sociales en la búsqueda de caminos para participar y colaborar en la transformación y profundización del cambio hacia un continente más justo y equitativo que nos reclamamos como americanos de bien.
Bibliografía:
Arditi Benjamin: El giro a la izquierda en América Latina: ¿una política post liberal?-Revista Ciéncias Sociais Unisinos- Setembre/dezembro 2009
Bourdieu Pierre: La esencia del neoliberalismo- Le monde Diplomatique- Diciembre -1998
De Sousa Santos Boaventura: Reinventando la emancipación social. Cuadernos de Pensamiento crítico latinoamericano- FLACSO Nº 18- 2009
De Sousa Santos Boaventura: “Reinventar la Democracia. Reinventar el estado” Colección Biblioteca de Ciencias Sociales- Clacso Libros- Buenos Aires 2006
Dussel Enrique: “Sistema mundo y transmodernidad”- Filosofía de la Liberación-
Dussel Enrique: “Europa, modernidad y eurocentrismo”. Universidad Autónoma Metropolitana Iztapalapa (UAM), México.
García Linera Álvaro: Conferencia Magistral: “La construcción del estado”-Facultad de Derecho UBA- Buenos Aires- 9 de Abril de 2010
Hoyos Guillermo: La unión Latinoamericana en el marco de la constitucionalización del derecho de gentes”-  Aula Virtual Nº 1010 "Filosofía Política de la modernidad" CLACSO 2010
Laclau Ernesto: La razón populista- FCE- 2005-
Moledo Leonardo y Olsevicki Nicolás: Diálogo con Ernesto Laclau, teórico Político, autor de “La razón populista”- Revista Redacción Popular- Honduras- 2007
Mouffe Chantal: En torno a lo político- FCE. 2007-
Quijano Aníbal: Colonialidad del poder y clasificación social. Journal of World-System Research
Ribeiro Darcy: Las Américas y La civilización- Tomo 1 La civilización Occidental y nosotros -  Cuadernos latinoamericanos- Centro editor de América Latina-
Sartori Giovanni: “Hacia donde va la ciencia política” -Revista Política y Gobierno-Vol.XI Numero 2- 2004
Segato Rita Laura:  La Nación y sus otros. Ed. Prometeo. Buenos Aires-2007
Lic. Daniel Armando López
Fundación Saltamérica
Salta-Argentina

Titulo de la Ponencia:
“Teoría Social y mestizaje en América”
Autor: Lic. Daniel Armando LópezFundación Saltamérica ( FUNSAM)Salta- Argentina

ALAS (Asociación Latinoamericana de Sociología) 
XXVIII Congreso Internacional da Associaçâo Latinoamericana de Sociologia
RECIFE 2011
Grupo de Trabajo 17Pensamiento latinoamericano y teoría social

“Mi país es toda la América”
José de San Martín -1822
Si leemos históricamente a América Latina, vamos a encontrarnos con procesos y episodios centrales que muchas veces no encuentran una lógica epistemológica social clásica heredada de la modernidad y sus categorías para describirlos, y menos aun para compararlos. 
¿Qué significa entonces esta situación para un pensador social? En América Latina, significa la necesidad de indagar, de preguntarle a nuestra realidad acerca de los fenómenos que ocurren; qué tienen de propio, de original; cuánto de historia y memoria en lo que hace a las tradiciones originarias;  qué tienen de mezcla o fusión con los valores epistemológicos occidentales producto de la  dinámica negativa del colonialismo y la positiva de los fenómenos de emancipación, o de los movimientos de  migración-expulsión a que nos tiene acostumbrados la historia de América y los criterios analíticos  permanentes que impregnan toda esa realidad, y en nuestro caso - como científicos sociales -, señalan y condicionan el destino ineludible de la ciencia socio-política latinoamericana, receptora teórica  de estos fenómenos.
Al fenómeno social latinoamericano debemos escucharlo, que nos hable con sus propias palabras, someternos a sus discursos.
Es evidente que interrogar a América desde este horizonte científico-político tiene su desafío. 
Por ejemplo, las tradiciones teóricas-estructurales de la modernidad en el campo de las explicaciones de las  construcciones sociales, son resignificadas  en casi todos los países de América, sobre todo a partir de los siglos XIX y XX. 
Es ineludible que América es una tierra de un “nosotros mestizo”, donde la mezcla, la hibridación, la amalgama, la fusión, la síntesis, es “lo dado”, lo que emerge, lo que resulta; el concepto mestizo que utilizamos se abre en el más amplio sentido de la palabra, constituyéndose en un verdadero “universo significador” que nos abarca y nos reencuentra y que también nos coloca en situación de debate en función de preguntarnos “¿qué somos los americanos?”, y por ello la vigencia dinámica de este universo fusional, singular, propio, que nos hace percibir las diferencias y que nos sitúa frente al mundo desde un lugar propio y singular.
Este proceso de fusión fue negado y fue también uno de los puntos de partida para el nacimiento, fortalecimiento y construcción de la centralidad moderna europea,  anclada en una relación  de dominación-explotación con  América, a quien desconoció en primer lugar como sociedad emergente con valor propio, estandarizando una respuesta ideológica excluyente, negadora y euro-céntrica donde la fusión  que se producía no fue considerada ni práctica ni teóricamente.
Es indudable este punto de vista ideológico conquistador y colonizante europeo, como bien indica Enrique Dussel  cuando sostiene: “se entiende que la “modernidad” de Europa será despliegue de posibilidades que se abren desde su “centralidad” en la Historia Mundial, y la constitución de todas las otras culturas como su “ periferia”, podrá comprenderse el que, aunque toda cultura es etnocéntrica, el etnocentrismo europeo moderno es el único que puede pretender identificarse con la “Universalidad-mundialidad”. El “eurocentrismo” de la Modernidad es exactamente el haber confundido la universalidad abstracta con la mundialidad concreta hegemonizada por Europa como “centro”.
Afirmamos que los americanos somos hijos de un mestizaje que en muchos casos se niega y en otros se manipula, ya sea biológico, ya sea  socio-cultural,  y con una relación singular, condicionante y resignificadora  con el medio ambiente. Y decimos mestizaje en el más amplio sentido de la palabra: horizontal y verticalmente, atravesando todo el universo de la americanidad, marcado ostensiblemente por el mestizaje biológico pero que penetra radicalmente lo socio-cultural en sentido más amplio, más allá de las consecuencias de la ineludible globalización contemporánea; este fenómeno se da desde los orígenes colonizadores conjuntamente en la América Latina como  en la América Anglosajona, llega  hasta nuestros días, lo que redefine, amplía y fortalece una entidad cultural singular para América, que señalamos como  “el universo mestizo americano”.
Aquí se hace necesario precisar lo mestizo y esto lo vamos comprender claramente desde  la definición clásica de mestizaje: “Mestizaje es el encuentro biológico y cultural de etnias diferentes, en el que éstas se mezclan, dando origen a nuevas razas. Se utiliza con frecuencia este término para describir el proceso histórico sucedido en Iberoamérica que la llevó a su estado racial y cultural actual. En la historia de las naciones modernas, el mestizaje fue atravesado por numerosos factores, como el clima, las particularidades culturales de cada comunidad, u otros aspectos que provocaron que en diferentes regiones dentro de un mismo país, el mestizaje haya sucedido en diferentes ritmos y grados de profundidad. El ejemplo latinoamericano es notable, puesto que ejemplifica una mezcla étnica expandida por gran parte del territorio ”.
Enfatizamos la idea de  esta mestización integral, que llega a todos los lugares de la existencia identitaria americana: en lo cultural, en lo social, en lo económico, en lo político, en lo estético, en lo científico y en lo  filosófico, y que en nuestro caso  debe ser la fuente desde donde partamos para nuestra analítica propositiva.
Queremos dejar aclarado que hablamos del proceso histórico de fusión y no del concepto de mestizaje manipulado como categoría política, que algunas elites americanas se apropiaron y se apropian para justificar poder o subalternizar, como bien lo destaca Rita Segato cuando habla sobre todo de Brasil (por nuestra parte agregaríamos a México y otros países de Centroamérica y sus elites como apropiadoras de esta categoría): “ el control territorial consolidado de elites criollas regionales o nacionales, blanqueadas y eurocéntricas, auto declaradas “ mestizas” cuando desean defender sus posesiones nacionales frente al otro metropolitano o inscribir en su heráldica los iconos “ folklóricos” de las tradiciones que florecen en sus dominios, y pretendidamente “blancas” cuando quieren diferenciarse de aquellos a quienes despojan en esos territorios” .
Con esta perspectiva comienza un camino esencial para pensar a América desde otro lugar, aun más cuando necesitamos preveer, diagnosticar con cierto margen de acierto, pensando el futuro y donde su sentido reconozca el “nosotros”, una categoría que contextualiza esta “ontología del mestizaje”, porque no somos ni una centralidad europea ni una otredad “americana” originaria, más allá del tratamiento de algunos especialistas que en el intento de singularizar lo americano caen en un exceso peligroso, que nos deja sin categorías analíticas muchas veces; reduciendo en el análisis la participación  de la mayoría de los americanos  que afecta también  al universalidad que tiene América.
Tratamos de recuperar un colectivo americano donde la mayoría de los cientistas sociales o políticos, sobre todo americanos, queden involucrados por su origen de pertenencia a ese otro, del cual tanto se señala y analiza.
Debemos explicar lo que genera y generó este amalgamiento -de esta tamaña envergadura en nuestro continente-, entre culturas, sentidos, confluencias, fusiones y mezclas que será saludable reconocer, por los interrogantes a develar y a resolver a partir de este metafenómeno.
Este “locus”, este “pensamiento situado mestizo” donde nos hallamos, es necesario hacerlo conciente buscando otras maneras y categorías para nuestras propuestas analíticas, de lo contrario se corre el riesgo de  resultados escasos y empobrecidos, cayendo más en expresiones de deseo que en diagnósticos factibles y consolidados, resultantes de una actitud contradictoria y parcializada, propia de un contexto ideológico cultural de origen europeo que potencia más la necesidad de “un deber ser” que de una realidad dada: “lo americano”, nuestro propio pensar y actuar.
En el comienzo de este trabajo señalamos líneas de mestización integral, porque es aquí donde surgen claves históricas desde la perspectiva acuñada, la cual contiene el siguiente contexto histórico que generó este mestizaje:
1) Despoblamiento vertiginoso de América a partir del Siglo XV. 
2) Redefinición de la relación con el medio ambiente dadas las características de América en vinculación a los procesos económicos  de explotación y producción. 
3) Incorporación de masas migratorias aluvionales, masivas, forzosas y voluntarias, en forma frecuente y permanente.
Se trata de un fenómeno colonizador que duró más de  tres siglos, absolutamente singular en lo que hace al proceso de mestización y no encuentra parangón en ningún proceso similar colonizador de otro lugar del mundo, -léase África, Asia u Oceanía-,  que muchos científicos sociales o pensadores nos hablan de africanismo ,orientalismo, o subalternismo en estos casos.
Las condiciones, los intereses y las expectativas de los colonizadores en América fueron distintas, con otras intenciones y con otros objetivos coloniales, y generaron este fenomenal proceso  de mestizaje, siempre considerado de una manera integral. 
Luego, en los procesos independentistas del siglo XVIII, la ideología liberal y romántica de la época europea constituyó síntesis ideológicas mestizas muy particulares en la concepción de nuestras idiosincrasias criollas protagonistas, como por ejemplo en Bolívar y en San Martín que concebían una realeza incaica para conducir los destinos políticos de América Latina, una novedad de la época y una emergencia procedimental socio-política singular en relación al proceso emancipador que nacía, donde se sintetizaba la recuperación de lo originario con las ideas europeas que generaban las ideas libertarias en nuestros hombres de la independencia.
Luego, desde el siglo XIX, en algunas regiones, hubo una llegada masiva de inmigrantes (italianos,  españoles, germanos, anglosajones o asiáticos) que se fueron integrando, que redefinieron lo social y por consecuencia “la política” en estos dos últimos siglos, debido a su aluvional presencia, sobre todo en Argentina, Uruguay, Sureste del Brasil, Chile, y Costa Rica con su particular proceso de poblamiento en Centro América.
Si hablamos de América del Norte (EE.UU. y Canadá) el mestizaje tiene que ver con las migraciones inglesas, irlandesas y francesas de la época de la colonización o, en los dos últimos siglos, los españoles, italianos y de otras nacionalidades que arribaron también  a este continente en forma aluvional. Es de destacar que en la época de la colonización, los pueblos originarios quedaron prácticamente arrinconados y casi sin participación en el conformación de lo nacional en América del Norte, por lo tanto el mestizaje biológico quedó de lado, dándose  por parte de los que llegaban una particular relación con el medio ambiente que determinó un mestizaje que tiene que ver con esta relación, y un tratamiento particular del mismo por las elites y su condicionamiento en la conducta cultural en sentido lato.
Otra razón fundante que hay que sumar en América del Norte, es que la migración  anglo-sajona trajo un espíritu religioso que produjo una relación de distanciamiento con los pueblos originarios, y al mismo tiempo una relación de rechazo con la Europa que se abandonaba. Esto generó un proceso de mestizaje con sus singularidades, pero mestizaje al fin, que tiene mucho que ver con la ontología que estamos destacando.
En “Nuestra América”, asumiendo a José Martí y su sentido de pertenencia hablando de América Latina, reconocemos esta singular situación donde cada uno de los americanos se siente dueño y partícipe del destino de este continente, con resultados sociales y políticos de diferente resolución, sea cual sea la latitud. Es una categoría del mestizaje el hecho de identificarnos muchas veces con la tierra donde uno nace más que por nuestra ascendencia; cabe destacar esta particularidad en la vivencia de los americanos.
Los americanos pensamos desde “el encuentro” y ahí percibimos la diferencia: desde el contacto, no desde los preconceptos o esquemas ideológicos previos, esta es una categoría singular, ya que “si no nos encontramos no nos reconocemos de una manera u otra, incluyendo o excluyendo”, proceso que hoy se trasunta en una versión potente, donde se reinventa el sentido del encuentro y también se potencia el trabajo en común de los objetivos emancipadores.
En principio debemos recoger lo expresado o producido por las culturas locales, las elites coloniales y las migraciones aluvionales, y sustanciarlas con lo que emerge de la cultura occidental u otras. Qué ocurrió y ocurre con sus encuentros, lo que se da y dejó todo este proceso de fusión desde la conquista hasta nuestros días en relación a nuestras identidades y nuestra comprensión del mundo. 
Somos y hemos sido una experiencia novedosa en lo que hace a crear estructuras socio-políticas e institucionales, resultado también del más intenso proceso de mestizaje ideológico que conoce la historia.
Como una consideración general podemos señalar que en Argentina, Brasil,  Chile,  Uruguay,  Paraguay,  Costa Rica,  Cuba,  el Caribe insular y Venezuela,  la  génesis indígena no tiene gravitación en la construcción de lo nacional, sobre todo cuando nos referimos a instituciones socio- políticas, porque sus pueblos originarios desaparecieron rápidamente en el proceso de la conquista y la colonización, o quedaron en su mínima expresión, y por consecuencia perdieron su peso específico en la conformación socio-política de estas naciones. No vamos a entrar en el porqué, ya que hay mucha historiografía que lo explica, aunque la ecuación histórica fue muy simple “epidemias más explotación”. Un genocidio conciente e inconciente.
En otros países hermanos el sustento indígena sobrevivió y hoy sobresale con una fuerza inusitada, como por ejemplo Bolivia, Ecuador, Perú, México y Guatemala.  , también por razones de tipo de producción y explotación. 
Sin embargo es notable la sustancia común que nos convoca a la unidad y la alianza, “El aspecto más positivo de la identidades políticas es crear soporte nominativo para la constitución de comunidades a partir -y a posteriori-, del reconocimiento de un sufrimiento compartido es que sea necesaria la base para una cultura común” .1 rita segato
Debemos rastrear en esta idea, el reconocimiento de historias comunes, que nos unen y nos identifican, producto de ese amplio abanico de formas colonialistas que se ejercieron  y que mayoritariamente nos convocan a una experiencia común y colectiva.
No desconocemos y acordamos con Darcy Ribeiro quien ya en la década de 1960 señalaba que en América Latina existía una necesaria clasificación operativa en lo que hacía al origen de las sociedades nacionales, y distinguía a los pueblos testimonios, los pueblos trasplantados y los pueblos nuevos, producto de sus génesis como sociedades nacionales con vertientes comunes en la intención económica productiva del colonizador, que confluyen en la conformación de la América actual. 
Más allá de discutir matices de esta teoría, Ribeiro, inaugura categorías de análisis y contextos históricos-sociales de donde deducimos que la realidad latinoamericana significó diferencias, pero observamos también un intenso mestizaje, lo que implicó e implica: pluralidad, hibridación, mezcla y fusión.
Es uno de los intentos teóricos pioneros para explicar el desarrollo socio-cultural en el amplio sentido de la palabra América: múltiples significantes emergen, se proyectan y sintetizan en distintos significados sociales. 
De cualquier modo podemos señalar que múltiples categorías abundan en los diseños analíticos por parte de los cientistas sociales con múltiples ejemplos en toda América, tomando en muchos casos las categorías y vinculándolas parcialmente, en otros casos tratando de integrarlas en forma total, esto tiene que ver con la ansiedad teórica-fusional, si se nos permite la idea, que responde a esta conciencia mestiza desde donde pensamos y  que nos obligan los acontecimientos históricos que ocurrieron y ocurren en el continente.
Esto no significa un relativismo cultural y en consecuencia un relativismo social y político inasible científicamente, y si así lo pareciese sería un condicionamiento axiológico fuera de contexto, condicionado por una “ideología de la modernidad” que debemos desafiar epistemológicamente buscar un camino común para comprender el proceso latinoamericano en general, donde lo mestizo da cuenta de las fusiones y las síntesis. 
En América Latina los que hablan de ciencia social y política incursionan también por la filosofía y la teoría. Pareciera que esta es una de las singularidades de las ciencias sociales en el continente, romper los límites epistemológicos tradicionales, y las clasificaciones determinantes para trabajar con el abanico de posibilidades analíticas que nos muestra América, y que la mayoría de los que la piensan las intuyen. 
La fusión de diferentes ámbitos científicos es producto también de un déficit en el método o la epistemología occidental para entender nuestros fenómenos sociales reduciendo la perspectiva, cuando separa y clasifica. Esta fusión va hacia un develamiento de la ontología social latinoamericana que tiene mucho que ver con la ontología del significante  “mestizo”, esa síntesis que se generó y se genera en forma permanente. No importa de dónde provengan o como se expresen, nuestra calidad de mestizos lo hizo posible, somos necesariamente sintetizadores.
Podemos señalar como una cualidad esta fusión de los diferentes abordajes disciplinarios que se fusionan y se acercan mas a la resolución de la multiplicidad de interrogantes  que presenta la realidad.
Esta perspectiva le da originalidad a la teoría política latinoamericana como aporte a las ciencias sociales en general, y demuestra la singularidad de América para lograr el considerado y creativo trato epistemológico que debemos visibilizar para acercar diagnósticos veraces que colaboren con estos nuevos aportes al análisis integral de nuestra realidad continental. 
Es absolutamente indispensable que los teóricos  en un continente como el nuestro, donde los modelos analíticos adoptados son de diferente origen pero casi siempre de inspiración europea, incorporen los novedosos argumentos que emergen de la realidad y que deberían reconocerse cuando hablamos de “teoría social latinoamericana”,  atados a una filosofía política que es necesario también proponer y diseñar. Un ejemplo de algunos de estos aportes teóricos son los de De Sousa Santos, absolutamente esclarecedores cuando señala respecto a la institucionalidad en el sur: “…voy a referirme al estado y la democracia: primer punto, vivimos un período de actos fundacionales. Es decir, pienso que sobre muchos procesos que estamos viviendo en el continente existe la sensación de que son actos fundacionales, una nueva democracia, un nuevo estado. Todo acto fundacional tiene las siguientes características: es originario, es incompleto y es confuso. Es confuso porque es semi ciego para los que lo conducen y es confuso para los que se oponen a él. Esta combinación de semiceguera y semiinvisiblidad crea confusiones propias de los procesos de transición. Claro que un proceso de este tipo exige una atención analítica, pero aquí está la dificultad: cuanto mas necesaria es la reflexión analítica, más difícil es hacerla, y eso es también típico de los procesos transicionales y fundacionales…
Hay dos conceptos que se pueden asociar a la idea de lo mestizo: Confusión y transición;(el subrayado nos pertenece)
Esta idea de fundacional en América se puede proyectar hacia atrás desde el nacimiento de la colonización y las luchas por la liberación” .
Podríamos indicar que la idea de mestizo no se asume por algunos científicos latinoamericanos por manejar epistemológicamente una conciencia exterior o falsa conciencia de quien propone el análisis, cayendo  en una falsa objetividad. 
Merecen también la consideración crítica categorías indigenistas, etnicistas u originarias, que tiene como resultado  propuestas,- por ejemplo en lo político-, estériles y sin proyección o factibilidad en la mayoría de los casos ya que pivotean sobre una caracterización de “lo propio” por parte de los científicos sociales donde se reduce o se desconoce lo exigido por las comunidades que lo expresan.
Se cae en un purismo inconducente ya que los pueblos exigen otras respuestas que tienen que ver con más inclusión y participación.
Estamos indicado entonces que es imposible un abordaje epistemológico en lo social, desde categorías que nos son ajenas o insuficientes, porque no resuelven “el dato social” latinoamericano, el fenómeno Latinoamérica, e inclusive América toda en el más amplio sentido de la palabra.  Porque se aborda desde afuera o desde lo originario testimonial y no desde nuestra pertenencia mestiza, que es lo realmente originario en América, como lo entendemos aquí, desde el siglo XV y sus múltiples procesos posteriores hasta nuestra contemporaneidad. 
Ciencia Social, mestizaje y conocimiento
En nuestra  “Ciencia  Social”  debemos integrar este contexto fusional. Una de las metodologías a aplicar, es la de la inducción crítica para crear otras variables (estamos manejado una herramienta de las ciencias físico-matemáticas, pero que de algún modo es imprescindible utilizar, ya que algunas herramientas de la ciencia moderna explicitan y señalan mejor nuestras conclusiones), sin caer en  modelos físicos matemáticos cuantitativos, como bien lo indica  Giovanni Sartori, en relación a las ciencias sociales y su concepción cuantitativa:  “… mis estantes están inundados de libros cuyos títulos son “metodología de las ciencias Sociales”, pero esas obras simplemente tratan sobre técnicas de investigación y procesamientos estadísticos. No tienen casi nada que ver con el “método de Logos”, con el método del pensamiento. Por lo que tenemos una ciencia deprimente que carece de método lógico y, de hecho, ignora la lógica pura y simple…. Sostengo que nuestra disciplina ha buscado su identidad en ser:
i) antiinstitucional y, en el mismo sentido, conductista
ii) progresivamente tan cuantitativa y estadística como fuera posible; y
iii) dada a privilegiar la vía de la investigación teórica a expensas del nexo entre la teoría y la práctica…”
Se tiene tendencia a la medición y luego al uso interesado y parcial, y no a los objetivos de la ciencia pura a la que aquí adherimos y debe ser la utopia permanente, acercándonos a la potente propuesta de Husserl de ir hacia una ciencia sin compromisos, a la que inspira el conocimiento por el conocimiento mismo, inaugurando la hermenéutica como método eficaz, o por lo menos revelador, para que nos sirva como herramienta para denunciar y visibilizar situaciones de opresión, injusticia o condicionamiento.
Estamos hablando de la realidad fenoménica que es necesario comprender y que nace con Husserl, quien desarrolla y propone una teoría cognoscitiva que escapa a una parcialidad o condicionamiento ideológico o al interés parcializado de  ese positivismo determinista y clasificador  que  existía en épocas de este filósofo dentro de la ciencia europea. Debemos “aprehender” como punto de partida para lograr el conocimiento  (recomendado para quienes gustan de abordar la investigación desde categorías ajenas a  nuestra propuesta).
Este método que se dispara desde la fenomenología, sostiene la necesidad de apelar y dejar hablar al fenómeno, a “lo dado”. Estamos persuadidos de que es uno de los  instrumentos adecuados para abordar la singularidad americana y su “ontología mestiza”.
Los datos estadísticos, siempre son penumbrosos por sus grises y oscuridades,  como ocurre con la manipulación mediática interesada que estamos viviendo, negando el valor social de la interpretación, muy caro al sentir americano colectivo y que se sintetiza en la equidad y la justicia social.
Esta es una urgencia y un paradigma que estamos convencidos no debemos abandonar ni ignorar. Las variables analíticas deben atenderse y aquí no hablamos de modelo, a los efectos de no generar una inducción forzada o a los efectos de justificarlo, como ha ocurrido con el modelo neoliberal que como bien lo destaca Pierre Bourdieu, “… Esta teoría es pura ficción matemática. Se fundó desde el comienzo sobre una abstracción formidable. Pues, en nombre de la concepción estrecha y estricta de la racionalidad como racionalidad individual, en marca las condiciones económicas y sociales de las orientaciones racionales y la estructuras económicas y sociales que condicionan su aplicación… las más de las veces abstracta, libresca y teórica, están particularmente inclinados a confundir las cosas de la lógica con la lógica de las cosas…” (El subrayado nos pertenece)  .
Muchos  fenómenos que se expresan, se ignoran o peor aún se desechan. Dichos fenómenos se los aborda con categorías a priori. Esta es una herencia del deber ser, “del encontrar lo que se busca”, fijada en la médula del euro-centrismo, del pensamiento occidental, donde encontramos una racionalidad asfixiante que debemos advertir permanentemente y que en América no es conducente a un tratamiento analítico eficaz dado que activa equívocamente el a priori o “el deber ser”, cerrando los ojos a “lo que ocurre”. 
Por ejemplo, hablando de teoría política, ¿podemos hablar de derecha o izquierda en América Latina? Esto está bien señalado por Ernesto Laclau  cuando nos indica que el populismo, por ejemplo, no es privativo de la dinámica izquierdista sino es una realidad que puede ser generada por una política de derecha. La apropiación de los discursos y su transformación en América son singulares, lo  debemos tener muy en cuenta. Esto tiene que ver con nuestro espíritu mestizo en el sentido de utilizar lo político para crear realidades propias y novedosas, que tienen como génesis esta mezcla de expectativas, sentires, sentimientos e ideologías que nos habitan.
La pregunta es ¿porqué ocurren?
Ante esto, deberíamos analizar si la tarea propuesta es probable o imposible. La tarea de realizar un diseño científico que nos señale los caminos por donde se desempeña la política o mejor dicho, en palabras de Chantal Mouffe, cómo se construye “lo político”  (categoría de abordaje sumamente interesante para nuestra realidad)  tomando “la política” como las formas de resolver el sentido de “lo político” y donde tiene su peso específico “el mestizaje”. 
Creemos que desde los diferentes países y los diferentes cruzamientos de estas dimensiones, existen planteos novedosos acerca de la conformación o la formación del campo social y político en América; por ejemplo desde Laclau, Boaventura De Sousa Santos, Aníbal Quijano, Grosfoguel, Wallerstein, Mignolo, Dussel,  Rawls en EE.UU. y otros tantos; siempre hablando desde América, ya sea desde el propio continente o desde los países que tienen que ver con nuestra historia estrechamente, como por ejemplo Portugal y España para América Latina para señalar los países que participaron de los procesos de construcción de lo social en América, como así también  pensadores de otras latitudes que vienen reconociendo procesos similares al nuestro, que tienen que ver con el colonialismo, el racismo, la exclusión, la pobreza, etc.
Sobre éste tema de la teoría política, podríamos señalar que desde el nacimiento de la ciencia política moderna europea, el paradigma era generar metarrelatos y omnicomprensiones que explicaran todo, que encasillaran todo. Pero sabemos que no tuvieron los resultados esperados desde la perspectiva  liberal-capitalista, pasando por el positivismo y llegando al marxismo con sus mesiánicas y sus prejuiciosas ideas de progreso y evolución, sobre todo para los pueblos que quedaron afuera del desarrollo capitalista o en “la periferia”, como por ejemplo los países de América Latina que jugaron otro rol dialéctico. 
También encontramos un gran esfuerzo en los cientistas políticos europeos de la modernidad, que prácticamente no consideraban América como proceso histórico emergente singular y propio,  y sin embargo son fuente para aprehender, comprender y  teorizar,  Rousseau y Locke o Hobbes y Voltaire, o Kant y Hume. También otros como Karl Marx y Engels y sus seguidores más modernos, como los marxistas de la escuela de Fráncfort, y la presencia actual de Jürguen Habermas como pensador sustancial de la filosofía política, los posestructuralistas o Antonio Gramsci, como faros conceptuales con aportes concretos pero insuficientes para entender y explicar la realidad americana y sus ricos fenómenos políticos que han ocurrido y ocurren a diario en nuestras tierras, y que proponen una comprensión y explicación desde otros tipos de omnicomprensiones, algunas racionalistas y otras racionalistas críticas, pero sin tener presente la necesidad o la conciencia de apelar a la mentada mestización que debe reconocerse y que proviene de nuestra historia como “un nosotros” occidental-americano básicamente. Ni de un lado ni del otro. 
También podemos horadar la filosofía socio-política latinoamericana relativamente contemporánea y podemos incursionar por otras propuestas, que plantean categorías, algunas novedosas, pero de raigambre criolla, por ejemplo Mariátegui, Fanon, Hernández Arregui,  Jauretche, Tehotonio Dos Santos o Fals Borda, Leopoldo Zea y muchos más, en una larga y extensa lista de pensadores que produjeron y producen perspectivas analíticas en nuestro continente, que implican una celebración en relación a la novedad que significa América a través de todos los significantes teóricos que generó y genera permanentemente, producto, en gran medida, de esta realidad mestiza que siempre se ha presentado. 
Y por último no podemos dejar de mencionar en estos últimos tiempos  la “contrapartida” del posmodernismo -con sus rescates de las singularidades de lo histórico-, donde tampoco estos mini relatos consiguen los resultados esperados para Latinoamérica, donde se confunden peligrosamente la pluriculturalidad con el relativismo cultural, siendo de esta manera funcional a una idea de individualismo cultural y desconociendo en nuestro caso, la ontología de lo mestizo que potencia la idea de unión y síntesis, un camino claro para concebirnos con una identidad propia. 
Esta confusión trae como consecuencia lo que denominamos el peligro de generar una teoría sobre la realidad latinoamericana de tipo insular y atomizada, que en nada sirve a lo que se está llevado adelante pragmáticamente, y que señala otra voluntad política como por ejemplo está ocurriendo con la creación de “Bloques Continentales” o regionales, de defensa, emancipación y acuerdo, ya sean políticos, económicos o sociales, léase MERCOSUR, Unasur, Alba, Comunidad andina, que incluso exigen explícita e implícitamente una necesaria redefinición de la OEA, mediante el impulso de ejes de unidad y equidad auténtica,  en el esfuerzo de lograr objetivos comunes ante la necesidad de dignificarnos social, económica y culturalmente para convivir con la globalización y enfrentar el sedimento colonial o el imperialismo globalizante que se expresa en América,  por ejemplo en una ideología del poder denominada colonialidad , como señala Aníbal Quijano:“…mantener, acentuar y exasperar entre los explotados/dominados la percepción de las diferentes situaciones en relación al trabajo, a la “raza” y al “género”, ha sido y es el medio extremadamente eficaz de los capitalistas para mantener el control del poder. La colonialidad del poder ha tenido en esta historia el papel central…”, 
A propósito, podríamos indicar que en este caso el mestizaje es considerado desde esta óptica del poder un tema intrascendente, negando su esencialidad, su realidad y las posibilidades de este fenómeno ya que el objetivo devastador es de continuar dividiéndonos, para someternos y subordinarnos o peor aún diluirnos y disgregarnos, ya que sustenta una ontología racista y discriminatoria en contradicción con la ontología del mestizaje que contiene la esperanza de una historia común.
Continuando con algunos aspectos de nuestra realidad singular y en relación a nuestra esencia fusional quisiéramos destacar lo que dice Benjamín Arditi  cuando se refiere al rol de las izquierdas en América Latina y la necesaria confrontación con la realidad y los efectos de las rectificaciones necesarias en las militancias políticas: “….Para ello propongo criterios de la razón teórica y de la razón práctica…El segundo conjunto de criterios se centra en la praxis de las agrupaciones de izquierda y constituye un suplemento de razón práctica. Se refiere a la identidad de estas agrupaciones que se va modificando de acuerdo a los aciertos y fracasos de sus proyectos, los distintos adversarios con los que debe enfrentarse y las representaciones que se hacen de sí misma...”. 
En términos de racionalidad política, la razón práctica la definimos en este caso como la lógica de lo cotidiano, ya que no podemos pensar en el diagnóstico y menos en la acción, si no nos ponemos a indagar la razón práctica, este devenir de la cotidianeidad y la política inmersa en ella, con los discursos y relatos que genera y donde la mezcla, el cruzamiento, es un punto de partida  para una racionalidad teórica no tradicional. 
Creemos que esta es la clave de nuestro análisis o de nuestras preguntas acerca de cómo es la sociedad en nuestro continente. Pensarla también desde “lo público”, donde vamos a encontrar este sustrato fusional y mestizo, y no solo lo producido normativamente por las instituciones gubernamentales, muchas veces a contramano del sentir y la construcción de lo colectivo, ya que están pautadas desde otro poder que no es el de la sociedad sino de una elite que representa  el privilegio y la exclusión. 
Desde siempre la razón práctica debería haberse tenido como paradigma de análisis de la realidad integralmente, ya que América ha dado muestras históricas permanentes de participar en las decisiones más allá de sus diversas suertes, donde el compromiso y la participación de los diferentes sectores populares se hacen evidentes. Desde ahí deben nacer las preguntas y las reflexiones que queremos lograr analíticamente, como lo hizo Kant, al entender que existe una realidad concreta y cotidiana que es necesario racionalizar, mas allá que se busquen en este pensador prejuicios de tipo eurocéntricos. En nuestro análisis es necesario encontrar esas lógicas de conducta y comportamiento socio-político en nuestra cotidianeidad.
La mayoría de las veces nos acercamos a esa realidad práctica con metarrelatos y omnicomprensiones que  contienen categorías absolutamente extrañas a nuestro pensar y hacer;  sobre todo porque olvida el protagonismo de los pueblos en el desarrollo político y lo que esos pueblos van significando, ignorando sus hechos y vivencias.
Algunos fenómenos socio- políticos singulares actuales
Es importante destacar también algunos fenómenos que debemos tratar como ejemplos en los procesos latinoamericanos actuales, que tienen que ver con respuestas novedosas donde el mestizaje político debe considerarse, y que expresan respuestas más allá de lo concebido tradicionalmente. Como ejemplo podemos considerar a los movimientos sociales modernos, expresiones políticas que surgieron ante el vaciamiento político partidocrático que sufrieron la mayoría de las naciones latinoamericanas a partir de la década del 80 cuando las dictaduras fueron finalizando, y se estableció por parte de las hegemonías dominantes una estrategia de poder sustentada en el vaciamiento de contenidos programáticos de los partidos políticos, reemplazándolos perversamente por las ONGs y las asociaciones civiles, de carácter “apolítico”. Estas instituciones tenían y tienen como objetivo primordial actuar como cuenco de las expectativas y los reclamos de los diferentes actores sociales ante la falta de respuesta por parte de las estructuras tradicionales partidarias, e intentan vaciar de sentido emancipador a “lo político”, respondiendo a modelos políticos instrumentados en otras latitudes. Vale aquí citar a Jürguen Habermas cuando nos habla de la necesidad de abrir el espacio público para construir la verdadera democracia, producto de la deliberación y la participación del conjunto de los sectores sociales que están involucradas en el conflicto social que los ocupa; espacio que en América Latina fue cerrado astutamente. 
Este juego perverso de dispersión, desorganización, confusión y disgregación de los problemas sociales, atenta contra el contexto integrador que necesita América Latina y que debe ser activado por la convocatoria permanente al debate y la participación.
Este vaciamiento no fue un acto por “generación espontánea”, sino  una estrategia de  las políticas de dominación que antes de  dejar de ejercer el poder represivo directo desde el estado, sistemáticamente vaciaron de contenido a los partidos políticos, sumergiéndolos en un mar de contradicciones que los dejaron sin rumbo, proyectando la construcción política como una acción que viene desde arriba, de la decisión de la superestructura, sinónimo de la política como gerenciamiento empresario sustentado en el juego libre de la oferta política y la demanda de esa misma infraestructura. Por lo tanto el  poder del dinero, el poder del mercado, es el que predominó y predomina aún en muchos países. De esa manera los recursos políticos están manejados por los que más tienen (que son los menos), apropiándose de los partidos políticos de masas y destruyendo el organizativo horizontal colectivo que propone todo partido auténticamente demoliberal, en esta etapa que como bien lo indica  Rita Segato , es más de inclusión que de lucha de clases, como se concebía de algún modo en las décadas del sesenta y el setenta.
Por todo ello es que en América surgen los movimientos sociales modernos en sus múltiples dimensiones, cubriendo viejas y nuevas necesidades, siempre con un sentido emancipador, reclamando inclusión, equidad,  igualdad y reconocimiento como expresión de lo popular y lo colectivo. 
El movimiento social es una categoría sociopolítica que en América Latina se expresa singularmente, porque en principio se presenta como reclamo social y luego va ocupando el espacio político ante la falta de una partidocracia que lo contenga, y se hace  imprescindible para toda intención de construcción de poder político desde el punto de construcción de hegemonía. Aquí citamos el punto de vista de Laclau, cuando nos habla  de la creación de significantes con sentido en la construcción de hegemonías populares , redefiniendo de esta manera otra hegemonía, que está anclada en el espacio popular y que también percibimos cómo el hoy político de lo electoral en la democracia liberal, dado que  no alcanza a cubrir la expectativas de los reclamos o reivindicaciones ya que existen otros tipos de apropiación del poder político por parte de las elites reaccionarias de las estructuras políticas tradicionales para su condicionamiento y conducción. 
Otras de las variables a trabajar y a tener en cuenta en la realidad latinoamericana, es el fenómeno emergente de “la protesta pública”, que significa la expresión en las calles, en el espacio público de cualquier reclamo que exigen sectores de la sociedad involucrados en el conflicto. Los americanos hemos ganado la calle y en términos políticos podemos decir el territorio, dándole al mismo una plasticidad y una extensión que rompe las fronteras tradicionales. Desde lo popular hoy existe una integración fenomenal reflejada en la movilidad territorial que surge desde esa América profunda, diluyendo los límites e integrando culturas, los sectores y las expectativas.
Nos referimos a las protestas que realizan diferentes sectores del arco social ante hechos imprevisibles y antipolíticos en pro o en contra de los gobiernos, ante la falta de consulta y debate, y que cuando continúan pueden dar nacimiento a un movimiento social, por ejemplo, o redefinir el programa de los partidos políticos. Son muy interesantes las características que se le dan en nuestro continente a ese hecho político. Un ejemplo de ello son las constantes  marchas de reclamo de justicia y seguridad que realizan sectores de la comunidad en toda América los cuales debemos analizar desde la mestización de la información y las experiencias que trasunta el colectivo americano. Cuando vemos una protesta pública quedamos asombrados de ver cómo las reivindicaciones superan el marco de Io pensado por el dirigente político, o también por el analista o cientista político.
Por último destacamos, desde el lugar del poder neoliberal también mestizo, en el sentido fusional e híbrido, la estrategia del “mensaje antipolítico” que se intenta generar en la mayoría de la sociedad latinoamericana. El objetivo es potenciar una opinión absolutamente deslegitimadora de “la política”. Ello implica acabar con esta herramienta estratégica en la construcción de lo social, y por lo tanto, debemos denunciar este tipo de operación política.
Dicha estrategia se expresa desde posiciones dominantes; aún cuando esa herramienta se reclama y exige como uno de los modos de participación propuesto por pensadores de la talla de Jürguen Habermas -de origen alemán, proveniente del pensamiento crítico europeo-, que lo ve como sustento concreto de la verdadera democracia. Sin embargo en estos casos no se responde a este principio liberal, racional y civilizado, negándose lo que no conviene a los intereses de aquellas posiciones dominantes y emergiendo descarnadamente el tema del poder. 
En la sociedad  Argentina esto ha penetrado en los sectores medios proclives a este tipo de alienación. Existe una percepción muy negativa de la política y de los políticos como sector institucional o constituido. En el conjunto de América Latina es una idea generalizada que se  expresa también y sobre todo, en esa franja social que significamos como “la clase media”: estrato social con características absolutamente mestizas, del punto de vista de cómo consideremos este fenómeno en la primera parte de este trabajo, y por consecuencia son singulares estas categorías de identificación.
Subyace una flagrante contradicción con el destino histórico, revolucionario y transformador que tenía la política para la clase media o burguesa en la Europa del siglo XVIII y en relación a América se redefine este sector social antitransformador y retrógrado, aún perjudicando sus propios intereses como clase. Esto tiene que ver con el proceso de mestización de valores, expectativas e ideologías en el seno de la sociedad americana. También lo mestizo construye categorías negativas, que en este caso son funcionales a los poderes hegemónicos, que atentan contra el proceso democrático y de equidad social, y es una obligación señalarlo.
Por último debemos referirnos a una situación muy particular que ocurre en nuestro país: la estructura de poder de las corporaciones locales o transnacionales que intentan conducir los destinos políticos detrás del poder político institucional, que se hace visible y manifiesta cada vez con mayor intensidad, pero juzgamos determinante su señalamiento y visibilidad.  Hay otros países de la región que se encuentran en las mismas condiciones, léase México, Brasil, Venezuela, Ecuador y Bolivia, en fin, la mayoría.
Al referimos a la identidad socio-económica “corporación”, sabemos que es una resultante singular del desarrollo del poder económico-capitalista que en América Latina adquiere características particulares donde su carácter institucional es funcional a los poderes transnacionales, que son el factor determinante para atrasar cualquier proceso de cambio y transformación, sobre todo cuando ello pone en riesgo su poder económico, se manifiestan en general con discursos y advertencias de ingobernabilidades apocalípticas, de injusticia institucional y… ¡Autoritarismo!; tácticas típicas de estos sectores, ya que son padres de estas metodologías, sobre todo en nuestro continente. 
La corporación se hace mucho más visible y determinante en el caso de los medios de comunicación. Allí encontramos una sólida estructura hegemónica, que quiere condicionar las políticas del gobierno y fijar la agenda de prioridades que se deben discutir o alentar.
Por supuesto que esta agenda quiere estar lejos de poner sus intereses en peligro.
Sabemos que existen otras variantes, pero íntimamente relacionadas con lo expresado anteriormente, otras realidades que se deben tener en cuenta porque son también esenciales  y se deben destacar, como la cuestión de la democracia en lo que hace a la auténtica representatividad y los efectos de la globalización neoliberal en nuestro continente. 
También la construcción mestiza del Estado es un aspecto central en la discusión sobre América : “… antes que una materialidad institucional y burocrática, el Estado está llamado a ser el terreno de una lucha política mucho menos codificada y reglada que la lucha política convencional…”
De esta manera estamos hablando también de nuestro actual tiempo político  americano y estos emergentes de gobiernos que llamamos progresistas, para quedar menos ajustados a la concepción de “giro a la izquierda”, y no correr el riesgo de una conceptualización encorsetada, rígida, reduccionista que deja diferentes variables importantes afuera, como es el caso del peronismo en Argentina, o el lulismo en Brasil , fenómenos de mestizaje político de relevancia, dado que no existe un marco adecuado teórico para definirlos desde las categorías epistemológicas tradicionales.
La idea de “gobiernos progresistas” camina mejor, creemos que es más adecuado, generando un sistema de valores que prioriza la justicia social, la independencia económica, y la soberanía política en América Latina, que como bien indica García Linera : “…Cualquier alternativa postcapitalista es imposible a nivel local, es imposible a nivel estatal, una alternativa socialista o pongamos el nombre que queramos, post capitalista que supere las contradicciones de la sociedad moderna, de la injusta distribución de la riqueza, de la destrucción de la naturaleza, de la destrucción del ser humano, tiene que ser una obra común, universal, continental y planetaria…”, 
Son formas ad-hoc, propias de esta lógica Americana,  que se construyen para  dar proyección a estas reivindicaciones estratégicas, de acuerdo a cada realidad nacional sin perder de vista la necesaria complementariedad continental y la incuestionable presencia de “la omnipresencia” de la globalización.
Guillermo Hoyos nos señala: “… lo grave es que los países de América Latina ya parecen estar metidos en los dilemas de modelos incompatibles: aliarse con los partidarios de la política del más fuerte, es decir de la amigo/enemigo, o dejarse seducir por concepciones moralistas y populistas a ultranza. La ventaja de la propuesta kantiana es la fortaleza del derecho como marco de tolerancia y dispositivo procedimental que permite desarrollar en toda su riqueza intercultural la cooperación entre los pueblos, antes de que primen la desconfianza y el temor. Precisamente en esta línea deberíamos en Latinoamérica animar la participación ciudadana y el compromiso de los medios de comunicación de suerte que se fuera creando una opinión pública que exigiera a la clase política ponderar el tema de la Unión Latinoamericana a la vez que miran los problemas internos de sus respectivas naciones…” 
Y esto nos lo da la razón práctica que, en términos kantianos  podemos entender: “… La política no es solo asunto de razones sino también de voluntades, así que Kant propone conformarse con el “mal menor”, es decir, con lo posible, lo propio de la política, en este caso con el sustituto, una federación de estados…Al señalar lo propio, debemos apropiarnos de ese concepto y colocarnos como los generadores de esa situación, tenemos los derechos y las potencialidades para realizarlo”.
Y así emerge el tiempo latinoamericano actual o contemporáneo, el de la cotidianeidad, del cada día de nuestro andar, el de su institucionalidad política y de la relación con el espacio público lleno de significantes generados por los diferentes sectores sociales en sus convivencias, sus reclamos y sus reivindicaciones, llenando significados, proponiendo otros modelos y otras posibilidades; surge una ciencia socio-política que da cuenta de la construcción de esa política social colectiva, donde se sintetiza una base mestiza que la une y la identifica incluso más allá de las fronteras nacionales, mezcla y liga dentro de un contexto de democracia liberal, electoralista y parlamentaria, donde el sistema representativo o la representación política muestra serios déficits en lo que hace a su eficacia, por lo cual debemos desentrañar el porqué y cómo ocurre.
Es indudable que estamos en una situación donde debemos exigir a nuestro pensamiento crítico, y cuando lo decimos, señalamos la necesidad de un “pensamiento crítico latinoamericano”. Un pensamiento propio, donde se hace visible esa fuerte impronta de nuestra “ontología mestiza” que también oriente, señale y perciba caminos, como lo está haciendo desde diferentes ámbitos sociales y políticos, y también -enfáticamente lo señalamos-, académicos y científicos.
Hoy, ayer y antes de ayer, no hay nuevos puntos de partida, América es una continuidad que se retroalimenta a partir de sus hechos, episodios y acontecimientos novedosos.
América  hoy es redefinida como un continente que necesita establecer cuál es el eje histórico en donde se encuentra, con sus particularidades. Por ello hacemos referencia a la ontología mestiza, como una categoría que le es auténticamente propia, pero teniendo muy en cuenta que es llave para lograr la unidad, integración e inclusión , valores socio-políticos que hoy son la necesidad reclamada, exigida, y donde podemos encontrar también una universalidad en la relación América-Europa; una síntesis mestiza cualitativamente hablando.
De esta manera también podremos observar y emitir luego juicios científicos que respeten el sentir y el sentimiento de la sociedad Latinoamérica, desde donde ocupemos nuestro “locus”.
Cuando hablamos de neoliberalismo, o giro a la izquierda, o populismo en América, nos encontramos con los múltiples abordajes que realizan los especialistas, y que están disparados por una intuición preconceptual, heredada de algún modo de la pista fenomenológica, que despierta un sentimiento contrario a los modelos preestablecidos. Debemos  anclarnos en “lo propio” que comienza por “lo dado”, para luego buscar las adecuaciones teóricas utilizando muchas herramientas de la ciencia occidental, dada la naturaleza de la síntesis que significa América, y en donde predomina un auténtico sentido de fusión, de mezcla, de hibridación propia de esta ontología. Este ser mestizo que nos da nuestra singularidad en el mundo.
Buscamos realizaciones concretas y propuestas de profundización de estos procesos colectivos emancipatorios; hay naciones hermanas que están a la vanguardia de lograr estos resultados para nuestros pueblos. Debemos seguirlos atentamente, nos están orientando en muchas cosas.
Aquí está el desafío, y también el compromiso de pensar desde otro lugar: desde el nuestro, desde el lugar como americanos, desde “un nosotros” donde la síntesis cultural, social y política se manifiesta, se expresa, y ¿porqué no? se explica a sí misma. Pensar desde nuestro lugar de científicos sociales en la búsqueda de caminos para participar y colaborar en la transformación y profundización del cambio hacia un continente más justo y equitativo que nos reclamamos como americanos de bien.
Bibliografía:
Arditi Benjamin: El giro a la izquierda en América Latina: ¿una política post liberal?
-Revista Ciéncias Sociais Unisinos- Setembre/dezembro 2009
Bourdieu Pierre: La esencia del neoliberalismo- Le monde Diplomatique- Diciembre -1998
De Sousa Santos Boaventura: Reinventando la emancipación social. Cuadernos de Pensamiento crítico latinoamericano- FLACSO Nº 18- 2009
De Sousa Santos Boaventura: “Reinventar la Democracia. Reinventar el estado” Colección Biblioteca de Ciencias Sociales- Clacso Libros- Buenos Aires 2006
Dussel Enrique: “Sistema mundo y transmodernidad”- Filosofía de la Liberación- Dussel Enrique: “Europa, modernidad y eurocentrismo”. Universidad Autónoma Metropolitana Iztapalapa (UAM), México.
García Linera Álvaro: Conferencia Magistral: “La construcción del estado”-Facultad de Derecho UBA- Buenos Aires- 9 de Abril de 2010
Hoyos Guillermo: La unión Latinoamericana en el marco de la constitucionalización del derecho de gentes”-  Aula Virtual Nº 1010 "Filosofía Política de la modernidad" CLACSO 2010 
Laclau Ernesto: La razón populista- FCE- 2005- Moledo Leonardo y Olsevicki Nicolás: Diálogo con Ernesto Laclau, teórico Político, autor de “La razón populista”-
Revista Redacción Popular- Honduras- 2007
Mouffe Chantal: En torno a lo político- FCE. 2007- 
Quijano Aníbal: Colonialidad del poder y clasificación social. Journal of World-System Research
Ribeiro Darcy: Las Américas y La civilización- Tomo 1 La civilización Occidental y nosotros -  Cuadernos latinoamericanos- Centro editor de América Latina- 
Sartori Giovanni: “Hacia donde va la ciencia política” -Revista Política y Gobierno-Vol.XI Numero 2- 2004
Segato Rita Laura:  La Nación y sus otros. Ed. Prometeo. Buenos Aires-2007
Lic. Daniel Armando López
Fundación Saltamérica
Salta-Argentina