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Oct
27

Algunas valoraciones críticas al saber descolonial y al saber emancipatorio

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Seminario 1405
Informe final
Daniel Armando López
Salta-Argentina

Algunas valoraciones críticas al saber descolonial y al saber emancipatorio

Reflexiones desde el trabajo de Raúl Prada Alcoreza “Epistemología, pluralismo y descolonización”.

Habiendo leído el trabajo referido de Prada Alcoreza, consideramos que es un eje analítico para señalar algunos temas estratégicos que hemos trabajado durante el curso, ya que el mismo hace con un notable poder de síntesis de aportes fundamentales al logro de un saber descolonial y por consecuencia en co-labor.
Si tomamos el índice del trabajo, éste por sí solo destaca cuestiones sobre la epistemología y el pluralismo epistemológico que nos compete, despertándonos el espíritu crítico que un investigador social debe sostener.
Prada cita autores destacados como Deleuze, Derrida, de Sousa Santos, Spivak, La Escuela de Estudios Subalternos, Enrique Dussel, Los estudios Poscoloniales y otros, analizado sus consideraciones, referentes al tema que nos ocupa: El saber descolonial, su epistemología y método. Desde sus puntos de vista, la mayoría habla de un saber emancipatorio por sobre todo, y en nuestro caso quiero destacar algunos aportes que dan estos autores o escuelas al desarrollo de un saber descolonial, intentando asociar los temas, a nuestro criterio, que son eficaces para lograr los objetivos desarrollados en el curso.
A partir de la información y las reflexiones que realiza Prada Alcoreza este informe quiere sustentar una hipótesis que consideramos necesario tener presente.
Existe una intención de ir sumando un saber descolonial desde la academia y su historia en Latinoamérica (como es el caso de los aportes de Orlando Fals Borda o de Franz Fanón y tantos otros), que plantearon saberes distintos a los establecidos por la modernidad europea de raíz positivista-evolucionista y racionalista.
Podemos decir que todo saber emancipatorio contiene un saber descolonial pero no todo saber descolonial contiene un saber emancipatorio, en relación a la realidad social; diferenciación que no nos debe inquietar, más bien debe, desde la epistemología descolonial que estamos construyendo, dar la batalla en la academia clásica.
Por supuesto que una de las condiciones es el compromiso del científico social, como bien lo destacara en la actualidad Silvia Rivera Cusicanqui: participar en la transformación de la realidad de subalternidad que vive con rebeldía el sujeto social latinoamericano. Lo que impone, en primer lugar, superar la tensión entre el investigador y el sujeto social, en el caso de las diferentes cosmovisiones e intereses que los potencian.
Para ello es necesario asumir un compromiso con la desestructuración de una epistemología impuesta por una ideología eurocéntrica propulsora de un pensamiento único.
Muchas veces hay que imbricar en un mismo sentido esto dos saberes, pero también es necesario marcar las diferencias, porque uno implica “mejorar o transformar un tipo de conocimiento” en el ámbito académico-investigativo, y el otro es un saber que debemos “comprender”, dado que emerge desde el sujeto social.
Ello significa que al recorrer los diferentes autores y las diferentes herramientas metodológicas debemos ser conscientes que el saber descolonial llega muchas veces a ser un aporte al emancipatorio, pero otras muchas veces puede presentar déficits importantes.
El saber descolonial constituye un ejercicio intelectual de obtención de un saber “soberano” dentro de otras teorías epistemológicas que se oponen a las producidas por “la académica racionalista, positivista, evolucionista que pretende un camino único del pensar investigativo”.
Por ejemplo, desde allí se hace sustancial la metodología de recuperar la “tradición oral” (porque debe considerarse esa historia, como una de las auténticas de los pueblos subalternos en rebeldía y esta “oralidad” es fuente principal de información del sujeto social latinoamericano).
Como consecuencia de ello, es la reformulación de la historiografía y el valor de la memoria del sujeto social lo que provee al investigador información de los hechos que luego deberá trasformar en “datos” consecuentes con el sentido en que los ha producido ese sujeto social.
Por todo ello y para ser ordenados en las consideraciones hemos tomado las reflexiones del trabajo de Prada Alcoreza para el sentido que pretendemos dar a este informe.
De esta manera esperamos poder aportar al ejercicio de un saber descolonial y su método, generando una vinculación reflexiva necesaria; entre pensadores que tratan críticamente el colonialismo o el saber de la modernidad y sus consecuencias epistemológicas en las ciencias sociales.
Partimos de la idea que el sujeto social subalterno, como el que está atravesando la necesidad de una descolonialidad, se identifican con una resistencia o una rebeldía y produce los saberes de una realidad distinta a las de las elites. También ocurre entre aquellos intelectuales (anti orgánicos) que proponen caminos metodológicos y epistemológicos para lograr un pensamiento o saber emancipante.
Podemos afirmar como resultado de esta lectura que, en al campo de la hipótesis, quiere lograr un Saber Descolonial que producirá el Investigador y un saber emancipatorio, que lo produce el sujeto social en su práctica rebelde o de liberación en una situación efectuada en el aquí y en el ahora y que servirá para orientar el saber descolonial.
Desde esa perspectiva podemos corroborar la hipótesis de la diferencia entre ambos saberes.
Las reflexiones de Raúl Prada Alcozera

En primer lugar, el pensador boliviano se plantea un conocimiento (que a partir de ahora denominaremos “saber”) plural y abierto, que nos dará la posibilidad de entender epistemologías pluralistas.
Aquí es donde rescatamos la idea de Prada que afirma que este tipo de diferencia es imposible de representar en lo conceptual ya que si se habla de síntesis, la idea de diferencia como condición humana se desnaturaliza, porque esta se concreta en la historia y no en “el pensamiento dialectico” como pretendía Hegel, por ejemplo. El ser ontológico de la diferencia es inevitablemente individual o colectivo y su subsunción como lucha política son sus consecuencias en Latinoamérica.
Tratará luego Prada Alcozera algunos sustanciales saberes de la modernidad occidental que nutren esta “inteligibilidad” moderna: Kant, Hegel y Marx.
Nuestra reflexión personal iría más atrás, hasta la ontología del pensamiento griego, génesis del pensamiento occidental, que es donde comienza la separación que produce un “conocimiento científico”: Sujeto que conoce y objeto que debe ser conocido, lo que implica la diferencia como acción “inteligible” y “no inteligible”. Los otros saberes son considerados menores por este saber, caracterizándolos cómo etapas anteriores al destino inevitable de la “Inteligibilidad occidental”. Todo está base epistemológica constituye la ontología del saber occidental: “la ruptura del nosotros”, apareciendo el “yo” como determinante en la dinámica socio-cultural de ese saber.
Ese “conocimiento” va a buscar conquistar o dominar el objeto y seguirá esa búsqueda en los diferentes momentos del proceso histórico de Occidente, hasta llegar al momento de la “la modernidad capitalista”, como lo señala Bolívar Echeverría, la cual estamos transitando y donde esta oposición sujeto-objeto tiene sus particularidades socio-históricas.
Arturo Schopenhauer (1788-1860)

Prada Alcoreza refiere a Schopenhauer, que ya en el siglo XIX y dentro de Europa intuyó que había que salir del mundo como representación construida por la razón filosófica occidental, que produce una lógica desde donde justifica la representación conceptual. Por Ejemplo: Hegel la dialéctica entre el amo y el esclavo, o el momento ideal del espíritu absoluto, que no es más ni menos que su momento en la cultura filosófica europea.
Es entonces que Schopenhauer, desde un espíritu crítico, nos habla de la Voluntad como principio que se devela en la experiencia y rompe con esa “razón filosófica”. Enrique Dussel también nos habla de lo mismo con la Voluntad y la Potentia, y en su caso lo hace desde un pensamiento que busca una emancipación o liberación de las categorías del pensamiento occidental.
Dussel llamará a este momento de liberación “el pensamiento transmoderno”, pensamiento este, que lo coloca en la emergencia de los pueblos en lucha por su liberación y soberanía, sobre todo de Latinoamérica.
Estamos sumando a “la diferencia” como categoría en sí, la categoría de “la voluntad”: dos ámbitos que escapan a la razón y la representación instrumental “inteligible” como meta o logro de un conocimiento universal como lo propone el euro-centrismo.
Prada Alcozera amplía el concepto de Schopenhauer y nos habla de una voluntad múltiple es decir una voluntad que se expresa y no se representa conceptualmente en forma del conocimiento clásico occidental, y que es multifacética en sus resultados. Esta voluntad múltiple esta unida solamente por la naturaleza ontológica de la diferencia como condición humana y no como categoría conceptual, que es un paso posterior generado por la epistemología de la modernidad; una conciencia que busca un “para sí” en un sentido eurocéntrico.
La “Voluntad como inmanencia de la vida de las comunidades

En el caso de latinoamericana las comunidades indígenas, mestizas o criollas, todos nativos de “nuestra América” tienen inmanencias de vida y sus propias potencias.
Otra dimensión novedosa es considerar al pluralismo epistemológico socio-cultural, propuesto por Prada Alcoreza, a partir de las ciencias duras (Físico –Matemáticas y Biológicas), tomando el caso de la física cuántica, reconociendo antecedentes en Leibniz con sus mónadas, en el sentido de la complejidad de la realidad de la naturaleza y su multiplicidad molecular que puede servir como un camino para desprendernos crítica y éticamente de un conocimiento único, absoluto y determinante.
Haciendo una extensión de estas reflexiones, podemos decir que un colectivo comunitario va generando un sentido singular en América Latina de acuerdo a su contexto histórico y a sus procesos de invenciones intracomunitarios que se generan a partir de la acción de emancipación contra las elites dominantes.
Entonces agregamos al criterio filosófico-existencial de “diferencia” y de “voluntad”, los aportes de las ciencias duras, sobre todo a las de última generación, para entender que es necesario un saber plural, múltiple y multimolecular dado que el mundo de la naturaleza y el del sujeto social lo son.
Por ello en este caso los denominamos “saberes”, como lo señala muy acertadamente Silvia Rivera Cusicanqui, dada las connotaciones gnoseológicas deterministas que condicionan a las ciencias sociales desde el “modelo epistemológico de la modernidad europea” como obstáculo de la investigación de los saberes múltiples.
A partir de esto, comienza un camino reflexivo donde apela a varios pensadores como Gilles Deleuze cuando trata los temas sobre “qué es diferencia” y “qué repetición” buscando fundamentar la idea de “epistemologías múltiples”.
Con estas reflexiones Prada Alcozera nos dice que Deleuze “se opone a la dialéctica, recogiendo en parte los signos de anti hegelianismo; los mismos tienen que ver con la vigencia ontológica de del pensamiento de Heidegger, el estructuralismo, la novela contemporánea y el descubrimiento de los campos”.
No pretendemos extendernos demasiado, pero debemos tener presente que la idea de representación y saber múltiple en Deleuze nace desde la idea que la realidad es un rizoma, y esto significa que cada parte del rizoma constituye una realidad diferente, que se alimenta gnoseológicamente con “la repetición” dentro de su cultura.
Relacionando este tema con la herramienta metodológica a tener en cuenta, consideramos, según nuestro criterio y como lo indica Rivera Cusicanqui, que una de las herramientas metodológicas sustanciales debe ser el rescate de “la historia mítica”.
La historia mítica no es un saber que el investigador debe considerar narrativa de lo pasado sino que quien la genera “la vive”, porque el mito no es narrativa es “historia vivida” (utilizamos este adjetivo en el sentido de producto de una experiencia real de la vida).
Otra categoría es “el contexto histórico-cultural”, que debe ser considerado como una herramienta epistemológica sustancial a considerar en toda investigación social. Esta es una de las categorías en nuestras técnicas y metodología de investigación socio-descolonial que no debemos excluir, más aun que el contexto socio-histórico de Latinoamérica en sus comunidades subalternas, (que son mayoría), ya sean campesinas o urbanas; significan una dinámica “situada” de resistencia, rebelión, y en algunos casos, de revolución.
Por lo tanto buscar diferencias dentro del mismo sistema analítico moderno, no es más que buscar justificaciones de una clasificación que por definición excluye al “otro” interiorizándolo.
Una sumisión de las “identidades” a una identidad construida dentro de un modelo determinado, exterior a la lógica propia a esas identidades socio-culturales, para lograr una “verdad absoluta” es un fracaso epistemológico.
Señala Deleuze que la razón moderna construye “una identidad simulada”. Este mecanismo es propio de la naturaleza de la modernidad: la necesaria construcción de una identidad avalada por la razón y no por el acontecimiento (lo que deviene).
En esta “simulación” que es donde reside el fracaso de “la representación de lo real” que quiere construirse con una especulación intelectual dentro de la investigación y fuera de la realidad.
Aquí nos detenemos para destacar porqué ocurre esto, no ya desde la óptica de Deleuze sino de los que representa la ideología occidental como sistema de ideas.
Un saber que necesita de una representación del objeto nace en la mente del investigador, condicionada por la academia clásica que está penetrada por una ideología de clasificación, jerarquía, efectividad, eficiencia (conste que no dijimos eficacia) exclusión, distanciamiento y extrañamiento. Categorías estas que están en los cimientos mismos de la ciencia occidental.
Sujeto y objeto es la oposición madre epistemológicamente hablando de la ciencia occidental, que debemos criticar y analizar, ya que es la categoría dominante. Por consecuencia aprehender ese saber emancipatorio que emerge de los pueblos es decisivo, porque allí se produce la ruptura con ese saber que surge con una clara intención de dominar “el objeto”.
Una novedad es sumar al pensamiento descolonial la categoría epistemológica señalada por Deleuze en palabras de Prada Alcoreza. Así nos habla de la utilización de la categoría deleuziana de “la repetición” como una herramienta teórica que debemos tener en cuenta al indicarla como “la actualidad del hacer de una cultura que permite crear, inventar, integrar”.
“repetir es comportarse, pero con respecto a algo único y singular, que no tiene semejante o equivalente. Estamos ante la generalidad de lo particular y lo universal de lo singular” .
“La repetición… es el movimiento de la vida misma, movimiento de las singularidades, por lo tanto, movimiento de dinámicas singulares”
Estos conceptos nos llevan a reflexionar que la pluriculturalidad tiene como fundamento rescatar la singularidad en sus voluntades múltiples.
En nuestra investigación debe estar presente la premisa: Toda pregunta por el “otro” deber hacerse desde la ontología de la vida, una cuestión universal de la humanidad.
Por consecuencia el saber descolonial debe estar dispuesto a valorar la realidad como una multiplicidad de sentidos y ser consecuente con ello en las conclusiones diferenciales que puede lograr.
Otra nueva categoría epistemológica que Prada Alcozera acepta que aporta a la teoría descolonial es que “Todo se resume en la potencia”. Ella es la esencia ontológica que hace realizar el movimiento de las culturas, en nuestro tema, es el saber emancipatorio y en dirección sin “Interposición inteligible”.
Encontramos la idea que para construir un saber descolonial debemos tener en cuenta “el Movimiento de las singularidades”. En el caso de nuestra América, debemos investigar en co-labor con los hechos sociales que constituyen actos de rebeldía o resistencia (que es un acto de rebeldía, metodológicamente hablando) por ejemplo: trabajos con los movimientos sociales.
En el pensamiento colonial debemos ser conscientes que vamos a caminar sobre un saber indeterminado que condiciona nuestra subjetividad y que va de acuerdo a estas condiciones instrumentales y jerárquicas que nos impone la razón occidental.
Dice Prada Alcoreza “El pensamiento pluralista nos llevara a encontrar las singularidades que quiere hacer emerger como rebelión interminable y como emancipación proliferante de la vida”
Vemos en ese momento que la rebelión interminable y la emancipación proliferante de la vida contienen las ideas y “las teorías” que debemos elaborar; encontrando, investigando, desarrollando técnicas y herramientas nuevas en relación al pensamiento epistemológico que las genera descolonialmente, tomado como fuente “el hecho de la rebelión interminable”.
De esta manera lo hacemos, dando vigencia a las cosmovisiones “indígenas” y agregamos, otras construcciones socio-culturales que se dan en América como mestizas y criollas; interpretando las resistencias, las rebeliones y las “trasgresiones heterogéneas de los pueblos que rompen con su condición subalterna”.
En este punto debemos ser cautos. Como bien dice Gramsci, los acontecimientos no son singulares en sí mismo, sino que debemos ver las singularidades de la relación: cómo se resuelven, cómo se explican, cómo se desarrollan. Lo singular se afirma en la relación con el otro y de esa manera se construye el acontecimiento que nos interesa indagar. Caso contrario, corremos peligro de caer en un aislacionismo, sobre todo si lo que queremos es entender un movimiento emancipatorio y no solamente el rescate de un saber que lo vamos a encajonar en una idea de singularidad descolonial.
“El acontecimiento” es una categoría epistemológica también sustancial para un saber descolonial con proyección emancipadora, debe ser observado como un fenómeno o mundo que acaece en relación con otros mundos.
Es válido pensar que esta relación no se resuelve pensándolo dialécticamente sino por agregación o complitud como lo señala Immanuel Wallerstein , a los efectos de no caer en la trampa de “la astucia de la razón occidental” que pretende un pensamiento universalizado con una metodología estándar y con el propósito de justificar ese tratamiento epistemológico.
Sin embargo, estas agregaciones que constituyen asociaciones dinámicas en el acontecimiento que produce colectivamente el Sujeto social, es un fenómeno emergente y tiene un valor en sí mismo que no puede ser superado por ninguna síntesis, (sería contradictorio) donde indudablemente un pensamiento Kantiano, hegeliano y de alguna manera Marxista los anularía, por tener los mismos una sustancia idealista “moderna” generalizante y reduccionista.
Por todo ello es necesario tener presente, que un pensamiento descolonial está subordinado, para decirlo de alguna manera, al saber emancipatorio elaborado en el seno del acontecimiento y donde emerge la diferencia, la repetición propia, la singularidad.
La invención fortalece la singularidad socio-cultural, nos dice Prada Alcoreza, porque se realiza (efectúa) “fortaleciendo” a esa singularidad identataria.
Esta singularidad identataria nunca es estática, pero sí “propia”.
Esta categoría de lo “propio” es muy importante desde una epistemología pluralista que debe investigar eso “propio” en su expresión virtual e imaginaria en una comunidad. Y cual es, en ese momento, el objetivo y no el objeto (por las connotaciones que esto implica epistemológicamente), cuando se produce la ruptura epistemológica con otras categorías, sobre toda las de la modernidad racionalista.
En este caso, sí podemos hablar de una emancipación del investigador, una actitud de liberación producido por acontecimiento que estudia y que trasforma su consciencia.
Prada Alcoreza nos habla de la necesidad en el pluralismo epistemológico y de un “diálogo hermenéutico”, por qué “Este pluralismo epistemológico nos lleva al horizonte abierto de la interculturalidad emancipadora”
La emancipación es el principal sustento del acontecimiento socio-cultural americano y debe ser la génesis de la investigación descolonial, ello implica visibilizar lo que transforma ese “propio” acto emancipador. De esa manera al investigador se acerca a una cuestión y lugar común, la emancipación de lo dominante y la tensión entre investigador e investigado cede, como señala Rivera Cusicanqui.
Desde este fenómeno analítico-vivencial descentra la epistemología de “la cultura dominante”, la cultura de la modernidad capitalista etnocentrada.
Una pista reflexiva de ello, dice Alcoreza, la da Boaventura de Sousa Santos al hablar de la ecología de los saberes y su traducción de la complementariedad de los acontecimientos. Lo emergente y lo ausente de estos acontecimientos en nuevas sociologías que no son las que produce la academia.
Así como en la educación, que es una estrategia de aprender un saber o fortalecerlo, debemos los investigadores manejar cinco temas que son absolutamente esenciales para la metodología a practicar en las hipótesis para regresar al campo y fortalecerlas:
1) el tema de la lengua y sus significaciones,
2) los proyectos que deben ser emancipatorios, (en nuestro caso de los corsés que impone la academia).
3) la interdisciplinariedad en la investigación: ya que es un todo la realidad que emerge y que queremos investigar
4) la creatividad en el hecho social en todas sus formas; desarrollar nuevas representaciones teóricas de lo que producen las comunidades como leguajes válidos para comprender el acontecimiento en sus diferentes perspectivas (en esta caso el acontecimiento colonizante y el acontecimiento descolonizante y emancipatorio y el acontecimiento que nace de esa relación)
5) la relación con la naturaleza en ese tratamiento que realizan las comunidades, como por ejemplo la cosmovisión de la madre tierra para muchas culturas.
De esta manera la investigación debe transformarse también en un acontecimiento de rebelión.
Un ir y venir hacia el acontecimiento y un ir y venir critico a la academia. Es una suerte de purificación del saber descolonial.
Esa es la experiencia de la ciencia descolonial en palabras de Prada Alcoreza “se trata más de un arte que de una ciencia, de una estética que de su conocimiento sistematizado….de interpretaciones rebeldes que atraviesan los sistemas cognitivos institucionalizados y los desordenan, quitándoles la apariencia de estabilidad y certeza”
Otra reflexión que tenemos en cuenta en el camino de un saber descolonial es aquel que, nos dice el autor, “también se trata de un conocimiento convocativo, interpela a los cuerpos para que se liberen”, esta actitud es indeclinable e irrenunciable.
La premisa es que el saber descolonial compromete al investigador y por consecuencia a la investigación conduciéndolo a un saber emancipador activo, participando del acontecimiento en otro ámbito, el de la academia. Esto nos da una consciencia de hegemonía y contra hegemonía en donde debemos tomar partida.
Acerca de los debates que generan los estudios de la subalternidad

De acuerdo al desarrollo del saber descolonial que propone Prada, estamos absolutamente de acuerdo con lo que propone Gayatri Spivak a través del trabajo que estamos analizando cuando nos habla de la necesaria desconstrucción de la historiografía capitalista-moderna, ya que “la hermenéutica dialógica” nos permite la ruptura critica al modelo racionalista eurocéntrico y la necesaria deconstrucción de “un deber ser” y de una “objetivación” que fue impuesto desde esa academia en su episteme y en su metodología.
Es absolutamente cierto que son muchos los pensadores que desde la opresión, la subalternidad, la alteridad incluso dentro de la misma academia han denunciado una historia construida por el colonialismo y la colonialidad del poder como Aníbal Quijano.
Estos pensadores proponen una ética de la liberación que sustente un saber descolonial, que vaya interpelando el saber occidental y reconvirtiendo los sentidos de la lógica, la dialéctica y de la crítica, poniendo a la víctima subalterna como centro de la historia, pero desde sus voces, representaciones y sus respuestas.
De esta manera “la periferia” socio-cultural se diluye como se la “signa” desde la modernidad, transformándola en un protagonista rebelde que nosotros los investigadores debemos hacer visible, comprenderlo y señalar una ética como principio categórico, en la actitud y el compromiso que debe expresar el investigador.
De Sousa Santos habla de dos formas de expresión de la posmodernidad: “la celebratoria” que justifica el paso a la modernidad de la epistemología occidental colonialista para constituirse en una propuesta posmoderna con visos de “simulación” de una transformación en las epistemologías.
La otra, que es la que nos interesa destacar y asumir en el camino de construir un saber descolonial, es la de la posmodernidad crítica, inquietante y de oposición que incluye al conjunto de las epistemologías emancipadoras.
En este caso nos hace recordar a Gramsci, cuando nos habla de los intelectuales orgánicos que generan consciente o inconscientemente “una razón legitimadora” porque, en nuestro “metier”, piensan y practican una investigación reguladora y controladora del cambio social emancipatorio.
Dice De Sousa, en palabras de Prada Alcoreza, que el saber emancipatorio tiene tres implicaciones: “pasar del mono-culturalismo al multiculturalismo, pasar de las técnicas y los conocimientos especializados heroicos hacia un conocimiento edificante, pasar de la acción conformista a la acción rebelde”
Señala también que las raíces epistemológicas que iba generando la occidentalidad en la etapa de la modernidad se trasforman en opciones que son una escala menor del conocimiento, porque no son realidades diversificadas que buscan una unidad de saber descolonial por ejemplo, sino una unidad preestablecida que niega la diversidad “en sí”.
Las diferencias se solidifican, dice de Sousa Santos, en el “imaginario moderno”.
Entonces se hace necesario otra metodología que la refiere De Sousa y es la del reconocimiento de los “Topoi”, sustentada por una hermenéutica “Dióptica” que postula “a partir de la comprensión de que todas las culturas se encuentran incompletas, por lo tanto se hace necesario la búsqueda de las complementariedades en otras culturas”.
Llegaremos entonces a una política y una justicia para lograr “la doctrina del patrimonio común de la humanidad”
Otra perspectiva a considerar es cuando Prada Alcorenza nos habla respecto de “Los estudios de la subalternidad” ya que en ellos reconoce una asociación de fines con situaciones similares fuera de América latina, que tienen como subrayado común el colonialismo y el trato hacia el colonizado denominado “subalterno”.
Es interesante desatacar que esta postura de los “Estudios de Subalternidad” lo han desarrollado pensadores de origen Hindú. Luego se ampliará y llegará esta teoría hasta nuestro continente destacándose Silvia Rivera Cusicanqui y Rossana Baragán como unas de las pensadoras que reflexionan esta perspectiva sobre la realidad Andina-Sudamericana principalmente.
Este tipo de epistemología nace después de la situación colonial que vivió la India.
Cabe aclarar que no estamos hablando del saber descolonial sino del saber que se ha construido poscolonialmente. Para Spivak es un proceso racional atado a teorías que pueden ser progresistas desde el mismo pensamiento occidental, como el marxismo, pero que no alcanzan, ya que podemos caer en un determinismo y generalizaciones al igual que lo que queremos deslegitimar.
Spivak da ejemplos claros de estas consecuencia analíticas: la rebelión y la descalificación de los rebeldes anulando su calidad de sujeto, sacándole el contenido humano que se rebela, la falta de investigación de las relaciones con las elites en la dinámica de esos acontecimientos poscoloniales en este caso, las estructuras agrarias que muchas veces escapan a modelos analíticos que están fuera de los modelos elaborados en la modernidad, sean progresistas o no, por ejemplo “el modo de producción asiático”.
Destaca Spivak la necesidad de generar un saber surgido de una situación singular “La experiencia colonial y la irradiación capitalista”. En este punto es donde podemos recoger algunas pautas epistemológicas de esos análisis debido a que nuestra situación en América también surge de una relación colonial y somos parte de la irradiación capitalista, pero con otros resultados singulares.
Esto significa, a nuestro criterio, que si bien nos une una misma situación por parte del dominador, las formas de resolución de la rebeldía y la liberación son distintas; por lo tanto las pautas de investigación (epistemología y método) también deben ser singulares y/o “apropiadas”. Implica tener cuidado en no transpolar modelos de subalternidad; en este caso de otros procesos generados por la expansión colonial capitalista.
¿Y cómo encontramos en la singularidad esa lógica propia? Sólo a partir de la experiencia propia de los combatientes, dice Prada. Nosotros lo ampliamos al sujeto social en su conjunto y en concordancia con una reflexión que realiza Aníbal Quijano sobre el poder colonial “… Se observa cómo, las clases sociales son pensadas como categorías dadas, y no como construcciones sociales históricas, producto de las disputas por el control de los diversos ámbitos de la vida social”
Adherimos a la posición que plantea esta hermenéutica que busca comprender la consciencia anticolonial. Sus representaciones, sus narrativas, son “gramáticas simbólicas que interpretan la vivencia de la dominación y las repuestas contra hegemónicas”.
Acá nos permitimos agregar que, de esa manera en esta experiencia fenomenológica de la expresión de la representación vamos a comprender que el sentido se lo da el sujeto al acontecimiento y vamos a desconstruir la teoría interpretativa que le dio el sujeto que lo investiga cuando este está condicionado por categorías epistemológicas de generalidad y universalización desde una centralidad eurocéntrica que no respeta otras centralidades.
Acá aparece un tema en la metodología descolonial: la deconstrucción del registro y encontrar las huellas de las autorepresentaciones en las investigaciones históricas.
Spivak apela a la necesaria “autoconsciencia del investigador” y crítica que, desde ese lugar, si no existe autorreflexión y compromiso es imposible ocupar el lugar con el subalterno.
En este caso Prada Alcoreza adhiere a lo que propuso Antonio Gramsci, que fue quien introduce el termino subalterno: la falta de autoconciencia no es más que la falta de consciencia, siempre desde una perspectiva marxista de la falsa conciencia, que también habló Georgy Lukács, (y que es una reflexión muy clara de lo que ocurre con la burguesía o con un proceso similar, Ej. La burocracia) donde la idea de la hegemonía de una clase (burguesía) subsume y subordina a las clases alternas, transformándolas en subalternas.
Es interesante colocar al corpus de investigadores o intelectuales como una clase subordinada. Desde ahí el pensador italiano señala esta actitud. Tomar conciencia de ello significa de algún modo dar este paso necesario en la investigación, un factor intelectual más a la obtención de un saber descolonial.
La ficción del poder intelectual, en este caso, en el investigador que llega desde la academia y debe ser consciente de la necesaria demolición de la influencia cultural y “burocrática” a que está sometido.
“El sistema atrincherado en los espacios de realización de la sociedad” es donde se debe dar la batalla, ya que como dice correctamente Gramsci, el poder hegemónico reside ahí. La academia es una de esas trincheras con un peso ideológico de gran densidad. Es donde se trata “la rigurosidad científica y las leyes y normas universales únicas” del comportamiento y dominio de la naturaleza, ya que en la actualidad como señala De Sousa Santos, es donde existe una posmodernidad que controla: la de la celebración y no de la rebelión que es la cual elegimos desde la epistemología y los métodos descoloniales.
¿Qué pasa cuando salimos de un contexto europeo y nos trasladamos a las sociedades periféricas del sistema-mundo capitalista?

Esta pregunta que lanza Prada Alcoreza debe recorrer de alguna manera todo el pensamiento descolonial y sus metodologías, sus posibles aciertos y sus posibles errores.
La segunda pregunta que se hace este pensador es “¿Se puede extender la diversidad de la subalternidad a comunidades, pueblos nativos, sometidos colonialmente?” y nosotros agregaríamos: ¿Y a las comunidades sometidas a la colonialidad ya que en América latina son su mayoría, llamadas también ladinas, burguesía nacional, mestizas, criollas, etc.?
El agregado propio es porque, a nuestro criterio, son las diferentes efectuaciones de la “conciencia” del subalterno americano que emergen.
Cuando observamos y analizamos la conciencia del “subalterno Americano” , es una “conciencia singular”, diferentes de otras, porque América generó comunidades socio-culturales nuevas, dado que prácticamente desde el “descubrimiento” las comunidades originarias fueron mermando casi hasta llegar en la actualidad a ser un 10 por cuento de los más de 500.000.000 habitantes en América latina.
Entonces, la conciencia emancipadora latinoamericana a través de la historia de la resistencia, la rebelión, la sublevación y sus correlatos en la representación y narrativa urbana y campesina en su “lucha contra la dominación colonial”, dan testimonios de un fenómeno que no busca la emancipación en la recuperación de identidades, como en el caso hindú solamente, sino en la construcción identataria de esta novedad que es América Latina como dice De Sousa Santos,
Decimos esto porque, cada hito de rebelión, revolución y reclamos, históricamente (y en la actualidad un ejemplo claro son los movimientos sociales) se trasformó en herramienta política que se va sumando a proyectos nacionales o continentales de emancipación. Son estas “propias” singularidades que fortalecen la memoria (hoy expresada por ejemplo en: museos de la memoria, como El Museo de la Memoria en la ESMA-Argentina o en Chile Los archivos del parque Grimaldi) y la experiencia de lucha y rebeldía.
Estas acciones nos demuestran la representación y el significado de la lucha de los pueblos y comunidades en Latinoamérica, esa acción material, recorrida ya no por la narrativa de la academia colonial, sino por la narrativa “en acción” del sujeto social que la produce.
“La efectuación practica en las acciones”

Esto es un aporte muy claro para el investigador que quiere recorrer y producir otro saber que tenga que ver con construir un saber descolonial: Lo importante son los acontecimientos y no el campo de las teorías ya sean reaccionarias o progresistas cuando se dirimen dentro de un sistema clásico impuesto por la epistemología de la modernidad capitalista.
Desde allí podemos valorar la tradicional oral, el saber de la comunidad en acción, como la relación y resolución positiva o negativa del colonialismo, el neocolonialismo, la colonialidad en que todos somos de alguna manera víctimas y de alguna manera sujetos sociales que toman conciencia de su necesaria emancipación, en nuestro caso desde y en la academia, por ejemplo.
Aquí es donde aparece lo que hemos hablado en el curso, sobre todo cuando lo hicimos con Fals Borda, Aníbal Quijano o Andrés Aubry, “la investigación vinculada” que nos llevara en definitiva a una desconstrucción de un saber colonial, que ya los investigadores hemos detectado, y una construcción de un saber descolonial que se tratará, ni más ni menos, de un ejercicio académico con compromiso y estrategia política.
Esta necesidad de una descolonialidad epistemológica que nos abarca como dice Prada Alcoreza, tiene que ser un producto fusionado entre el investigador y el sujeto social subalternizado en rebeldía.
Podemos afirmar que “lo propio” es la fusión que se ha generado en América latina a través de cinco siglos. Donde el colonialismo y el descolonialismo van produciendo también una tensión que nos obliga a pensar y a pensarnos los investigadores, como sujetos sociales subalternos.
La colonialidad en el investigador reside en que nuestra práctica se encuentra en un estado de tensión que debe ser superado pero no en una perspectiva dialéctica de síntesis resuelto ideológicamente, sino de complementariedad con el sujeto rebelde.
La “Escuela de estudios subalternos” debe ser considerada como orientación pero también criticada, ya que nuestro contexto socio histórico está lejos en tiempo y en espacio de sus fenómenos socio-culturales, como así estos estudios aportan a la comprensión del desarrollo histórico de nuestra realidad emancipadora latinoamericana.
Son importantes las advertencias que nos hace esta escuela, sobre todo a que hace hincapié en una diferencia entre la elite y la subalternidad, o el rol de los intelectuales orgánicos en el sistema capitalista occidental, pero no es suficiente para construir el saber descolonial latinoamericano.
“El uso crítico-cognitivo de la hermenéutica”

Dice Prada Alcoreza sobre el concepto de “deconstrucción” que quien la sugiere y amplia es Jacques Derrida para lograr otro saber y romper con los órdenes de la tradición europea de episteme y su metodología.
Esto implica ciertamente que la dominación “occidental” no solo es una dominación imperialista, sino una dominación civilizatoria y cultural, hoy reflejada en la idea de una globalización “única”.
Un investigador que se asume como descolonial debe romper con este libreto asumiendo la necesaria co-labor con las rebeliones del Otro para lograr su liberación y la nuestra ya que abarca todos los órdenes, como plantean “Los Estudios subalternos”.
En los estudios deconstructivos el investigador “desteje y deshilvana las narrativas, deshoja sus sedimentaciones, las capas de textos estratificados en un texto, los devuelve a sus contextos”
Con esta metodología abre otras posibilidades de la interpretación “inherentes al texto, a una escritura, a la gramática de sus inscripciones, a la expresión hendida de sus huellas”
Aquí reside el valor de la desconstrucción epistemológica: abre posibilidades y caminos que el investigador debe hacerlo en sus estudios.
Es la imagen de un abanico que rompe y descentra, multiplicándose y diversificándose, ante un modelo que nos quiere encorsetar. Debemos ser abiertos y hacer de nuestras investigaciones un acto de libre expresión e interpretación desde el acontecimiento que investigamos.
Esta actitud será ajustada por el saber descolonial con las representaciones del hombre de la rebelión, en lucha, en la búsqueda de la liberación. La gran categoría que hay que desmantelar son las pretensiones universales del pensamiento único donde el humanismo euro-céntrico, también debe pagar culpas.
Sabemos que “las escrituras” de los rebeldes son silenciadas, negadas y borradas. De ahí la importancia de la memoria, la tradición, la repetición y la diferencia.
Pero lo más importantes es que este lenguaje, estas representaciones no deben ser manipuladas de forma “positiva” o negativa por un narrador que está fuera de la rebeldía. Puede ser nacionalista, marxista, contra rebelde y sobre todo cuando se considera a-político que son los que más daños realizan desde el punto de vista epistemológico como “creadores de ciencia” con consecuencia en “Los discursos apolíticos” que neutraliza al “otro rebelde”, lo coloca en un cono de sombra consciente o inconscientemente.
El investigador debe a través de su trabajo contribuir a visualizarlo, hacerlo emerger en el ámbito de la academia, lo que ya sería un punto de partida importantísimo.
Pero como dice Prada en palabras de Ranajit Guha: “los que investigamos saberes descoloniales, estamos estudiando muchas veces las respuestas elaboradas por caminos que informan acerca del hecho social elaborada por otros investigadores y donde emergen la dificultad de divorciarnos de un saber que genera una historiografía que deja de lado “la política del pueblo”.
Por ello y a manera de ejercicio de una epistemología de oposición, debemos considerar esta perspectiva de Guha cuando investigamos el hecho social del sujeto colectivo que sufre colonialismo, neocolonialismo o colonialidad.
Luego transitaremos los mecanismos de esas políticas para ver si son eficaces o no, si son vulnerables o no, pero desde la óptica del sentido que le da ese sujeto social.
En ese preciso momento estaremos transformando nuestra actitud de investigador, estamos trabajando en co-labor con el otro y en ese momento podemos decir que se condensa un “nosotros”.
Porque “la subalternidad supone la dominación y la hegemonía, subordinación y sometimiento, dependencia y sujeción. Cuando se produce la rebelión todas estas condiciones se trastocan”, Raúl Prada Alcoreza.
Por lo tanto el saber descolonial es una interpelación a la academia, tomado esto como el acontecimiento del subalterno investigador que se asume como rebelde.
Foucault dice que el estructuralismo que concibe la estructura sin sujeto es un falso camino epistemológico, porque no trata al sujeto concreto que se posiciona dentro de la estructura en los distintos contextos.
Nosotros agregamos que esto ocurre porque los sujetos dan sentido a la estructura y no a la inversa. Por lo tanto debemos desde la metodología lograr encontrar los sentidos que forman al sistema o estructura singular que genera el sujeto social.
Asociado con el tema de la rebeldía podemos afirmar al igual que Prada Alcoreza “El rebelde es pues otro sujeto” por lo tanto es otra estructura, no hay determinismo que actúe como precondición potente de sesgo occidental epistemológico. Hay de esa manera que transformar la crítica al eurocentrismo en acontecimiento rebelde y luego descentrar el mismo y desde ahí lograr la episteme que queremos utilizar.
Esto va a generar un ejercicio de saber descolonial primigenio.
Para el intelectual-investigador todo lo señalado anteriormente debe ser considerado no solo en la investigación del sujeto social sino que el investigador que llega desde la academia debe auto reflexionar con esa rigurosidad que implica un descentramiento de su actitud epistemológica, un desplazamiento hacia una autocrítica de su propia subjetividad y lograr el camino de rebeldía que exige un saber descolonial.
La co-labor con la realidad del sujeto social subalterno-rebelde (investigación vinculada) es trabajar e involucrarse con el movimiento social que también está aprendiendo y construyendo, que modificará su consciencia, su actitud, su compromiso y generalmente lo rebela.
Es un ida y vuelta entre el sujeto que investiga y el acontecimiento que es estudiado, en ese movimiento pendular es donde vamos a encontrar caminos de descolonización en la crítica de la episteme académica y en la metodología, ya sea de gabinete como así también de campo.

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