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Oct
27

Mestizaje y ciencia política en América latina

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VIII Congreso Latinoamericano de Ciencia Política-ALACIP- (Lima-Perú)
Área Temática N° 1: Teoría Política

Título de ponencia: Mestizaje y ciencia política en América latina

Autor: Lic. Daniel A. López-Fundación Saltamérica
Salta-Argentina
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Abstract
En América latina, la ciencia política se debe fusionar con la filosofía y la teoría política, es una de las singularidades de la fusión de las ciencias sociales en el continente. Porque se rompen los limites epistemológicos tradicionales de la clasificación eurocéntrica para poder reflexionar sobre el abanico de las posibilidades analíticas que nos muestra “nuestra América”.
La fusión de diferentes ámbitos científicos es producto del déficit en el método o la epistemología occidental moderna para entender o comprender nuestros fenómenos socio-culturales, en este caso los políticos.
Estas fusiones hacen emerger una ontología política latinoamericana que tiene mucho que ver con una ontología de lo mestizo-americano; síntesis que se genera en forma permanente.
De esta manera también podemos abrir a la reflexión política la noción del significado de “que es la política” en nuestra historia y en nuestra realidad continental.

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Ponencia:

Nosotros partimos en nuestra propuesta de una premisa principal: La identidad de América debe contener como categoría sustancial el proceso de mestizaje o de fusión socio-cultural, que se inició en la conquista y llega a nuestros días.
Sosteniendo enfáticamente que el mestizaje es integral, es decir biológico, cultural, social, político, filosófico y con una relación singular con la naturaleza en América latina, he aquí una definición orientadora : “mestizaje: es el encuentro biológico y cultural de etnias diferentes, en el que éstas se mezclan, dando origen a nuevas razas. se utiliza con frecuencia este término para describir el proceso histórico sucedido en Iberoamérica que la llevó a su estado racial y cultural actual. En la historia de las naciones modernas, el mestizaje fue atravesado por numerosos factores, como el clima, las particularidades culturales de cada comunidad, u otros aspectos que provocaron que en diferentes regiones dentro de un mismo país, el mestizaje haya sucedido en diferentes ritmos y grados de profundidad. el ejemplo latinoamericano es notable, puesto que ejemplifica una mezcla étnica expandida por gran parte del territorio”.
Este fenómeno, indudablemente, atravesó y atraviesa horizontal y verticalmente la realidad socio-cultural de América latina, por lo que lo hace paradigmático este tema del encuentro de culturas y sus consecuencias.
De este proceso de mestizaje o fusión, nuestro interés sustancial es estar en la comprensión y explicación de ¿qué es el “ser americano”?, como se nutre, como se construyó y se construye, en un proceso dinámico y permanente.
Debemos tener presente que la pregunta ¿qué es ser mestizo en nuestra América? se realiza también (y es la más común) desde la perspectiva de la comprensión social y política en un tiempo y un espacio, ya sea región, país, o momento histórico.
Esta perspectiva no es el eje de esta ponencia, sin embargo debemos desde la política y lo político tenerlo en cuenta.
Ejemplo de ello es las reflexiones que realiza Silvia Rivera Cusicanqui Respecto a que conducta adquirían “los mayoría de los mestizos” ante el sofocamiento de las rebeliones indígenas de Túpac Amaru y Túpac Katari (Siglo XVIII), “En esta ceremonias españoles y criollos y también una significativa porción de mestizos e indios aculturados, ya sea por miedo o convicción renuevan su noción de derecho de conquista como hecho inaugural, -renovado periódicamente-, basado en la ruptura de la organicidad interna de la sociedad dominada”
De esta manera se trabaja en muchos casos y la mayoría de las veces para identificar al mestizo como agente reaccionario a las emancipaciones (rebeliones o sublevaciones) americanas, por ejemplo con la información que nos da Rivera, cuando un sector de mestizos en las comunidades andinas generaban o generan, a su criterio, una forma de bloqueo con su adhesión al colonizador en los procesos de emancipación de los pueblos indígenas.
Con estas reflexiones, entonces, vamos a comenzar a analizar una relación singular entre Teoría política y mestizaje que es fundamental para el quehacer socio cultural del continente, y que su producto es la de identidad política; como se fue y como se va construyendo.
Así llegamos a una segunda premisa: al hablar de mestizaje en el proceso identatario político debemos considerar que este proceso se desarrolla en escenarios singulares, contextos socio-culturales que no podemos obviar, pero donde existe un escenario común que generaliza de algún modo una categoría de identidad política diferente a una visión eurocentrada.
Por ello la segunda consideración a tener en cuenta, que también, es que el proceso histórico, político y económico en nuestra América se produce en distintos escenarios y momentos, lo que implica que tenemos que considerar en cada escenario sus causas y sus consecuencias, lo que singulariza los acontecimientos.
Sin embargo estas situaciones disimiles y diferenciales siempre se producen sobre un contexto histórico socio-político similar que es el Colonialismo hispano lusitano en principio , hete aquí que este colonialismo es singular y es necesario analizarlo.
Dentro de esta etapa de 300 años aproximadamente señalamos un periodo esencial: el barroco americano, (que no solo constituye un acontecimiento estético sino que tiene un valor sustancial en el orden de lo político y lo social).
Luego llegarán los acontecimientos independentistas (donde el colonialismo hispano lusitano comienza a desaparecer. Brasil es un proceso singular donde el hecho político marca una diferencia política singular por que se transforma de un Monarquía abolicionista en la última mitad del siglo XIX en la independencia en un “liberalismo oligárquico”.
Luego podemos decir que comienza un nuevo tiempo moderno, el de la creación de los estados-nación, donde comienzan a organizarse el estado y donde comienzan a institucionalizarse categorías políticas que tienen la fuerte impronta de una fusión en lo ideológico político sustentada ideológicamente en una idea de progreso y civilización de perfil eurocéntrico, pero adaptado a un liberalismo conservador.
Desde el punto de vista fenomenológico, el emergente socio-político de los sectores liberales conservadores de la época de origen criollo se destacan y comienzan a separar la civilización de la barbarie”.
Podemos señalar también que comienza con la construcción de las organizaciones nacionales, un protagonista exterior: el neocolonialismo, que fortalece otra dependencia. De esta manera comienza a consolidarse un modelo de poder local-nacional funcional a estas intenciones dominantes extra nacionales.
Así llegamos la instancia actual: las consecuencias y las respuestas del proceso de globalización que estamos viviendo, donde la subalternidad socio-cultural y política de las mayorías populares se hace manifiesta pero también visible, con sus respuestas de liberación e emancipación teóricas y pragmáticas.
Recorrimos este camino de descripción de lo que ocurrió en América latina, porque esto implica poner en situación crítica analítica la episteme de la Teoría política clásica, que viene alimentándose de preconceptos y principio generalmente originados en la modernidad capitalista europea.
A propósito de ello vamos a destacar ejes centrales de lo que significa la modernidad capitalista, que muy bien, a nuestro criterio, la destaca Bernardo Pérez Andreo “nos centraremos en el análisis de los que denominamos pilares de la modernidad: Sujeto, razón, y concepto de la historia. Estos tres pilares son el andamiaje necesario utilizado para la apropiación del mundo conocido en los cinco siglos últimos”
Afirmamos, desde esta perspectiva ,que la cuestión de la teoría política en América no es ajena a crítica, sobre todo, cuando queremos realizar un análisis integral sobre América, porque este es un aspecto, que más allá de la teoría social-política clásica, los hechos o acontecimientos sociales se deben abordar desde varios aspectos también, críticamente investigados por los tres pilares referidos, por lo tanto se hace necesario e imprescindible tenerlo en cuenta para producir una “teoría política latinoamericana”.
Ello implica, tener presente que al analizar conceptos clásicos sobre que es la teoría política no podemos dejar de abordar nuestro tema desde otras disciplinas y vivencias históricas concretas en “Nuestra América” como señalara José Martí cuando entre otras cosas nos señala:”...allí donde se gobierna, hay que atender para gobernar bien; y el buen gobernante en América no es el que saber cómo se gobierna el alemán o el francés, sino el que saber con qué elementos esta hecho su país, y como puede ir guiándolos en conjunto, para llegar ,por métodos e instituciones nacidas del país mismo, a aquel estado apetecible donde cada hombre se conoce y ejerce , y disfrutan todos de la abundancia que la naturaleza puso para todos en el pueblo que fecundan con su trabajo y defienden sus vidas. El gobierno ha de nacer del país. El espíritu del gobierno ha de ser el del país. La forma de Gobierno ha de avenirse a la constitución propia del país”.
Se hace necesario, entonces, definir también “lo político” como la política pragmática del hacer del sujeto social latinoamericano y por consecuencia la política como la conceptualización de “lo político” buscando respuestas teóricas eficaces en la historia de América y en la actualidad de la significación de “lo político”.
La pregunta entonces es ¿Las categorías clásicas modernas, se encuadran y son legítimas, para definir la política o sufre transformaciones en “lo político” en América latina? Decididamente afirmamos, que no es suficiente,
Por ello vamos hablar ante todo de la voluntad, que según Schopenhauer, filósofo alemán, era la existencia del hacer es decir es la vida, en nuestro caso la del sujeto social americano.
Dentro de este hacer la vida se hace la política, y es entonces que comienza a aparecer la idea de poder; sustancia inequívoca de la política y por consecuencia antes de hablar de una teoría política generalizante, con una razón única, debemos ser conscientes que debemos hablar de una teoría política latinoamericana, con sus matices pero “propia”.
Desde esta perspectiva entramos a considerar algunos fenómenos que vamos a recorrer y que son de relevancia y que dan singularidad al análisis y a la teoría política desde lo que ocurre en américa Latina, que lo consideremos en términos generales, proponiendo algunas ideas para el análisis de: cómo se concibe el poder en el continente.
Desde ahí vamos podemos señalar algunos rasgos de la política en América.
Como categorías principales vamos tomar “El tratamiento del poder, el sujeto político, y la democracia participativa”; tres categorías sustanciales en América latina que tienen un diferente sentido en relación a las categorías clásicas.
El poder político es decir la necesidad de determinar un espacio social, económico, cultural y en palabras de Aníbal Quijano, una hegemonía Subjetiva o colonialidad del poder, (podemos reconocer antecedentes en la idea de Antonio Gramsci cuando nos habla de las hegemonías políticas de la burguesía), persuadido que esta categoría se desplaza por toda la historia de América.
Si vemos la idea de poder pocas veces se ha plasmado en cuestiones ideológicas para lograrlo eficazmente.
Esto no significa que no se han elaborado doctrinas y proyectos de tomas y desarrollo del poder.
Lo queremos señalar es que el poder lo vamos a ver desde el sujeto social latinoamericano, como se concibe y se ejerce.
La primer categoría que vamos a considerar en este simposio es la del Poder, y como ejemplo vamos a ver su singularidad pionera a lo que aconteció en Guatemala en los siglos posteriores a la conquista. Severo Martínez Peláez lo destaca enfáticamente en su trabajo, “La idea de patria esta siempre llena de problemas, se sustrae a toda definición formal, cambia de contenido con el mudar de las situaciones históricas, presenta significación diversas según los puntos de vistas de las clases sociales, y nada hay más demagogia y simplista que atribuirle un contenido universal y permanente. La idea de Patria que estaba naciendo en Guatemala en el siglo XVII, y que se halla presente en fondo de los arrebatos y alegatos de la Recordación Florida (Crónica realizada por el cronista Francisco Antonio de Fuentes y Guzmán Siglo XVII), es la patria del criollo .Es un producto ideológico de la lucha que sostienen los criollos con la madre patria, con España”
.
Pero más allá de estas consideraciones, podemos observar con mucha atención que comienza a producirse un fenómeno singular producto de algunas variables a destacar, la naturaleza de América y su explotación, desde allí los latifundios, la mano de obra: los indígenas, esclavos y los criollos (hijos de españoles nacidos en América), que son los que comienzan a consagrar un espacio político soberano que lo llamaran Patria en sentido de la autodeterminación y ocupación del gobierno.
Este fenómeno ocurre en el siglo XVII y es el primer síntoma de la necesidad de decidir por sí mismo un sector de la sociedad como factor de poder.
Es claro que existe una re significación de Patria como así también una expropiación de su sentido. Hete aquí un fenómeno de Fusión ideológica, que genera un propio sentido político.
Es muy importante estudiar estas relaciones porque dan cuenta de una idea central “poder propio” y una “ruptura” que se define por la necesidad de ser soberanos, libres y auto determinados y su representación simbólica es la idea de patria.
En relación a ésta idea de un poder propio siempre en relación a ser libres de la opresión, sea cual fuere la razón, es de destacar que como también lo indica Simón Bolívar 150 años más tarde desde Venezuela, « Nosotros ni aun conservamos los vestigios de lo que fue en otro tiempo; no somos europeos, no somos indios, sino una especie media entre los aborígenes y los españoles. Americanos por nacimiento y europeos por derechos, nos hallamos en el conflicto de disputar a los naturales los títulos de posesión y de mantenernos en el país que nos vio nacer, contra la oposición de los invasores; así nuestro caso es el más extraordinario y complicado.»
Dentro de esta línea de análisis es que estamos hablando de la idea de lograr un poder liberador, este espíritu se traslada a los sectores racialmente diferentes o etnias diferentes y es cuando comienzan a ocurrir las sublevaciones y rebeliones que constituyen una respuesta a los españoles como así también a los criollos que subalternizan y explotan, ya sea indios o esclavos
Una sublevación destacable (vamos a señalarlo sin subestimar hasta el mínimo acto de rebelión por injusticia a un estado de cosas que ocurría en muchos lugares del continente) es el caso de Túpac Amaru y luego Túpac Katari.
Podríamos inacabadamente hacer un listado de todos los actos de rebelión y sublevación ocurridos durante la colonia hispano lusitana, que nosotros conocemos pero en el espíritu de ser breves, los dejaremos para una próxima ocasión.
Pero lo importante es destacar el subrayado común que en América latina es eje político: la lucha contra la injusticia y por el poder.
Es así como se alimenta desde la conquista la necesidad de tener derechos ya sean los indios, los mestizos y los hijos de españoles con o sin poder económico (cimarrones). Cabe destacar y que merecería un estudio a fondo de los cimarrones, personajes estos sublevados que escapaban al monte la selva o la sabana. (Fenómeno que ocurrió mucho en Puerto Rico por ejemplo), y son transmisores de ideas en el seno de los explotados o marginados.
La búsqueda de derechos y de la participación en el poder emerge y se produce contra la explotación de los criollos hacia los indios, mestizos y esclavos africanos.
La consideración de pensar y sostener un sistema de poder rígido e implacable genera una idea que se repetirá durante toda la historia de América; la lucha contra un poder devastador y la lucha por el poder.
Pero estas luchas se desarrollan sobre todo en las sublevaciones o las rebeliones sin sustento ideológico (se va construyendo), sino en una praxis concreta que se expresa en la sublevación.
Estas producciones socio-políticos de las mayorías populares de aquellos tiempos deben analizarse como el origen de perfiles políticos de consecuencias propias, singulares y novedosas, ya sea en la teoría política como en las sociales o filosóficas.
El racismo y el poder, es otro factor muy importante que Aníbal Quijano ha destacado con muchísima lucidez y donde explica que el racismo se justifica en América para sostener un sistema de poder (la colonialidad del poder) por parte de las elites criollas conservadoras en una primera instancia y luego conservadoras liberales posteriormente. El poder sobre el estado es el objetivo para sostener sus intereses
Estas intenciones nos están señalando claramente que el racismo se transforma en un eje subjetivo donde se sostiene una jerarquía y una clasificación que aún está vigente. Aníbal Quijano reflexiona al respecto y nos dice “Para América y en particular para la actual América latina, en el contexto de la colonialidad del poder, ese proceso implicó que la dominación colonial, la racialización y la reidentificación geocultural y la explotación del trabajo gratuito, le fue superpuesta la emergencia de Europa occidental como el centro del control del poder, como el centro de desarrollo del capital y de la modernidad-racionalidad, como la sede misma de modelo histórico avanzado de civilización. Todo un mundo privilegiado que se imaginaba, se imagina aún, autoproducido y autodiseñado por seres de la raza superior por excellence, por definición los únicos realmente dotados de la capacidad de lograr esas conquistas” .
Estas manipulaciones ideológicas por parte del poder de los privilegios llegan hasta nuestros días justificando la inferioridad en muchos casos con un racismo dado por el color de la piel o por la de la condición social. En un ejemplo claro podemos afirmar que la categoría “pobre” en muchos sectores de las sociedades medias de América latina se interpreta como que es una inferioridad racial.
Las razones de esta actitud podemos encontrarlas en las hegemonías culturales que ejercen los sectores dominantes, donde las clases medias adoptan desde su subjetividad este orden de cosas.
Sin embargo podemos decir que en América latina es más funcional el poder pragmático de los intereses y a partir de ello es donde se generan los discursos que lo justificarán.
Las razones de estas situaciones, desde nuestro punto de vista, es la permanente hegemonía ya sea a través de la violencia o el poder económico feudal, esclavista o de explotación que se ejerce sobre un “otro”, al cual se lo considera inferior y manipulable por parte de esa hegemonía.
La segunda categoría que habíamos señalado es la del sujeto político que emerge desde los acontecimientos en América latina.
Este sujeto tiene una característica sustancial, comienza a ser desde los inicios de la colonización un mestizo, es decir que comienza una fusión cultural o ideológica, que de acuerdo al lugar de poder que ocupe será la consecuencia de una arbitraria “clasificación”.
Pero advertimos, que más allá de todas las subjetividades individuales o colectivas este proceso de mestización nos contiene y nos identifica como americanos. Diferentes pero juntos.
Cuando hablamos de fusión cultural estamos señalando el proceso socio étnico de encuentro destructivo y constructivo que ocurrió, ya sea de individuos, grupos sociales y etnias en América continuamente.
En esta perspectiva este sujeto social tiene, cuantitativamente (mayoría) una conciencia de una necesaria liberación, emancipación, soberanía, autodeterminación de quien lo oprime o alteriza.
En función de obtener esos derechos, mayormente los individuos, grupos sociales, comunidades o etnias indígenas han luchado por revertir “el poder de los poderosos”.

El mestizaje ideológico

Cuando hablamos de fusión ideológica estamos señalando el proceso de mestizaje que se genera en los sectores hegemónicos elitistas, donde se busca la justificación de esa hegemonía a partir de adoptar categorías espejos de la modernidad europea con sus correspondiente discriminaciones, clasificaciones, jerarquizaciones sociales.
Sin embargo, la realidad concreta en su praxis determinó que se generen ideologías singulares en “Nuestra América”, como por ejemplo un liberalismo conservador o una Monarquía abolicionista como ocurrió en Brasil en la segunda mitad del siglo XIX, que habíamos destacado.
Desde el punto de vista de la ideología liberal de la modernidad europea es una flagrante contradicción.
Ello marca una de las principales advertencias al investigador. Porque si vemos al sujeto social desde las características de lo “político” en el continente, es decir desde perspectiva local, esas elites construyen fusiones absolutamente propias ya sea para proteger sus intereses o sostener sus privilegios; desde estas dos razones, las mismas son siempre de carácter excluyente y jerárquico por su carácter de colonialidad racista.
Vamos a señalar al respecto que al abordar la realidad humana de América latina, en este caso en su realidad política, no podemos caer en reduccionismo y comparaciones que ocultan los verdaderos sentidos de los hechos políticos, la mayoría de las veces.
Con esto estamos indicando que las identidades políticas que muchas veces buscamos escapan a la premisa básica de la escuela clásica que entiende la identidad como una categoría estática; en este caso “la identidad política”.
Cabe aclarar que en América latina hay un hecho sustancial, la tradición asentada en culturas originarias (indígenas nativas), prácticamente es hoy inexistente.
Porque el acontecimiento colonial modifica la relación institucional desde lo monárquico y en tiempos de las independencias y posterior construcción del estado-nación en un republicanismo conservador-positivista, y ya en siglo XX emergen en algunos espacios políticos un nacionalismo de masas.
Los grupos étnicos que reivindican tradiciones ancestrales las incorporan como una herramienta sustancial para lograr derechos ante la dominación, la marginación y la explotación que sufren.
Esto reafirma que la identidad socio-cultural, cualquiera que ella fuese, la concebimos como un proceso dinámico y de ninguna manera estático, que va produciendo alternativas, saberes, perspectivas, y novedosos proyectos, en nuestro caso políticos en nuestro continente.
De esta manera queremos abrir al lector una serie de categorías políticas, que la singularidad de América latina las provee y que se hacen evidentes, donde las respuestas nos dan una idea de lo “propio” en “lo político” y como consecuencia en nuestra identidad cultural.
En todos estos procesos podemos observar una dinámica de sentidos políticos que se mezclan y por consecuencia, debemos analizar sus contenidos y sus consecuencias , ya que definen nuevas categorías en el análisis; donde desde las realidades sociales del continente, las ideologías ya sean políticas o filosóficas, hacen que la teoría política eurocéntrica se enfrente con los hechos y el sujeto social que los produce, destacando esa teoría acentuadamente las polarizaciones entre lo colectivo-inclusivo y lo elitista- exclusivo.
Cuando hablamos de polarizaciones debemos tener claro que este tipo de conclusiones responden a un esquema epistemológico de carácter moderno capitalista como bien los dice Alain Touraine “Occidente también ha sido el mundo de la ruptura total. La construcción de categorías sociales de la acción y del pensamiento respondían a un principio central: Polarizar, oponer los positivo y lo negativo, la razón y la locura, el hombre y la mujer, el que posee el capital y el que trabaja, el colonizador y el colonizado, etc.”.
Es por ello que comenzaremos en estas líneas a destacar algunos fenómenos de los procesos políticos latinoamericanos producidos por el sujeto social latinoamericano y que ocurren en “Nuestra América”; que tienen que ver con esas contrarespuestas novedosas y singulares a las polarizaciones excluyentes.
Desde esa situación podemos decir que lo mestizo-americano en situación de opresión, subalternancia u otrificacion es el eje del hecho social, político o cultural que moviliza las emancipaciones.
En este tema de la singularidad y la novedad está implícito este proceso de mestizaje que en América se crea por el modo de darse y de emerger como una categoría ontológica del hacer americano, que alimenta un “ser político” que lo contiene y que se señala implícita o explícitamente.
Sería un craso el error ignorar esta realidad, sobre todo, desde el punto de vista analítico, porque estaremos buscando en los hechos las categorías que previamente vamos a utilizar y por lo tanto reduciríamos el fenómeno político en su riqueza emergente.
Cuando hablamos de “Novedosos fenómenos” nos dejamos guiar en este concepto por Boaventura de Sousa Santos al respecto, ya que la dinámica de nuestros fenómenos políticos produce, ya sea por sus causas como por sus consecuencias; creativas realidades e imprevisibles saberes, en nuestro caso políticos , que debemos abordar con una hermenéutica diaoptica ( buscando confluencia y sustentabilidad de esos saberes).
La calidad de “novedosas” es el espíritu de las consecuencias que queremos expresar en nuestras reflexiones, ya que estamos señalando la originalidad de nuestros procesos políticos y en el campo de la teoría política un sinfín de categorías o puntos de partida, hablando de “lo político” nuevas que se expresan en muchos autores conscientes o inconscientemente como políticos a lo largo y a lo ancho del continente.
Con esta actitud buscamos sus razones y entonces, no podemos obviar que debemos saber que las políticas y sus procesos son resultado de fusiones o mezclas sobre un contexto socio-cultural singular, que acá decididamente enfatizamos; que ha tenido y tiene Latinoamérica.
Incluso, podemos señalar que la mayoría de los fenómenos políticos que estamos viviendo y sus consecuencias actuales devienen de dinámicas participativas donde se conjunciona los procesos históricos de lo mestizo-americano con los hechos producen las reivindicaciones o protestas de las juventudes, las mujeres, los pueblos o grupos étnicos y las minorías sociales actualmente.
Debe considerarse sustancialmente a los protagonistas, que en su acción expresan propuestas y respuestas, apropiaciones y resignificaciones, más allá de lo concebido tradicionalmente como “la política” y “lo político” en la teoría clásica de perfil eurocéntrico.
Los procesos y hechos políticos no se han desarrollado al calor de propuestas ideológicas exteriores o dadas en una exterioridad, sino que emergen de las relaciones concretas entre los sujetos sociales que protagonizan el hecho político.
Donde esta presente la ideología de la estandarización de la modernidad pero que se enfrenta con la ideología de lo pluridiverso, lo multicultural, los saberes múltiples; orientadas a generar respuestas propias y emancipantes.
Por ello lo que produce el sujeto social es el emergente interpelador para cualquier investigador.
En esa perspectiva es que queríamos destacar este fenómeno de fusión, donde enfáticamente lo denominamos “Mestizaje” que es único en la historia moderna, y lo genero América Latina y por sus consecuencias podemos hablar de “la Nueva América”.
Sobre todo si entendemos que de los de más de 500 amillones de habitantes que tiene el continente al sur del rio Bravo, solo un 8% aproximadamente se reconocen como originarios del continente, el resto, es decir la mayoría nos reconocemos como americanos.
Este fenómeno constituye en sí mismo un singularidad identataria, móvil y dispersa tal vez, pero que tiene como sustancia una construcción, es decir desde hace más de 500 años se viene construyendo a través de todo el hecho social del sujeto latinoamericano, en nuestro caso una identidad política propia.
Esta identidad política, a nuestro entender, tiene un subrayado común la fusión ideológica política, y el escenario colonial que se desarrolló históricamente y que luego comienza a tener variables en lo que podemos denominar dependencia, subalternancia y alteridad, en relación a diferentes protagonistas externos y a los diferentes protagonistas internos.
Nos dice Carlos Loprete , respecto de las polarizaciones estériles enfáticamente, “Oposiciones de este tipo rotundo han tajado a menudo la realidad en dicotomías polémicas y engañosas. Los latinoamericanos vendríamos a ser algo así una duplicidad convulsa de campesinos y terratenientes, patrones y obreros, ricos y pobres, indo americanistas y sajonistas, nórdicos y sureños, católicos y liberales, revolucionarios y conservadores, como si entre la polaridad del blanco y el negro no tuviera cabida una vastísima gama de grises, con valores cromáticos propios”.
De cualquier modo en estos tres ejes desde el punto de vista político comienzan a tener vigencia un poder con autoritarismo, y su relación con el racismo como justificador ideológico de las subjetividades excluyentes.
Hete aquí la singularidad política de América, porque confluyen, pueblos originarios, pueblos del África subsahariana que llegaron en condición de esclavos, criollos que son hijos de conquistadores o colonizadores europeos, inmigrantes aluviales en el Siglo XIX y XX, sobre todo en la Suramérica templada, que llegaron en condición de mano de obra para explotar los recursos que las nuevas realidades de Europa exigía a América en esos tiempo.
Por ultimo podemos destacar las migraciones que en este mundo global estamos viendo permanentemente sobre todo dentro de América latina. Nuevos motores de fusión y mestizaje.
Vamos, entonces, a recorrer algunos fenómenos que reafirman la necesidad de redefinir categorías políticas en América latina ya que desde su origen se hace evidente en la confluencia de grupos o culturas en función de intereses que van condicionando y resignificando lo político en perfiles originales y novedosos.
Podríamos señalar que América latina en su proceso de encuentro, fusión o como lo denominamos mestizo o mestizo-americano, va generando un proceso de expropiación y resignificación de las categorías políticas que tenían, sobre todo, de los colonizadores, al neocolonialismo posteriormente, y al neoimperialismo disfrazado de globalización inevitable.
La categoría que nos falta encuadrar es el de la democracia participativa, afirmando que en América Latina todos los fenómenos de emancipación, rebelión, revolución, son hechos sociales que buscaron y buscan la participación en el poder.
Esta categoría también tiene una expropiación y re significación destacable.
Se tiene la necesidad de igualar derechos en trabajo, salarios, etnias, minorías sociales.
Es nuestro objetivo, entonces, visibilizar nuestra condición de mestizos, que iguala de algún modo nuestro futuro, porque mestizos somos todos. Siendo participes de vivencias comunes con los hermanos latinoamericanos.
Cuando señalamos esto no lo decimos desde el proceso de globalización capitalista, sino nuestra historia, y eso nos da esa calidad socio-política.
Prueba de ello, cuando hablamos de los criollos (Hijos de españoles nacidos en América) su actitud política, sobre todo en épocas de la colonización, es la de igualar y ser soberanos y auto determinados, buscando el respeto y la participación de quien ejerce el poder sobre ellos.
Cuando hablamos de las rebeliones indígenas ocurre lo mismo, pero desde un ámbito de profunda injustica y explotación.
Si hablamos de los esclavos afroamericanos su situación de esclavitud y explotación es tan profunda; donde sufren claramente el despiadado poder del señor de la Plantación o del latifundio o en algunos casos de los administradores de las minas de oro y plata; su rebelión ha sido un icono de lo que América represento como recurso a toda costa y salvajemente para Europa en los primeros 300 años y posteriormente para otras potencias o empresas transnacionales.
Por supuesto que estas situaciones de una necesaria emancipación maduraron con las primeras noticias de los principios de la revolución francesa a fines del Siglo XVIII.
En ese momento podemos decir que comienza claramente conformarse una fusión ideológica entre los principios de la Europa burguesa y las realidades americanas.
Es claro, como señala Immanuel Wallerstein que en ese mundo-otro: América, juega un papel preponderante en la relación con las potencias europeas y con la actitud que tienen estas con nuestro continente, de explotación, de vaciamiento y en estos momentos, sobre todo, de agresión ecológica extractiva.

Los tiempos actuales

Como primer caso, vamos a señalar algunas emergencias singulares en la política actual, como por ejemplo el fenómeno de Los movimientos sociales contemporáneos, expresiones políticas que surgieron ante el vaciamiento político partidocrático liberal de los últimos 40 años.
Este fenómeno lo sufrieron la mayoría de las naciones latinoamericanas.
Luego, cuando las dictaduras, sobre todo, las militares, (la mayoría) que fueron moneda corriente en el continente en las décadas del 60 y 70, fueron agotándose en su dinámica de poder hegemónico, se orientó por parte de las hegemonías dominantes una estrategia de poder sustentada en el vaciamiento de las estructuras dirigenciales partidocraticas neoliberales, sobre todo, y por consecuencia los contenidos programáticos de los partidos políticos quedaron en Stand By.
Dos fenómenos pragmáticos fueron los ejes de este desmantelamiento: “la política de mercado” donde el poder económico se apropió de esas estructuras y por otro lado la articulación perversa de la acción política disfrazada de acción social por las ONGs y las asociaciones civiles planteando su carácter “apolítico”. Estas instituciones tenían y tienen,- las que aún perviven y en su mayoría-, como objetivo primordial actuar como “cuenco de repuestas” de las expectativas y los reclamos de los diferentes actores sociales, en forma aséptica y “descomprometida políticamente” en combinación con la falta de respuesta que se daban por parte de las estructuras tradicionales partidarias.
Siempre la intención será: vaciar el sentido emancipador de “lo político” y domesticar los reclamos de las mayorías. Estas son respuestas dadas por modelos instrumentados en otras latitudes.
Consecuencia del fracaso de las políticas neoliberales represivas y las posteriores de “domesticación política”, se da una mayor apertura del espacio público , donde comienza una contracultura que se sustenta en construir una verdadera democracia social latinoamericana, producto de la deliberación y la participación del conjunto de los sectores sociales que están involucradas en un determinado conflicto social, que ocupará el espacio que se había sido cerrado en América Latina astutamente, por las razones y sus consecuencias ya referidas.
Es importante destacar que en estos espacios, el proceso de reclamos recrea una singularidad propia de América latina y es la percepción del poder popular como la herramienta superadora de un estado de injusticia en el sentido amplio del término, cuyo eje central es: Participación en la decisión. Generándose el Movimiento social como herramienta productiva de resultados políticos favorables.
Por lo tanto este juego perverso de dispersión, desorganización, confusión y disgregación de los problemas sociales, atentaba y atenta contra el contexto integrador que se necesita en lo comunal, lo nacional y en América Latina; que debió ser activado por la convocatoria permanente al debate y la participación en espacio público.
La premisa entonces es que el poder y lo que significa, es el objetivo de “los privilegios elitistas” que dominan el espacio político, pero también se expresa el poder de las mayorías socio-populares para desplazar aquellos privilegios.
Ejemplos de esta lucha por el poder nos la puede dar el “el poder de los privilegios” con la intención de mostrar la política como gerenciamiento empresario, sustentada en el libre juego de la oferta política y la demanda de esa misma superestructura. El poder del dinero, el poder del mercado, es el que predominó y predomina aún en muchos lugares de Latinoamérica. Incluso podemos señalar que permanentemente este ´poder intenta regresar y revitalizar su sistema cuando y donde se han perdido.
Ante este panorama, en América surgieron los movimientos sociales modernos en sus múltiples definiciones, cubriendo viejas y nuevas necesidades, siempre con un “sentido emancipador e igualitario”, reclamando inclusión, equidad, igualdad y reconocimiento, como las expresiones más genuinas de lo popular y lo colectivo.
Cuando hablamos de emancipador lo decimos en el sentido de emanciparse de la dominación, la hegemonía, la subalternidad , la alteridad y de la “otredad”, “ De esta manera estamos circulando alrededor del signo “otro” como una construcción ideológica que sirve para mantener, acentuar y exasperar las vivencias de las diferentes situaciones de “otredad” en relación al trabajo, a la “raza” al “genero” y en la vida cotidiana, que ha sido un medio extremadamente eficaz para mantener el control del poder por parte de lo que excluye, diferencia, margina, etc.
Desde esa perspectiva, estos fenómenos son los nuevos disparadores y el nuevo semillero de la militancia y el compromiso político de los jóvenes, de la mujer, de las “minorías sociales” y de todos aquellos que quieren reclamar sus derechos legítimos.
El movimiento en estos tiempos, se presenta como reclamo social y luego va ocupando el espacio político ante la falta de una partidocracia que lo contenga, porque se tiene claro que para toda intención de construcción de poder político. el lugar de construcción es el colectivo social que supera el sistema político tradicional de asistencia y de transitoriedad del espacio personal.
Las etapas históricas en general siempre fueron de mayor inclusión y justicia; es más de inclusión que de lucha de clases (otro hecho social, genéricamente hablando que determina una singularidad política ante la opresión y la injusticia), como se concebía en la década del sesenta y el setenta en los sectores progresistas o de vanguardia, sobre todo aquellos que tomaban una posición neo marxista; a nuestro criterio con categorías de colonialidad contraproducentes.
Desconociendo o no considerando nuestra historia mestiza donde prevalece la lucha por la igualdad socio-cultural y en contra de toda opresión y no en las categorías de la plusvalía como eje de reversión de un estado social.
En este tema nos inspira un análisis certero que nos acerca a comprender la dinámica política de los pueblos latinoamericanos, y es el Ernesto Laclau, cuando nos habla de la creación de significantes desde lo popular que va al camino de un sentido de unidad y construcción de un significado emancipador en el colectivo popular. Este significado comienza a tener una equivalencia de sentidos con los significantes, al respecto este pensador señala” Volvamos a la distinción establecida ´previamente entre demandas democráticas y populares. Ya sabemos algo acerca de las últimas; ellas presuponen, para su constitución, la equivalencia de una pluralidad de demandas. Pero por sobre las demandas democráticas hemos hablado muy poco: lo único que sabemos es que permanecen aisladas. Sin embargo Aisladas de qué? Solo con respecto al proceso equivalencial. Pero este no es una aislamiento monódico, ya que sabemos que si una demanda no entra en relectura en relación equivalencial, es porque es una demanda satisfecha.”
Redefinimos de esta manera otra hegemonía, que está anclada en el espacio popular y que también percibimos su vigencia en el hoy político, por el déficit de la representatividad electoral de la democracia liberal con las mayorías, dado que no alcanza a cubrir las expectativas de los reclamos o reivindicaciones.
Sobre esta idea podemos decir que los significantes en América latina son una investigación que tenemos que realizar y es donde vamos a encontrar diferencias y singularidades en lo que hace a la representatividad, en este caso con la comprensión de la categoría: democracia representativa.
Porque si partimos de la premisa que: debemos tener en cuenta ante todo el contexto socio. Histórico en el fenómeno social, en América latina podemos afirmar que es un contexto desde los inicios y prácticamente hasta hoy de colonialismo, neocolonialismo, dependencia. Con un subrayado común, “la opresión”, por lo cual el sentimiento de libertad es el eje dinámico de las luchas y reclamos.
Esto implica que la categoría en la democracia representativa es sustancialmente de liberación de un estado de cosas, es la lucha por el poder, sin límites ideológicos estereotipados muchas veces.
Se han desarrollado algunos movimientos de liberación a partir de una línea ideológica, pero también podemos decir que en su mayoría fracasaron con la excepción de Cuba, y un momento de Nicaragua.
Los significantes se llenan de contenidos buscando un significado de emancipación, de liberación y de soberanía más que de lucha de clases.
Este eje es absolutamente predominante en la historia política de nuestra América latina.
Podemos definir entonces que el “movimiento social” son contrarespuestas novedosas a la existencia de tipos de apropiación del poder político por parte de las elites reaccionarias y antipopulares.
Otras de las categorías novedosas a considerar para su análisis y para su reflexión es el fenómeno emergente de “la protesta pública”, que significa otra expresión social emergente en el espacio público, con variados reclamos y mecanismos de expresión o representatividad que exigen sectores de la sociedad involucrados en un conflicto social.
En términos políticos podemos decir que en el territorio y el contexto social, las diferentes necesidades construyen esta pluralidad de protestas, dándole al mismo una plasticidad y una extensión que rompe las fronteras y los límites, ya sea desde el punto de vista territorial o del espacio ideológico.
Sin embargo hoy, la protesta pública en su aspecto cuantitativo puede perder peso pero su cualidad comienza a valer en la emergencia enfática de su reclamo como eje activo de la atención de toda la sociedad, comunidad o sector social.
Desde lo popular estos fenómenos son un signo de que hoy existe una integración fenomenal reflejada en la movilidad territorial que surge desde esa América Profunda, apareciendo nuevamente una conciencia de emancipación, diluyendo los límites e integrando culturas, los sectores y las expectativas.
Es importante, entonces, señalar que en muchos lugares de América se producen conductas sociopolíticas similares.
Señalamos estos fenómenos porque el movimiento social y la protesta comenzaron a orientarse a demostrar otra forma de participación pública. Con contenidos creativos donde podemos conocer esa fusión socio-cultural que adopta formas singulares de expresión.
Queremos aclarar con referencia a las protestas, que las mismas abarcan un arco múltiple de matices, ya que son los diferentes sectores del arco social que pueden reaccionar ante los hechos que ponen en peligro lo que ellos consideran sus intereses o derechos, sean en pro o en contra de los gobiernos sean del signo que sean.
Estas protestas cuando continúan pueden dar nacimiento a un movimiento social “novedoso”, por ejemplo, el pionero y singular movimiento social de las Madres de Plaza de Mayo, nacido en épocas de la dictadura genocida argentina, que inclusive comienzan a redefinir el programa de los partidos políticos o la gestión de gobierno.
Cuando vemos una protesta pública quedamos asombrados como las reivindicaciones que allí se reclaman superan el marco de lo pensado por el dirigente político o las vanguardias “esclarecidas” y también por el analista o cientista político muchas veces.
Podemos señalar que una gran parte de la novedades se generan en el marco de ser protagonistas los latinoamericanos por ser mestizos, que contienen sumas de saberes que han incorporado través de los siglos pero así también de los ejes básicos de defender lo americano, que significa en este caso no a la opresión, no a la injusticia, no al racismo y muchos contienen el significado de la libertad como categoría sublime.
Destacaremos otro fenómeno que ha sufrido procesos singulares desde el lugar del poder neoliberal, y es la estrategia del “mensaje anti político” que intenta darse desde sus medios de información, para llegar al “boca a boca”, sobre todo absorbido por los sectores medios de la sociedad nacional o latinoamericana.
Dicha estrategia se elabora, como lo estamos señalando, desde posiciones dominantes; aun cuando esa herramienta se reclama y exige como uno de los modos de participación propuestos en la praxis política del conjunto social, que incluso se explica, como sustento concreto y necesario de la verdadera democracia.
Sin embargo en estos casos no se responde a este principio liberal, racional y “civilizado” que durante tanto tiempo enarboló esa misma clase o sector social dominante.
Es importante enfatizar en estas operaciones, porqué de algún modo señalan el verdadero sentido de los sentidos políticos.
Ante este actuar, las respuestas son dinámicas y cambiantes, novedosas e imprevisibles.
Pero el mestizaje, como sustento de identidad, ha llegado a todo el arco social , porque es importante señalar una flagrante contradicción ideológica con el destino histórico revolucionario y transformador que tenía la política para la clase media o burguesa en la Europa del siglo XVIII y en relación a América donde se redefine inversamente , muchas veces este destino socio-político es anti transformador y retrógrado, sostenido en el sentido de pensar en una sociedad “ espejo” creando una conducta social imaginaria que la acerque a un poder también imaginario; con la característica singular que muchas veces perjudica sus propios intereses como “clase” o sector.
En este caso merece mencionarse que el fracaso de lograr una sociedad espejo por parte de los sectores del privilegio los condujo al fracaso del ejercicio del poder sustentable, y esto es debido a que en la sociedad tiene vivencias propias que escapan a una “falsa conciencia” y a un falso imaginario.
Lo referido anteriormente también tiene mucho que ver con el proceso de mestización de paradigmas, de valores, expectativas e ideologías en el seno de la sociedad americana. El camino es encontrar y comprender sus sentidos
En este escenario, donde América juega y jugó un rol fundamental en el desarrollo de los países comprometidos con la cultura moderno-occidental, sobre todo cuando la misma pone en riesgo el poder económico y cultural de nuestra naciones . Se ve claramente en sus discursos, relatos, y advertencias de ingobernabilidades apocalípticas, de injusticia institucional, miedos insolucionables y... ¡Autoritarismo!; tácticas típicas de estos sectores, ya que son los padres de estas metodologías, sobre todo en nuestro continente.
El desconocimiento de la historia de las respuestas emancipadoras es el punto donde debemos hacer hincapié, sobre todo en el ámbito de los sectores medios.
Decimos estos porque estas capas sociales son las que en su subjetividad carecen y necesitan de saber su identidad.
Y la identidad como lo señalamos anteriormente es que somos una dinámica identataria nueva (de hace 500) que tuvo como eje la mestización.
Esto es una cuestión que debemos ser conscientes para oponerse a la dirección de una intencionalidad política que busca generar ignorancia y antiprédica a un pensamiento y una actitud crítica.
Desde alli le damos valor a lo mestizo que es un camino de coincidencia y de análisis de muchos fenómenos que hemos señalado.
Sabemos que existen otras categorías a analizar (Democracia, representatividad, estado, estado-nación república, alianza de clases, caudillismo. liderazgo, rebelión, lo nacional y popular, lo liberal conservador, la misión cristiana, la cuestión masónica), íntimamente relacionadas con lo expresado anteriormente, otras realidades que se deben tener en cuenta, porque son también parte de nuestra realidad socio-política; como así también los efectos de la globalización neoliberal en nuestro continente y el mundo.
Pero en otro congreso lo abordaremos.


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