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May
11

Orígenes del pensamiento identatario latinoamericano, (1800-1950)

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Trabajo por el cual , el Lic. Daniel Armando López obtuvo la “Diplomatura Superior en Pensamiento Latinoamericano y Caribeño”,   por parte del Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (CLACSO)

 

Título: Orígenes del pensamiento identatario latinoamericano, (1800-1950)

Autor: Daniel Armando López
Breve Curriculum: Antropólogo, (UBA), miembro investigador de la Fundación Saltamerica (www. saltamerica.org.ar), en la Pcia. de Salta-Argentina, su temática de investigación es fundamentalmente Identidad y mestizaje en América Latina. En su haber hay varias publicaciones que lo avalan en Argentina, Italia, EE.UU en revistas especializadas , como así también en innumerables congresos donde a ha participado como asistente o ponente en El Salvador, Lima, Ecuador, México, Costa Rica, Brasil, Argentina, Italia, Túnez, Viena.
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Resumen:
A los americanos nos genera una de las mayores expectativas, saber cuáles son los valores que integran una identidad, en nuestro caso la latinoamericana, como así también si existe la posibilidad de debatir sobre la validez de pensar una identidad y cuáles son las consecuencias, al menos ideológicas y políticas, para el futuro de “Nuestra América”.
En este trabajo, nos proponemos considerar como se comienza a construir desde el punto de vista conceptual la identidad americana, reflexiones que comienzan en una determinada época (siglo XIX) en forma intensa , dada por las condiciones históricas-políticas, que implica la pregunta : ¿ quiénes y que somos los americanos?.
Vamos a referirnos brevemente , a cual es el origen de “lo americano” cuyo comienzo ( Siglo XVI) nos da una clara idea que América latina, al menos, tiene un perfil socio-cultural propio y singular no atado a tradiciones culturales, filosóficas o ideológicas, ya que va haciendo emerger acontecimientos y saberes que así lo confirman.
En este ensayo también vamos a referirnos el pensamiento sobre América durante el Siglo XIX y primera mitad del XX; ello lo hacemos porque estamos persuadidos que en ese tiempo, (150 años), se dio la génesis de un pensamiento que va a comenzar a configurar la idea de una posible identidad latinoamericana.
Esta identidad americana, se nutre de algunas variables que emergen y son fundamentales para reflexionar y debatir, para lo que nos proponemos indagar las mismas; ellas son: Colonización, etnias, mestizaje, liberación, alteridad, positivismo y nacionalismo en sus diferentes emergentes.
Palabras Claves: identidad, colonialismo, mestizaje, unidad americana, liberación
Orígenes de la idea de identidad latinoamericana (1800-1950)
“No me entierro en un particularismo estrecho. Pero tampoco quiero perderme en un universalismo descarnado. Hay dos maneras de perderse: por segregación amurallada en lo particular o por disolución en lo “universal”. Mi concepción de lo universal es la de un universal depositario de todo lo particular, depositario de todos los particulares, profundización y coexistencia de todos los particulares.” Aimé Cesarie
Índice
Introducción
Identidad y tradición
Identidad e indigenismo
Identidad y mestizaje
Identidad y Nacionalismo
Identidad y emancipación

Orígenes de la idea de identidad

Simón Bolívar (1783-1830) Venezolano
Andrés Bello (1781-1865) Venezolano
Juan B. Alberdi (1810-1884) Argentino
Domingo F. Sarmiento (1811-1888) Argentino
Francisco Bilbao (1823-1865) Chileno
Eugenio M. de Hostos (1839-1903) Puertorriqueño
José Martí (1853-1895) Cubano
José Vasconcelos (1881-1959) Mexicano
Franz Tamayo (1878-1946) Boliviano
Alfonso Reyes (1889-1959) Mexicano
José Enrique Rodo (1871-1917) Uruguayo
Carlos Mariátegui (1894-1930) Peruano
Manuel Ugarte (1878-1951) Argentino
Raúl Haya de Latorre (1895-1979) Peruano

Introducción
Los latinoamericanos somos casi 600.000.000 de habitantes, solo un 10 por ciento reconoce su origen en etnias originarias indígenas.
Y el resto qué somos?. O mejor dicho, quiénes somos.
Esta pregunta, este interrogante, depara cuestiones vitales, socialmente hablando, en nuestra historia y para nuestro futuro.
Saber que identidad los latinoamericanos estamos construyendo, o si la estamos construyendo realmente, es por donde podemos encontrar la respuesta.
En este ensayo, queremos destacar la importancia que alcanza la idea de una identidad latinoamericana. Sobre todo porque comienza en el origen de nuestras independencias, como así también algunos interrogantes, que nosotros consideraremos críticamente y que hay en algunas reflexiones o conceptualizaciones de algunos de aquellos pensadores.
En este trabajo, vamos a reflexionar sobre los orígenes de la idea de “Identidad colectiva latinoamericana”, que comienzan sustancialmente a principios de Siglo XIX con Simón Bolívar, Andrés Bello y Francisco Bilbao hasta la primera mitad del siglo XIX, donde podríamos definir esta etapa, como la de las independencias fundantes. Luego llega la etapa del nacimiento y la organización de los estados-nación, que llega hasta comienzo del siglo XX, y luego consideraremos la etapa de “los emergentes nacionales de masas”.
¿Por qué elegimos esta etapa o esta fracción del tiempo histórico latinoamericano?
Lo elegimos porque creemos que cuando comienzan las independencias americanas y luego su correlato en la construcción de los estados nación, es cuando se comienza a definir las debilidades y las fortalezas como americanos que nos separa de nuestros colonizadores vencidos o a vencer en el campo del discurso, en la perspectiva de nuestro ensayo.
Estas reflexiones sobre “el americanismo”, es donde no se tuvo claro la necesidad de inaugurar una idea de identidad en el sentido de lo que entendemos hoy. Las mismas están alimentadas e interpeladas por intereses concretos y acontecimientos fundantes, en lo que podemos denominar “la Nueva América”; donde lo mestizo americano hibridiza nuevas experiencias históricas, sociales, políticas, etc.
En principio sustentamos la hipótesis: que una América latinoamericana, implica el reconocer un colectivo social y formas nuevas que emergieron en el pensamiento de algunos intelectuales o políticos en esas primeras etapas independentistas y organizativas.
Se comienza a definir cómo debe ser una nación en relación a las otras naciones, qué amenazas enfrentar y qué lugar ocupa en nuestro continente la idea de lo que podemos señalar como un “antiamericanismo”, en lo que hace a lo propio y característico que nos identifica.
Podemos afirmar entonces, que este período es fundante en la búsqueda de una definición de Latinoamérica. En la mayoría de los casos será una identidad nacional pero también están los que piensan en una identidad colectiva latinoamericana o suramericana en forma de “Unión”, como consecuencia, generalmente, de aquella identidad nacional buscada.
Esta búsqueda no es gratuita, dado que quienes la piensan, consideran que es una herramienta de autodeterminación, soberanía, emancipación , libertad o de progreso en el caso de los positivistas que pensaron una América republicana con estructura liberal.
Podemos decir que en esta perspectiva y en el tiempo que estamos analizando, son menos los positivistas en sentido clásico que los liberales en sentido puro. Aquellos pensaron sociedades americanas espejos de Europa o de EEUU; los de inspiración liberal o socialistas el eje de su búsqueda es un colectivo americano, que serán las herramientas en este caso para pensar una identidad colectiva que reclama la unión de los pueblos frente a los enemigos balcanizantes y hegemónicos.
Varios pensadores propusieron cuales eran las fuentes de nuestra identidad y cómo debe ser la construcción para lograr una “cultura de pertenencia” latinoamericana, con sus consecuencias políticas, sociales, económicas, filosóficas y hasta existenciales. Podríamos señalar, otros quedaron anclados en una ideología de lograr definir una identidad nacional sin proyectar la idea de pensar y reflexionar el alcance a nivel continental de una identidad colectiva posible.
Este trabajo no pretende conclusiones definitivas, pero sí abrir puertas de reflexión a partir de enunciados o propuestas de muchos pensadores; muchos comprometidos políticamente con el fortalecimiento de unidad colectiva americana, realizando en aquellas etapas fundamentales, propuestas para abrir caminos de una “conciencia latinoamericana”.
También acompañando las reflexiones de nuestros hermanos intelectuales americanos, trataremos de generar algunas reflexiones propias respecto a estos caminos.
Pensar la identidad latinoamericana, es pensar- por definición semántica- una búsqueda de nuestros orígenes colectivos y cómo se va construyendo en el presente.
Por ello, primeramente, debemos indagar cuáles son nuestros orígenes ideológicos, quiénes lo representan y por qué ocurre?
Esta pregunta no es nueva, pero valiosa permanentemente, ya que se hace y se ha hecho por la interpelación continua que nos hace la realidad americana. Desde preguntarnos qué es ser americano y/o latinoamericano, en este caso, hasta qué valor e importancia tiene reflexionar esta ontología, y por consecuencia, si es válido este ejercicio intelectual para pensar hacia dónde vamos los latinoamericanos.
También vamos a señalar si es posible pensar una identidad (pertenencia); si existe una construcción de valores colectivos y para qué sirven, sobre todo en el logro de la emancipación y la liberación de los pueblos.
Hablamos de emancipación y soberanía, porque estamos persuadidos que la historia de América es una historia por la libertad y la inclusión.
No es tema de este trabajo hablar sobre América y el mundo, pero sí , no podemos desconocer que América es a través de su relación con el mundo. Y en esa relación es donde aparece enfáticamente la lucha permanente por la liberación y la autodeterminación de sus pueblos ante las amenazas disolventes, algunas concretadas, que vive permanentemente.
Por lo tanto, vamos a recorrer en principio algunos autores que consideramos como los originarios en la reflexión sobre América y su destino, que abrieron caminos, definiciones y orientaciones.
Este ejercicio, también se da contemporáneamente y cada vez más intenso; pero estamos persuadidos que podemos vincularlos de alguna forma con los primeros que pensaron América como una unidad de objetivos políticos, sobre todo, logrados o a lograr.
Algunas respuestas emergerán en algunos discursos que citaremos en el contexto de este ensayo, incluso como algunas ideas centrales para esta pregunta.
Estas consideraciones, pretenden llegar al lector para que abarque posteriormente al pensador y saque sus propias conclusiones.
Sabemos que el tema de la identidad latinoamericana, es motivo de debates y controversias; pero ese es el desafío de su abordaje, dado que si no sabemos qué somos o desde dónde venimos construyendo identidad los americanos, definitivamente se hace muy difícil saber hacia dónde vamos como comunidad colectiva. Incluso como naciones en su destino histórico de ser hombres libres y solidarios.
Desconocer nuestros orígenes, es de alguna manera, desconocer nuestro futuro.
Y esto constituye una profunda preocupación.

Identidad y Tradición:
Respecto la identidad y su relación con la tradición, es un tema que debemos abordar ineludiblemente.
Existe una corriente nacida en Europa, que elabora la idea de identidad como una idea estática, ya que su definición se concreta en la recuperación de los orígenes culturales. En un sentido antropológico, lo que implica que la identidad es recuperar raíces.
Nos dice Fidel Molina Luque al respecto:”...se puede hablar de la creación de una “ilusión identataria” (Bayart, 1996) 88 y sg. , A partir de los procesos de invención de la tradición que son los que definen lo “auténtico” en lo que se basa la identidad” .
Pero agrega otra posibilidad de construir una identidad, cuando señala “la identidad es un constructo elaborado en relación a los límites o fronteras entre grupos que entran en contacto. No deja de ser, en este sentido, una manifestación relacional, de interacciones. En esta línea, los límites identatarios han acabado siendo límites de identidades culturales y fronteras de identidades “Nacionales”...” .
Respecto a que la identidad y su conceptualización se sostiene en la tradición, en las raíces, es una hipótesis, nada más errada cuando de América latina se trata, por la pluriculturalidad que presenta desde sus etnias originarias hasta los diferentes aportes de las migraciones que llegaron al continente y que en este momento continúan en forma intensa con las migraciones internas dentro del propio continente.
América Latina, ya por definición no es una América indígena solamente, sino una América que se transforma y modifica históricamente y por consecuencia en la construcción de su identidad.
También debemos considerar que el proceso colonial latinoamericano, es en sí mismo, un proceso absolutamente inédito a otros procesos coloniales de otros continentes, donde sólo existía la intención de sojuzgar, explotar o eliminar al sujeto social colonizado.
Podemos señalar procesos desde la modernidad europea que ejemplifican estas realidades, la colonización de África, o Asia,- sobre todo la India-, o los continentes de Oceanía y también Islas como Ceylán, Indonesia, Tailandia o Filipinas.
Por lo tanto, la tradición, buscando en ella la identidad de América latina queda vacía de sentido, porque la misma, comienza a construirse en las relaciones coloniales, posteriormente neocoloniales o neo imperialistas y hoy dentro de la globalización hegemónica ,dentro de las cuestiones económicas, políticas, sociales, religiosas, generando formas nuevas, novedosas y creativas.
En un trazo rápido, podemos decir que existen 6 momentos claves en la dinámica de la identidad e identidades en América latina:
La América pre colonial antes del Siglo XVI
La Colonización hispano- lusitana (Siglo XV-XVIII)
La Migración forzosa Africana subsahariana ( Esclavos) (Siglo XVI –XVIII)
Los movimientos independentistas y los nacimientos de estados naciones (Siglo XIX)
La migración voluntaria de los siglos XIX y XX en la Suramérica Templada
Y en la actualidad, las migraciones internas intra e internacionales dentro del propio continente. (Siglo XX y XXI).
Es evidente, que todos estos acontecimientos fueron y son de una masividad social extraordinaria en el orden cuantitativo y por consecuencia, con una dinámica socio-cultural cualitativa de grandes significantes.
Cabe destacar, que hemos insertado un momento que si bien nos es significativo en el orden de flujo y la fusión migratoria, tiene mucho valor en la fusión, hibridación o mestizaje (en sentido amplio) ideológico, como son los tiempos de las independencias y la creación de los estados- nación. Incluso es donde la nace la conceptualización de una América Nueva.
Estamos hablando de la fusión de las ideas liberales de la revolución francesa y la fusión de las mismas, con las ideas criollas de la América (muchas de ellas conservadoras y/o reaccionarias).
Es importante destacar en este nivel, que esta fusión en términos generales, produce un mestizaje que tiene como consecuencia un liberalismo-conservador en las élites minoritarias.
En relación a la Europa de aquellos tiempos liberal y conservador, eran modelos contradictorios y excluyentes; sin embargo en América generan esta nueva forma socio-política.

La Dinámica identataria latinoamericana
El fenómeno de la construcción de una identidad en Latinoamérica es absolutamente dinámica y trasformadora.
Esto lo señalamos, ocurriendo en el marco de cualquier región o Nación del continente.
Al respecto, podemos agregar que todo análisis o investigación social sobre América, “la cuestión identataria” (Pertenencia y saberes propios), debe contenerlo en su epistemología.
Pero para ello, debemos considerar algunos puntos de vista que los especialistas tienen con respecto al concepto de identidad.
Para eso, traemos las reflexiones del trabajo de Fidel Molina Luque (“Educación, Multiculturalismo e identidad”)
Molina Luque reflexiona y nos dice “ las identidades se construyen a través de un proceso de individualización por los propios actores para los que son fuente de sentido (Giggen, 1995) y aunque se puedan originar en las instituciones dominantes, sólo lo son, si los actores sociales las interiorizan y sobre esto último construyen un sentido ... las identidades definidas como proceso de construcción del sentido como atributo o conjunto de atributos culturales (organizado dicho sentido, entendido como la identificación simbólica que realiza un actor social del objetivo de su acción)....la identidad social nunca es unilateral, necesita de interacciones este sentido tanto las identidades sociales individuales como colectivas pueden ser comprendidas utilizando un modelo dialéctico -procesual, externo e interno... aunque la construcción de la identidad sea un proceso, ello no implica necesariamente una secuencia, sino que hay dimensiones simultaneas según vayan dando la práctica social, es lo que Jenkins denomina “momentos de identificación” y le permite asegurar que en este modelo dialectico el foco está sobre la síntesis...”
Respecto a la categoría analítica “síntesis”, podemos señalar como lo destaca Raúl Pérez Alcoreza, que nuestros procesos sociales en América latina , si bien son relacionales, dinámicos y transformadores, no son una reducción sintética, sino una suma de fenómenos, (acontecimientos) que van dando sentido en nuestro caso a una posible identidad Latinoamericana.
Al respecto Raúl Pérez Alcoreza nos dice en su notable trabajo: “Epistemología, pluralismo y descolonización”, “…El saber descolonial constituye un ejercicio intelectual de obtención de un saber “soberano” , dentro de otras teorías epistemológicas que se oponen a las producidas por “la academia racionalista, positivista, evolucionista que pretende un camino único del pensar investigativo” . A ello podemos agregar en primer lugar, que este pensador boliviano se plantea un conocimiento (que a partir de ahora denominaremos “saber” plural y abierto, que nos dará la posibilidad de entender epistemologías pluralistas. Aquí es donde rescatamos la idea de Pérez Alcoreza cuando afirma que este tipo de diferencia es imposible representar en lo conceptual , ya que si se habla de síntesis, “…la idea de diferencia como condición humana se desnaturaliza, ya que esta se concreta en la historia y no en el pensamiento dialéctico” , como pretendía Hegel , por ejemplo.
También Immanuel Wallerstein señala en su trabajo “El moderno sistema mundial”: “... me vi inspirado por el Epigrama de T.J.G. Locher : “no se debe confundir totalidad con completitud. El todo es más que la suma de las partes, pero también es sin duda menos....”


Identidad e indigenismo
Es importante abordar esta relación socio-cultural en la construcción de una identidad americana ,dado que la mayoría de los pensadores o autores que pensaron nuestro orígenes socio-culturales, tienen presente el sustrato indígena, que si bien es significativo y absolutamente considerable la recuperación de sus derechos -, a partir de recuperar todo lo que se perdió en el campo de lo tangible y lo intangible de esas etnias -, en el continente americano, por la explotación , los genocidios, las epidemias y enfermedades que sufrieron al llegar los conquistadores en el Siglo XV y XVI. Luego, cuando se pone en marcha la colonización, sufren una disminución demográfica casi catastrófica, lo que implica que hoy son parte de una posible identidad en común y colectiva.
Es muy importante el peso identatario que dio “lo indígena” directa e indirectamente, en la fusión, la mezcla o el mestizaje, pero fueron fagocitados, en la mayoría de los casos, como bien lo señala Bolívar Echeverría”… En la historia de América latina, este fenómeno de mestizaje, este proceso de devorarse los códigos los unos a los otros es tal vez el fenómeno más característico. La fundación de América latina es en sí misma una fundación mestiza…”
Más allá de reconocer la situación de pérdida identataria y densidad étnica de los pueblos originarios, más allá de encontrarnos con momentos terribles de eliminación y genocidio indígenas, es importante destacar que, si no pensamos a los indígenas como americanos legítimos, como ciudadanos de 1°, como lo hizo Carlos Mariátegui cuando los incorporó a la nueva realidad de América latina dándole al “indio” la calidad de campesino, con derechos sobre la tierra y con derechos para explotarlas , destacando al mismo tiempo la explotación y el saqueo que habían vivido y que estaban en muchos casos viviendo y agregamos : viven ; por la razón,- nos señala Mariátegui-, de estar incorporados a un sistema de explotación capitalista que en este caso vamos a denominar capitalismo colonial americano aún vigente en muchas regiones del continente.
Podemos señalar que, durante toda la colonización y hasta hoy, el indígena latinoamericano en general brega y lucha por participar y ser incluido en un proyecto nacional de justicia social y de derechos para todos y autodeterminación.
Y si fuéramos a las fuentes, los territorios no institucionalizados de muchos pueblos y etnias indígenas y por qué no de otras, arraigadas en el continente, como los africanos subsaharianos, reconocen en América latina territorios “propios”, que van más allá de un país o una región.
Este fenómeno es uno de los más interesantes para pensar en una identidad Latinoamérica o americana, incluyendo en este caso América del Norte también, ya que los pueblos indígenas y de otros orígenes, pero hoy americanos, se enlazan en un significado de reconocimiento transnacional latinoamericanos.
Casos son muchos, cabe destacar los de origen náhuatl en México y Guatemala, o los de origen maya que va más allá de México llegando a Guatemala, Honduras y el Salvador.
También podemos señalar los pueblos andinos, ya sean Aimaras, Quechuas que se reúnen en un amplio espectro de comunidades en la región andina ocupando varios países: Ecuador, Colombia, Perú, Bolivia, el norte de Chile y el Noroeste de Argentina.
Y tenemos que destacar la etnia más importante en lo que hace a desplazamiento territorial como es el caso de los Pueblos Tupi-Guaraníes, donde prácticamente los encontramos en toda Suramérica y parte de América Central e insular.
No nos olvidemos de los hermanos araucanos que hoy se encuentran en Chile y Argentina.
Esta es la importancia más destacable en lo que hace a una perspectiva de identidad latinoamericana desde lo indígena. Esta situación étnica donde sus comunidades hacen prevalecer la cuestión cultural y su pertenencia, rompiendo los límites impuestos arbitrariamente en algún momento de la historia de América con la creación de los estados nación.
Podemos agregar, que a partir de la creación de los estados- nación, el genocidio indígena fue intenso y despiadado por voluntad política de las elites gobernantes.

IDENTIDAD Y MESTIZAJE
La cuestión de la identidad a través de lo aportado desde las etnias indígenas y su encuentro con los colonizadores, nos lleva inexorablemente al fenómeno más importante que ha vivido el Continente: el mestizaje o la fusión de culturas; algunos lo llamaran hibridación en una perspectiva crítica a la idea de mestizaje.
Al respecto García Canclini sostiene la idea de hibridación cultural para el proceso que vivió América latina y dice: “la construcción lingüística (Batjin, Bhaba) y social (Friedman; Hall; Papastergiadis) del concepto de hibridación, ha colaborado para salir de los discursos biologicistas y esencialistas de la identidad, la autenticidad y la pureza cultural. Contribuye a identificar y explicar múltiples alianzas fecundas. Por ejemplo del imaginario precolombino con el novohispano de los colonizadores y luego con el de las industrias culturales (Bernard, Gruzinski), de la estética popular con la de los turistas (De Grandis), de las culturas étnicas nacionales con las de las metrópolis (Bhabha), y con las instituciones globales (Harvey).Los pocos fragmentos escritos de una historia de hibridaciones han puesto en evidencia la productividad y el poder innovador de muchas mezclas interculturales...”
No entraremos en este caso a debatir sobre si es mestizaje o hibridación, lo que sí es evidente es la fusión, el encuentro, la fagocitación cultural, en muchos casos en este fenómeno de mezcla.
Sin embargo, el tema del mestizaje, nos da una idea de lo que significa para América y el tema de la identidad cultural americana, una definición muy general; nos señala que el “mestizaje es el encuentro biológico y cultural de etnias diferentes, en el que éstas se mezclan, dando origen a nuevas razas. Se utiliza con frecuencia este término para describir el proceso histórico sucedido en Iberoamérica que la llevó a su estado racial y cultural actual. En la historia de las naciones modernas, el mestizaje fue atravesado por numerosos factores, como el clima, las particularidades culturales de cada comunidad, u otros aspectos que provocaron que en diferentes regiones dentro de un mismo país, el mestizaje haya sucedido en diferentes ritmos y grados de profundidad. El ejemplo latinoamericano es notable, puesto que ejemplifica una mezcla étnica expandida por gran parte del territorio” (El subrayado es nuestro)
Por supuesto que los grupos indígenas fueron los más castigados en este acontecimiento, ya que la mayoría, como nos señala Bolívar Echeverría, fueron fagocitados por la cultura ibérico-europea en un principio, pero ello no quita que no pervivan y resurjan en el siglo XVIII con el barroco Americano en la región andina o en el oriente de lo que es hoy Brasil o en el México de aquellos años.
Aquí podríamos desarrollar lo que significó el barroco americano en la construcción de la identidad, pero por razones de economía de espacio y temática, sólo podemos señalar que el barroco americano, sobre todo en las regiones andinas o en centro América, recupera el valor indígena y revitaliza y resignifica “Lo barroco” como una expresividad emergente vital y propia; lo que en Europa en ese momento histórico era la decadencia reflejada en los valores, el arte y las costumbres.
Cuando hablamos de mestizaje, estamos abarcando no solamente la versión interesada del “mestizaje biológico”, producida por la modernidad europea con sus clasificaciones y jerarquías como la única consecuencia del mestizaje para América latina, asentadas en ideas racistas y discriminatorias, desconociendo que el mestizaje es un fenómeno integral social, cultural político, económico, ideológico, filosófico en la historia de América a partir del Siglo XV.
Es un fenómeno integral y desde ahí, o mejor dicho, ahí es donde anida la dinámica esencial de la identidad del continente.
Reconocemos que este proceso, fue una suma de acontecimientos, que emergen por toda América y en diferentes momentos históricos, que es multisecuencial, que es multidiverso y polifacético. Pero también tenemos que reconocer que, de todos los acontecimientos de encuentro, han emergido consecuencias, situaciones y fenómenos que no podemos ignorar cuando estamos analizando el proceso histórico identatario americano.
El mestizaje en América, surgió de una situación colonial singular y propia; esta colonialidad particular hace de la misma una vivencia colectiva en toda América.
Esa relación colonial condiciona esta identidad, cuyas consecuencias por ser una colonización singular llena de contradicciones y llena de momentos socio-políticos claves; sobre todo porque descubre la situación singular de una América a dominar, explotar y por supuesto ponerla posteriormente en una condición de dependencia de los grupos hegemónicos de la centralidad europea y norteamericana en el siglo XX y XXI.
Por lo tanto, colonialidad y mestizaje es una dimensión que atraviesa todos los valores culturales y podríamos decir, todos los acontecimientos históricos.
Por lo cual, debemos tener la premisa que es muy difícil reducir a modelos analíticos preestablecidos lo que significa ser mestizo en “Nuestra América”, como así también, quien es más “americano original” en el continente.
He aquí la cuestión, y es por donde podemos pensar la cuestión americana y sus perspectivas futuras.
Cabe destacar que no estamos hablando del mestizo tratado en un tiempo o en un espacio determinado donde se lo clasifica o valoriza de distintas formas y maneras.
Por ejemplo, Helio Gallardo, sociólogo de origen peruano pero hoy en Costa Rica, nos habla que el mestizo en Costa Rica es quien atenta contra la emancipación de los pueblos originarios debido a que en la movilidad social, es un referente que se mueve en la comunidad, intentando tomar conductas sociales de los blancos instalados en la elite de la sociedad.
También tenemos el caso de Méjico, donde el mestizaje generará la idea de una raza cósmica, universal que dará América para el mundo, como señala Vasconcelos, reconociendo el fenómeno, pero clasificando a este estadio social como una realidad que necesita de una perfección, ya que existen los mestizos campesinos, indios, que deben ser educados y civilizados, para luego incorporados a esa raza cósmica salvífica para la humanidad que propone Vasconcelos. Pero ya lo vamos a desarrollar más a este autor, ya que lo señalamos como uno de los pioneros en lo que hace a definiciones respecto hacia dónde va la sociedad latinoamericana y cuál es su esencia.
Aunque lo más importante en su haber latinoamericanista, es el concepto de “mestizo” que elabora, reconociendo una realidad socio-cultural en Latinoamérica inapelable.
Nosotros hablamos entonces del mestizaje, como el fenómeno o mejor dicho el acontecimiento, - tomando la epistemología que propone Raúl Pérez Alcoreza-, que va apareciendo imprevistamente, que emerge sin pensar ni planificar, pero que consideramos constituye una categoría ontológica que alimenta la identidad del continente.
Pérez Alcoreza, habla del proceso histórico americano como una serie de acontecimientos en América, por su carácter imprevisto e ineludible y creativo, por lo cual lo debemos considerar como herramienta epistemológica en nuestras investigaciones sobre América y que debe ser percibida con epistemologías múltiples, por existir saberes múltiples que generan “el acontecimiento”.
Este filósofo Boliviano contemporáneo, a través de sus trabajos nos da cuenta de algunas particularidades, que debemos tener muy en cuenta cuando a “Nuestra América” pensamos o indagamos. A manera de ejemplo, traemos una consigna de su autoría que creemos fundamental para reflexionar, y en este caso para la búsqueda de una posible identidad o sentimiento de pertenencia colectiva. “...Una sumisión de las “identidades” a una identidad construida dentro de un modelo determinado, exterior a la lógica propia a esas identidades socio-culturales, para lograr una “verdad absoluta” es un fracaso epistemológico” .

Identidad y Nacionalismo
Si nosotros pretendemos acercarnos al sentimiento de pertenencia de una comunidad, en este caso la americana, estamos utilizando la categoría antropológica de la idea de identidad que Claude Levi Strauss consideró produce la necesaria conciencia imaginaria y simbólica para sentirse y pensar, quienes somos y cuáles son nuestros símbolos para representarlos. Es la vinculación de identidad con el sentimiento de pertenencia.
Podemos señalar enfáticamente que los americanos, nos quedamos rengos cuando hablamos de identidad nacional, ya que antes no sabemos el origen y la construcción de nuestra identidad americana, que es el escenario donde emerge ese sentimiento o categoría ideológica de nacionalidad.
Sería imposible pensarnos con una nacionalidad, si antes no nos pensamos como americanos y viceversa.
A propósito, y siguiendo el epigrama de Locher diríamos: No se debe confundir totalidad con complitud. La identidad latinoamericana es más que la suma de entidades nacionales, pero también es sin duda menos ya que se deben retroalimentarse de continuo.
La singularidad del proceso histórico de América, generó esta necesidad colectiva de llamarnos americanos. Esta idea emerge, podríamos decirlo, de muchos acontecimientos. En nuestro caso, en las reflexiones de muchos intelectuales, donde veremos el acontecimiento que nace como idea: el americanismo o la unión americana.
También es de destacar que, en varios casos, hasta nos han robado la idea de ¿qué es ser latinoamericano? Queriendo explicar que es un sinsentido querer serlo y nuestro destino debe ser llegar a otro estadío de civilización, cuya centralidad es la europeidad occidental nor atlántica.
Si nos sumergimos en la idea de identidad por un lado y por el otro la de identidad nacional, estamos generando un corsé. que interesadamente se ha construido durante siglos para que no se logre la fusión.
Las repúblicas, imaginadas y proyectadas por un pensamiento liberal, contienen la idea de división, de esfuerzo propio como comunidad nacional, y como consecuencia de desconocer al otro extranacional pero también americano.
Estas implicaciones, cuya intención es ideológica, deben ser eliminadas o por lo menos suspendidas en nuestro análisis.
Por qué decimos esto?, porque en muchos casos automáticamente cuando nacen las repúblicas latinoamericanas, nace la necesidad de definir y establecer un origen que se divorcia de un colectivo común y debilita la fuerza de una unión americana.
Muchos pensadores, comenzaron a pensar más allá de estas fronteras institucionales-políticas;
y esto tuvo una razón fundamental: la idea de una América que surge a partir de enfrentar nuevas formas de colonialismo, que definiríamos como neocolonialismo o dependencia, donde se deben oponer ideas de soberanía y autodeterminación. Como también de Unión y Solidaridad entre pueblos americanos.
Es entonces que surge la idea de “lo americano” fuertemente desde lo político, pero alimentada con otras perspectivas socio-culturales, señalando la necesaria unión de América, para hacer frente a los enemigos o expoliadores de nuestras riquezas y de nuestros valores luchando por el necesario reconocimiento de intereses y objetivos comunes entre americanos.
Desde allí se empieza a pensarse que es América y que es lo americano, que nos pertenece y a que pertenecemos.
Nos estamos refiriendo a la idea de una identidad que convoca a las mayorías populares del continente, y no las élites que quieren y construyen una identidad desde lo institucional forzada e interesada , que paradójicamente no es una identidad nacional, sino un modelo espejo de una imaginada Republica de carácter Noratlántico ( decimos de esta manera porque en los inicios de la modernidad Europa, primero Latina y luego anglo sajona para estas elites fueron el modelo a seguir, la estrategia ideológica del “espejo”, que hoy lo son los EEUU) .
Muchos son los próceres y mártires de nuestra historia, que darán cuenta de esta necesidad de ser americanos, Simón Bolívar decía en su Discurso de Angostura « Nosotros ni aun conservamos los vestigios de lo que fue en otro tiempo; no somos europeos, no somos indios, sino una especie media entre los aborígenes y los españoles. Americanos por nacimiento y europeos por derechos, nos hallamos en el conflicto de disputar a los naturales los títulos de posesión y de mantenernos en el país que nos vio nacer, contra la oposición de los invasores; así nuestro caso es el más extraordinario y complicado.»
José de San Martin dijo, “Estoy firmemente convencido que los males que afligen a los nuevos estados de América no dependen tanto de sus habitantes como de las constituciones que los rigen. Si los que se llaman legisladores en América hubieran tenido presente que a los pueblos no se les debe dar las mejores leyes, pero sí las mejores que sean apropiadas a su carácter, la situación de nuestro país sería diferente…”. A ello le agregamos otra reflexión Sanmartiniana "Tiempo ha que no me pertenezco a mí mismo, sino a la causa del continente americano”. Es importante destacar, que el discurso liberal o neoliberal balcanizante, dependiente, excluyente y hegemónico, comienza a aparecer formalmente en los orígenes del estado-Nación latinoamericana, que es también partícipe de una fusión singular con lo conservador o reaccionario, representado sobre todo, por los dueños de la tierra de origen criollo (Hijos de españoles).
Esta fusión, es una concepción del estado conservador-liberal, conservador dentro del continente, y liberal hacia afuera, tomando modelos de república de ese origen ideológico, donde se muestra claramente, que en América latina, también hay una identidad singular en lo que hace a las ideologías políticas de las elites oligárquicas, que se construyen de manera propia y siempre funcionales a poderes hegemónicos extra americanos; alejándose de las mayorías siempre populares y policulturales.
Con esos modelos, crecerá la idea de alteridad, del distanciamiento con el otro, justificando la marginación y el racismo, con argumentos y discursos falaces de superioridad en capacidad y comprensión de la realidad.

Los que pensaron la identidad de nuestra América: Orígenes
Comenzaremos con Andrés Bello (1781-1865 venezolano), donde podemos señalar que es el que abre la reflexión sobre América Latina como una totalidad. Destacamos de su obra estas reflexiones para que el lector vea el discurso de este pionero y lo que dice respecto a la América que nacía independiente”...Nuestra civilización será también juzgada por sus obras; y si se la ve copiar servilmente la europea aun en lo que esta no tiene de aplicable, ¿Cuál será el juicio que formará de nosotros, un Michelet, un Guizot? ...Dirán: la América no ha sacudido aún sus cadenas; se arrastra sobre nuestras huellas con los ojos vendados; no respira en sus obras un pensamiento propio, nada original, nada característico; remeda las formas de nuestra filosofía, y no se apropia su espíritu. Su civilización es una tanto exótica que no ha chupado todavía sus jugos a la tierra que la sostiene” .
El juicio sobre lo americano en el Discurso de la Angostura, el cual ya hemos citado, de nuestro Libertador Simón Bolívar, a nuestro entender, es la reflexión fundante de la necesaria búsqueda de una “identidad latinoamericana”.
Pero también debemos considerar algunos de sus pensamientos que alimentan el sentido pionero de un americanismo: “Una sola, debe ser la patria de todos los americanos, ya que en todo hemos tenido una perfecta unidad”
“Yo deseo más que otro alguno formar en América la más grande nación del mundo no por su extensión y riquezas que por su libertad y gloria”
El venezolano, abre el camino de pensar en qué consiste la “identidad americana”, a partir de una necesidad liberadora estratégica que implica, en principio, la necesidad que nos pensemos como americanos, perteneciendo a esta tierra donde están los indios, pero también los africanos y los criollos.
Un poco más en el tiempo, y pensando a América desde “un deber ser”, nos encontramos con el pensador y político Juan Bautista Alberdi (1810-1884 Argentino), que apela al desarrollo de una filosofía Americana con un perfil liberal pero potable a nuestro ideales.
Rescatamos de esa indagación filosófica que realiza Alberdi un “es”de América.
Nos dice que una filosofía americana existe y es necesaria cuando señala “enfáticamente” “Nuestra filosofía, pues, ha de salir de nuestras necesidades. Pues según estas necesidades, ¿cuáles son los problemas que la América, está llamada a establecer y resolver en estos momentos? Son los de la libertad, de los derechos y goces sociales de que el hombre puede disfrutare el más alto grado de orden social y político; son los de la organización pública más adecuada a las exigencias de la naturaleza perfectible del hombre, en el suelo americano.”
Francisco Bilbao (1823-1865 Chileno), acá debemos señalar como un discurso de inflexión lo producido por Bilbao quien nos habla, afirmando sobre el continente que hay que “Unificar el alma de América. Identificar su destino con el de la Republica”, porque hay que, “Salvar la independencia territorial y la iniciativa del mundo americano, amenazada por la invasión, por ejemplo de la Europa y por la división de los estados”
“Ha llegado el momento histórico de la unidad de la América del Sur: se abre la segunda campaña, que a la independencia conquistada, agregue la asociación de nuestro pueblos”
Es significantemente interesante, la necesidad que plantea Bilbao, de una unión americana y dejar de lado un tema muy caro al destino de América, la mezquindad e individualismo de las repúblicas en América ante las amenazas de balcanización como estrategia central política de las hegemonías neoimperiales sobre el continente.
Otro precursor, en la línea de Bilbao es José Martin Eugenio María de Hostos, (1839-1903 Puertorriqueño).
Quien también levanta la bandera de la unión Americana, la imaginará como la “Gran Colombia” parafraseando de alguna manera a Simón Bolívar.
Nos dirá, en un fragmento en ocasión de hablar sobre la batalla de Ayacucho, que marcó el fin del imperio hispánico en Sudamérica “…Y sin embargo, hoy, 9 de diciembre de 1870, cuarenta y seis años después de la batalla de América contra España, el triunfo de aquella batalla no es completo. El compromiso contraído en el campo de Ayacucho por todos los pueblos en él representados, no se ha cumplido todavía! Todavía no hay una confederación sudamericana! ¡Todavía hay pueblos americanos que combaten solitariamente contra España! ¡Todavía hay repúblicas desgarradas por las discordias civiles!! Todavía no tienen fuerza internacional las sociedades y los gobiernos colombianos!!Todavía no tienen no tiene fuerza internacional! Todavía puede un imperio atentar alevosamente contra México!! Todavía puede otro imperio destrozarnos impunemente al Paraguay!...
Vamos a retomar ahora, el pensamiento de José Martí (1853-1895), quien desde Cuba cerrando el siglo XIX, y pensando una América propia que llamará enfáticamente e inequívocamente “Nuestra América”, y que en esta ocasión nos hablará de los libros para leer y nutrirnos de un espíritu identatario propio.
Nosotros, hacemos extensivos a todos los pensadores sobre nuestra identidad; los de aquellas épocas y los actuales. Nos dice enfáticamente “De los libros honestos, piadosos y fortalecedores hablamos, que con espíritu americano, estudian problemas de América. No tanto de libros pomposos y retóricos, y de conocimientos abstractos y universales cuanto de sus otros concretos y beneméritos, escritos al calor de nuestro sol, y en el fragor de nuestras luchas generosas, sangrientas como todas las entrañas. Hablamos de los libros que recogen nuestras memorias, estudian nuestra composición, aconsejan el cuerdo empleo de nuestras fuerzas, fían en el definitivo establecimiento de un formidable y luciente país espiritual americano, y tienden a la saludable producción del hombre trabajador e independiente en un país pacífico, próspero y artístico. De tales libros hará la América su biblioteca”” .
Es indudable que esta dimensión de americanismo, Martí como Bolívar, la hacen desde el necesario pensar: una América libre y Justa para todos los hermanos latinoamericanos.
Luego, y contemporáneo a José Martí prácticamente, iremos hacia el pensamiento de José Vasconcelos, quien respecto a qué es América o quiénes somos los americanos, vehementemente destaca la esencia de lo latinoamericano en una América mestiza, y lo que ella significa. Nos dice al respecto en su obra esencial para nuestro tema La Raza Cósmica:”... Comienza a advertirse este mandato de la Historia en esa abundancia de amor que permitió a los españoles crear una raza nueva con el indio y con el negro prodigando la estirpe blanca a través del soldado que engendraba familia indígena y la cultura de occidente por medio de la doctrina y el ejemplo de los misioneros que pusieron al indio en condiciones de generar una nueva etapa, la etapa del mundo uno. La colonización española creo mestizaje; esto señala su carácter, fija su responsabilidad y define su porvenir.”
No queremos entrar en un análisis crítico desde nuestro tiempo; pensemos en su momento histórico, y rescatemos la idea de lo inevitable, una América que interpeló a Vasconcelos, y que lo llevó ideológicamente a expresar la idea de una “Raza Cósmica”, donde se empeña en afirmar que desde América, esa raza cósmica es hija del mestizaje. Superará las razas, las etnias y las civilizaciones hasta ese momento conocidas.
Vasconcelos, coloca a América en un lugar propio, que será parte del futuro promisorio que le espera a la humanidad, desde este continente por ese fenómeno de mestizaje.
Ese es el lugar que Vasconcelos en los principios del siglo XX, donde coloca en el destino socio-cultural de nuestra identidad: el mestizaje.
No podemos dejar de nombrar Domingo Faustino Sarmiento, ((1811-1888) Argentino, que en la búsqueda de un destino y su urgencia de definir qué tiene que ser Latinoamérica, propone un modelo que debe ser la esencia de nuestra identidad. Una sociedad capitalista, liberal y “civilizada”, tomando, sobre, todo el ejemplo socio-cultural de los EEUU.
Es importante destacar en este pensador Argentino, que la pretendida esencia como cultura y sociedad, debe buscarse en América del Norte.
Este pensador y político, también es interpelado por la realidad de una América que él cree tiene que evolucionar, cueste lo que cueste, pero que existe y es concreta; que está vigente y que es necesario transformar, y si es necesario eliminar. Lo que Sarmiento llamara “Barbarie”, que es el sentir y actuar de los pueblos, que él considera incivilizados pero existentes.
Lo importante, es destacar que el ve una América singular, teñida por la barbarie, (concepto acuñado en la esencia de la modernidad Europea), en el inmenso territorio de toda la América.
En este caso, vamos a transcribir un fragmento de su obra “Viajes por Europa, África y América 1845-1847”; libro que da cuenta de las vivencias de un viaje prolongado que realiza, donde, en lo que toca a EEUU expresa su admiración con esta nación.
Dirá este argentino “...La igualdades, pues absoluta en las costumbres i en las formas. Los grados de civilización o de riqueza no están expresados como entre nosotros por cortes especiales de vestido i. No hai chaqueta, ni poncho, sino un vestido común i hasta una rudeza común de modales que mantiene las apariencias de igualdad en la educación.
Pero aún no es esta la parte más característica de aquel pueblo: es su aptitud para apropiarse, jeneralizar, vulgarizar, conservar i perfeccionar todos los usos, instrumentos, procederes y auxilios que más adelantada civilización ha puesto en manos de los hombres. En esto los Estados Unidos son únicos en la tierra. No hai rutina invencible que demore por siglos la adopción de una mejora conocida; hai por el contrario una predisponían a adoptar todo....Un año después, en toda la Unión esta práctica. Id a hacer o a esperar cosa semejante en un siglo en España, Francia o en nuestra América...” (SIC).
Estas reflexiones, fueron la base de su proyecto educador, que puso en marcha en Argentina. Su vehemencia de crear escuelas y de esa manera, adquirir las nuevas formas culturales que nos daba una educación civilizadora inspirada en “el pragmatismo liberal” de los EEUU.
Llegamos a Bolivia, y por aquellos años, hasta mitad del siglo XX, nos inspira el pensamiento de Franz Tamayo, (1878-1946 Boliviano), poeta y pensador de su nación.El cual nos dice incisivamente, “No porque seamos un compuesto o un producto de diferentes elementos étnicos debemos o podemos aceptar que no existe, tratándose de nosotros, carácter nacional. Desde que hay Nación, esto es, desde que hay un grupo humano que permanece en la historia y genera en la naturaleza, dentro de un marco de condiciones especiales, propias y permanentes, entonces hay raza, y entonces, hay carácter nacional…” . Estas reflexiones, Tamayo las realiza desde la educación y su pedagogía en 1910, en su obra: “Creación de la Pedagogía nacional”.
También nos dice en la misma obra y hablando de “la Raza”,- concepto éste, que al igual que Vasconcelos y otros autores es comparable, a nuestro criterio, a la idea de una identidad propia sociocultural de un pueblo.
También queremos agregar a esta reflexión de Tamayo, que no es más que una en muchas consideraciones, que realiza en esta obra sustancial, como aportes a una idea de identidad propia. “...Tratando del conocimiento de nosotros mismos no hay ciencia europea que valga; somos un no es francesa ni otra sino boliviana. Ocuparse solamente de vicios propios y formulas ajenas es procedimiento estéril y negativo. De él no brotará jamás ni la vida ni nada. Algo vivo; descubrir nuestra ley de la vida...” .
En cualquier nación de “Nuestra América”, nace al igual que en Tamayo a principios del siglo XX el pensamiento necesario para informarnos que hay intelectuales, que definen conceptualmente nuestras singularidades, como realidades socio-culturales múltiples.
Dentro de estos tiempos: fines del Siglo XIX y mitad del siglo XIX, también llegamos a Carlos Mariátegui, (1894-1930), pensador y político Peruano, de la primera mitad del siglo XX, con su compromiso político, y produciendo una fusión de un pensamiento social que se acerca desde el marxismo como su base teórica con las realidades socio-culturales concretas indígenas. Desde allí, expresa sus reflexiones y conclusiones, para definir la situación del indio peruano y que lo denominará sociológicamente “campesino”; incorporándolo de esta manera a un medio de producción capitalista colonial.
Mariátegui , acuña también la idea movilizadora del pensamiento y el compromiso en América Latina, por la resolución revolucionaria de “la Cuestión Agraria”, nos habla de la posesión de la tierra ( Latifundios) por unos pocos blancos (criollos).Un modo de producción singular de nuestra América. Podemos señalar, que se puede hacer extensiva esta realidad explicada por Mariátegui a toda la América, y entonces podemos comprender situaciones esenciales para entender y definir América con esa categoría de explotación capitalista de la tierra, de explotación colonial o colonialidad de poder de la tierra, en palabras de Aníbal Quijano, por ejemplo.
La realidad del continente denunciada por el peruano, justifica la necesidad de llegar a una justicia social, que emerge de una situación de explotación y exclusión, que vive el indio-campesino, y que lo vincula dialécticamente al propietario de la tierra que es el latifundista, excluyente, explotador y hasta genocida en muchos casos.
Ese es el mérito de Mariátegui, señalar la cuestión agraria, y como consecuencia la inmensa riqueza de nuestro continente instalada en la tierra y sus productos. Esta relación construye también la identidad de un pueblo. Un americano debe pensarse en relación a la naturaleza y su explotación.
Nos habla Mariátegui, en un fragmento de su obra mayor “Siete ensayos de interpretación de la realidad Peruana”: “…Las expresiones de feudalidad sobreviviente son dos: Latifundio y servidumbre. Expresiones solidarias y consustanciales…” , cuyo análisis nos conduce a la conclusión, de que no se puede liquidar la servidumbre que pesa sobre la raza indígena, sin liquidar el latifundio.
Planteado así, el problema agrario del Perú no se presta a deformaciones equívocas. Aparece en toda su magnitud el problema económico-social,-y por lo tanto político-, del dominio americano sobre otros americanos. También agrega en otro fragmento “…el régimen de propiedad de la tierra, determina el régimen político y administrativo de toda nación. El problema agrario, que la república no ha podido hasta ahora resolver, domina todos los problemas de la nuestra. Sobre una economía semifeudal no pueden prosperar ni funcionar instituciones democráticas y liberales…”.
En México, en la primera mitad del Siglo XX, emerge otro hito de nuestra singularidad intelectual, es Alfonso Reyes (1889-1959), hombre de letras mexicano que dentro de su ámbito considera que América ha llegado a la mayoría de edad, para tener una inteligencia que comienza a florecer en forma independiente y soberana. “.. Hay choques de sangre, problemas de mestizaje, esfuerzos de adaptación y absorción, según las regiones , domina el tinte indio, el ibérico, el gris del mestizo, el blanco de la inmigración europea general, y aun vastas manchas del africano trisado en otros siglos a nuestro suelo por las antiguas administraciones coloniales. La gama admite todos los tonos .La laboriosa entraña de América va poco a poco mezclando esta sustancia heterogénea, y hoy por hoy, existe ya una humanidad americana característica, existe un espíritu americano, el actor o personaje, para nuestro argumento, viene aquí a ser la inteligencia.... la inteligencia americana está más avezada al aire de la calle; entre nosotros no hay, no puede haber torres de marfil...”.
Sumamos a Uruguay, donde se nos presenta Enrique Rodó y su “Ariel”, obra modernista donde también nos introduce en nuestra búsqueda de identidad, recogiendo la imagen de Ariel para diferenciarse de la sociedad norteamericana (Nordomania). Más allá de las críticas que podemos hacer, sobre todo cuando lo enfrenta con Calibán, que como bien señala Fernández Retamar: Calibán es la esencia de América, y no el modelo anglosajón como pretende Rodó. Sin embargo tiene una profunda convicción , la cual es , que nos separa otra naturaleza cultural a la que está al norte del rio Bravo y coloca a nuestra América en otro estadio, el dirá el de la idealidad de una América singular. Tomamos este mensaje que da cuenta de algo propio. Queremos dejar un pensamiento que creemos muy rico para el análisis. Rodo nos dice:” sólo somos progreso en cuanto lo somos de adaptar nuestros actos a condiciones cada vez más distantes de nosotros, en el espacio y el tiempo...” y a ello, vamos a agregar una reflexión que realiza en comparación implícita con el hombre de los EEUU cuando nos habla que somos lo nuevo y al respecto señala: “… que el tipo nuevo empieza por significar, apenas, diferencias individuales y aisladas ; los individualismos se organizan más tarde en variedad” , y por último, “…la variedad encuentra para propagarse un medio que la favorece, y entonces ella asciende quizá al rango específico: entonces, digámoslo con las palabras de quien el grupo se hace muchedumbre, y reina...”
Es conmovedora esta actitud, porque nuestra ansiedad por definir nuestra singularidad, nos desprende de la tradicional definición de identidad y tierra y nos lleva a valores espirituales que señala el intento de resignificar lo que da el mundo europeo; apropiarse y darle otros sentidos a lo que pretende ser un pensamiento único.
Es, en esta instancia, donde los latinoamericanos nos vamos ubicando como singulares, creativos. Imprevisibles para esa modernidad intelectual a partir de esta literatura ensayística de Rodo.
Al principio de Siglo, desde Argentina y durante toda la primera mitad del siglo XX, nos encontramos con Manuel Ugarte, un militante del americanismo, con perseverancia, con honestidad y con un compromiso que lo transforma en un grito sólido de liberación.
Ugarte se caracteriza por haber recorrido toda América; en su obra podemos encontrar diferentes testimonios ensayísticos y epistolares de su andar por el continente, en algunos episodios, acompañados por intelectuales o líderes populares (Ej., Augusto Cesar Sandino de Nicaragua), en otros, perseguido, y en algunos casos con riesgo de muerte.
Ugarte incorpora al pensamiento de la identidad americana, lo que va a llamar un “socialismo nacional”, que implicó incorporar a cualquier definición de identidad americana “la cuestión social”, presente e inmersa en los conflictos de Latinoamérica. De esta manera, comienza a transitar a través de su obra; que somos los latinoamericanos, y nos dirá: tomando un par de fragmentos-, “...Contenidas un instante, las ideas empiezan a salir por todos los poros de América y hablan por boca de otros espíritus que las hacen suyas. El hombre es un ínfimo detalle. Dura más una piedra del sendero. Los sentimientos colectivos no los crea un individuo. Podrá encenderse en una conciencia antes que en las otras, pero aunque el brote inicial se extinga, estalla el campo de colores. Siempre se impondrá el vigor de una América regenerada. No hay imperialismo, no hay conjunción de timideces que extirpe el instinto de conservación de cien millones de hombres. Los pueblo viven mientras tienen voluntad de vivir...”
También nos dice en 1903, “El porvenir de América del sur está en la confederación de los diferentes estados. La independencia de cada república está ligada con las demás, de suerte que si una perece, están amenazadas todas”.
La unidad americana es la obsesión de Ugarte, otro subrayado común con otros pensadores de los que hemos referenciado.
A Ugarte lo moviliza una idea fuerza fundamental: El colectivo americano enfrentando las consecuencias de la intervención imperialista.
50 años, hasta su muerte, vaticinando los peligros a que están expuestos nuestra libertad, nuestra autodeterminación, como pueblo americano.
En Perú, también se expresará en la misma dirección, Raúl Haya de la Torre y su APRA. Pero más allá de su opción política, es muy importante destacar el aporte epistemológico para pensar América, que nos hace este pensador y político.
De la Torre destaca, que en América Latina como así también en el resto en el mundo, lo que ocurre socio-políticamente se da en forma singular e imprevista, (Cuando nos referimos a imprevistas, queremos significar que no se dan dentro de una lógica preestablecida).
Porque, solo se puede pensar la realidad cultural y en particular la política en un espacio y un tiempo determinado.
La categoría de singularidad de la historia de América, se debe fundamentalmente a este pensador, que la destaca, jerarquiza y prioriza en el análisis o en el discurso.

La patria grande
Debemos tener conciencia clara, que ningún país de América latina será una nación libre si primero no acompaña a las otras naciones a serlo.
De esta manera fue, que nos introdujimos en reflexiones de algunos pensadores pioneros que plantearon la necesidad de una identidad colectiva americana. Identidad que nos lleve definitivamente a una emancipación y posterior soberanía y autodeterminación.
Muchos de los pensadores referidos, no tenían clara la necesidad de una identidad en esos términos y en esos tiempos, que de algún modo son categorías modernas. Pero, si se habló de una unión americana, y una necesidad de rescatar los valores comunes que tienen los países del continente que José Martí llamará para siempre “Nuestra América”.
Hoy, al analizarlos e investigarlos, podemos decir que implícitamente destacaban pertenencias comunes, y por consecuencia, en la perspectiva que lo estamos abordando identidades comunes.
Este periodo que hemos elegido de 150 años de historia del pensamiento latinoamericano es cuando emerge la necesidad de liberación, soberanías y pertenencias para caminar hacia un destino común, que tiene reservada la historia para nuestro continente.
De esta manera, llegamos a la relación vinculante-estratégica, que nos da identidad latinoamericana.
A través de los últimos 6 siglos, el proceso, en principio colonial, luego neocolonial, posteriormente neoimperial, se trata constantemente de que no se tenga una idea clara de nuestra identidad colectiva Latinoamérica o su posibilidad de construcción.
Es decir no tener una idea o un discurso y una memoria de nuestros padecimientos y sacrificios en común, ni tampoco la necesidad de dar respuestas en común.
Sin embargo, las ideas y las espadas se levantaron contra esta ideología traducida en acción política; a la que Bolívar, San Martin, Cesar Sandino, Emiliano Zapata, Benito Juárez, Mariátegui, Haya de la Torre, Eliecer Gaitán y tantos otros se opusieron, dentro de los 150 años que hemos abordado.
Razones para oponerse a las políticas liberales-positivistas son miles, pero todas tienen la intencionalidad de enfrentar y vencer la dependencia, la injusticia que ella produce; también la desarticulación de proyectos emancipadores que se construyeron y se construyen permanentemente.
La historia nos ha enseñado que la lógica de los pueblos es la integración, la inclusión y la participación en las decisiones .La americanidad es un valor intangible que se hace necesario para reconocernos y no dispersarnos tratando de explicar que nuestro origen es náhuatl, o Maya, o Guaraní, o Nigeriano o senegalés o español o italiano o Japonés o chino etc.
Indudablemente, si definiéramos nuestro origen desde esos lugares u otros que son múltiples en “Nuestra América”, como la identifica José Martí a nuestra Patria grande, caeríamos en una dispersión de lo americano, que por consecuencia, nos alejaría de otro americano.
Sin embargo, nuestro futuro está entrelazado de muchas maneras, pero una de las más singulares, es que la historia en América se construyó con nuestros ascendientes y se construye con nuestro actuar, ya sea en la lucha por la descolonización y la descolonialidad o por las emancipaciones con justicia y la igualdad social.
Queremos dejar claro, que estas dos categorías van de la mano, juntas, indisolubles e irremplazables en su relación. La fusión con el compromiso político con ellas nos dará un camino de emancipación posible.
La política, que es la herramienta de esa emancipación a lograr, esa soberanía a obtener y esa justicia social a practicar, demuestra claramente que no podemos abandonar en nuestro análisis sobre América latina, la idea de cómo se gana con la Unión y la solidaridad un espacio por un colectivo social, que representa las mayorías populares.
Las luchas, sus ideologías, su nacionalismo, su americanismo, sus resistencias, sus sacrificios, son el motor principal para un resultado atentatorio común o latinoamericano.
Cuando hablamos de Nacionalismo desde la identidad, debemos pensar en el nacionalismo de masas inaugurado históricamente en la primera mitad del siglo XX en varios países, al cual nos hemos referido nace como una novedosa respuesta política a las invasiones, los condicionamientos y los designios de las nuevas fuerzas imperiales que nacen. (Léase para América latina los EEUU e Inglaterra).
En América latina, como de alguna manera dicen los pensadores de la negritud como (Cesaire o Fanón), dirán que la historia de hace en América con todos, luchando de mil maneras, y de esa manera producir historias, nuestra historia. No tenemos una historia prestada, por lo tanto, tenemos la obligación de construirla.
Desconfiamos del relato de nuestra identidad inventada, como el caso de Perú, cuando nos hablan de modelos nacionales que están planificados en los sistemas de poder de las minorías.
Esa historia inventada de la identidad por la institucionalidad liberal conservadora, no tiene ningún sentido, porque es avasallada por la realidad cotidiana de los pueblos.
Nuestros pueblos, por sobre todas las cosas quieren tener una identidad penetrada por la libertad, la justicia social y la soberanía.
Respetando etnias, comunidades, que servirán para alimentar y enriquecer esa identidad colectiva que nos merecemos.
Siempre será necesario ampliar el concepto de Unidad latinoamericana, incorporados todos los pueblos originarios, legítimos dueños de una identidad por pertenencia, dignidad y derechos al “buen vivir”
Hay otras etnias o sectores sociales que también debe ser obligación de pensarlas integradas, los africanos subsaharianos, y las nuevas migraciones que llegaron a Nuestra América en el Siglo XIX y XX, como así también las que llegan internamente de otras regiones de un país a otra o de Países hermanos entre sí. Ese es nuestro compromiso primigenio.

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